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Después de que Oikawa saliera corriendo al baño y vomitara, Iwaizumi, preocupado, fue a buscarlo. Lo encontró apoyado en el lavamanos, tomando un poco de agua para enjuagarse la boca.

-Iwa-Chan, no es nada, de verdad. Solo algo que comí no me cayó bien.- Oikawa intentaba sonar despreocupado, pero su tono mandón se asomaba en su voz.

-Oikawa, no me tomes por tonto. Esto ya te ha pasado antes, y no es normal.- Iwaizumi lo miraba con preocupación, pero sabía que insistir demasiado haría que Oikawa se cerrara más.

-¡Te digo que estoy bien, Iwa-Chan! Deja de preocuparte tanto, ¿vale? Vamos a terminar de comer, no quiero que pienses que soy un débil o algo así.- Oikawa forzó una sonrisa y, aunque sabía que no estaba bien, no quería preocupar a Iwaizumi más de lo necesario.

Ambos regresaron a la mesa y terminaron su comida en silencio. Después de comer, dieron un paseo por la ciudad, pero Oikawa no podía dejar de pensar en lo que había pasado. Su estómago se sentía extraño, Y la ansiedad le empezaba a consumir. "¿Qué demonios me pasa?" se preguntaba a sí mismo, aunque en el fondo sabía que no era la primera vez que sentía algo así.

Iwaizumi notaba la incomodidad de Oikawa, pero no dijo nada, dándole su espacio.

Al llegar a casa, Oikawa fue el primero en entrar, descalzándose rápidamente. Iwaizumi, que aún estaba quitándose los zapatos en la entrada, no pudo evitar
preguntar una vez más.

-Oikawa, ¿de verdad estás bien?-
El tono en la voz de Iwaizumi era suave, pero cargado de preocupación.

Oikawa, que estaba cerca de perder la paciencia, respondió con un tono algo enojado.-¡Sí, te lo he dicho ya! Estoy perfectamente bien.

Con un brillo desafiante en los ojos, se acercó a Iwaizumi, sus manos alcanzando los hombros de su esposo.

-Te lo demostraré, Iwa-Chan, te mostraré lo bien que estoy...-

Antes de que Iwaizumi pudiera responder, Oikawa lo empujó suavemente contra la pared, sus labios encontrando los de él en un beso cargado de pasión y algo de frustración. Iwaizumi, aunque sorprendido por el repentino cambio en la actitud de Oikawa, no se resistió. En cambio, dejó que Oikawa tomara el control, sabiendo que a veces necesitaba liberar su ansiedad de esta manera.Oikawa, sin romper el beso, deslizó sus manos hacia abajo, desabotonando la camisa de Iwaizumi con rapidez, su respiración volviéndose más pesada con cada botón que se desabrochaba. Al sentir la piel cálida de su esposo bajo sus dedos, Oikawa dejó escapar un suave gemido, su frustración canalizándose en un deseo que había estado conteniendo durante todo el día.

-Tú... eres mío, Iwa-Chan.- Murmuró Oikawa contra los labios de Iwaizumi, sus manos ahora deslizándose más abajo, desabrochando también los pantalones de su esposo con una destreza que solo se consigue con la práctica.

Iwaizumi respondió al arrebato de Oikawa con la misma intensidad, sus manos recorriendo la espalda del otro, sintiendo cada músculo tenso bajo la piel de su esposo. Con un movimiento ágil, Iwaizumi giró, invirtiendo las posiciones y empujando suavemente a Oikawa contra la pared.

-Esta vez, yo llevaré el ritmo, Oikawa.- Susurró con una sonrisa ladeada, dejando que su aliento cálido rozara la piel del cuello de Oikawa, provocando que el otro se estremeciera ligeramente.

Los labios de Iwaizumi recorrieron el cuello de Oikawa, bajando lentamente por su clavícula mientras sus manos exploraban con más libertad el cuerpo de su esposo. El cuarto se llenó de suspiros y gemidos contenidos, mientras ambos se dejaban llevar por la necesidad de sentirse más cerca el uno del otro, como si cada caricia fuera una promesa de que todo estaría bien. La tensión acumulada en ambos se liberó en una mezcla de pasión y amor, sus cuerpos moviéndose en un ritmo sincronizado, como si nada más en el mundo existiera en ese momento.










•Vidas entretejidas• [Omegaverse] • [Haikyu]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora