13

78 12 7
                                        

Una mezcla de sentimientos y emociones se impregnan en su pecho de una forma horrorosa.

El aire comienza a faltarle y quiere gritar, correr, y todo lo que sea necesario para que no se vaya.

Jiang Cheng no puede irse.

No puede abandonarlo de aquella forma.

Vé el rostro inocente de Jingyi frente a él.

El pobre niño lo mira desconcertado, seguramente asustado por su propio rostro furioso y desencajado, destrozado en muchas partes.

—¿Estás seguro?— es la única pregunta que logra salir de sus labios.

El niño asiente.

—El señor Jiang dijo que saldrá de la isla por un par de días, dijo que no le debía de decir a nadie, que era un secreto, que debía de comportarme y estudiar mucho— un mohin infantil se deslizó en sus labios. —. ¡Yo no quiero que se vaya! ¡Esas cosas feas de allá son peligrosas! ¡No quiero que el señor Jiang me deje como lo hizo mamá!

Y lo escuchó llorar.

Él podía hacer lo mismo en aquel instante.

Tampoco quería que Jiang Cheng se fuera. No entendía mucho al respecto, solo que Jingyi había regresado de su desayuno con aquella noticia y un claro malestar, ahora lloraba frente a él desconsolado con la idea de ser abandonado.

¿Jiang Cheng iría al exterior?

¿Por qué?

La pregunta brotó de sus labios una vez que logró estar frente a él.

Jiang Cheng lucía aturdido y sorprendido en partes iguales antes de que la molestia invadiera su rostro.

—Maldito mocoso, sabía que no debía de despedirme de él.

—Contestame ¿Piensas ir al exterior? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Es acaso quieres morir allá afuera?

Una risa sarcástica brotó de sus labios.

—¿Para qué? Debe de ser una jodida broma — expresó molesto. —. Tal vez tú no recuerdes pero yo tengo una familia allá afuera, perdidos entre todos esos cadáveres vivientes, podría perderlos si es que no lo he hecho ya, podrían estar infectados ahora mismo, ¿Cómo podría quedarme aquí mientras ellos están allá? Hice una promesa, regresar por ellos, no pienso romperla.

—Y no lo harás, Xiao Xingchen encontrará una forma de...

—¡Si, claro! Olvidaba al eminente Señor Xiao, lo importante que es en este refugio y su insaciable esfuerzo para encontrar una cura— su rostro desencajado lo sorprendió —. ¿Adivina qué? ¿Sabes lo que opinan todos de él? ¡Es un lunático o un farsante! Alguien que fue dejado a un lado por su propia gente y ahora se refugia entre un puñado de sobrevivientes a la deriva del mundo. ¿Debería de poner mis esperanzas en él? ¿O en ti? ¿Ya tienen una posible cura? ¿O al menos la razón de la infección? — lo miró directamente a los ojos —. Si no es así, mejor quítate de mi camino y déjame continuar el mío.

—¿Y que piensas hacer Wanyin? ¿Ir contra millones de infectados peleando a puño limpio hasta llegar a la villa de los Jin, recorrer kilómetros y kilómetros de distancia para encontrarlo y salir intacto? ¿Tendrás tanta suerte de sobrevivir y traer a tus hermanos, incluyendo a un infante sin consecuencias de por medio? ¡Es tan ilógico! ¡Es imposible! ¡No podrás lograrlo!

—¿Y que debería de hacer entonces?— le gritó de vuelta —. ¿Quedarme y esperar? Eso es lo que tú haces pero yo no soy así, si es necesario pelearé contra hordas de infectados solo por mis hermanos. No los dejaré solos.

—No. No los abandonaremos pero debemos de encontrar una solución para esto.

—Estoy harto de ti Lan Xichen, de ti y está mierda. ¿Que derecho tienes? ¿Con que derecho te atreves a intentar detenerme? Siempre es lo mismo, tranquilizarme e intentar tomar una buena alternativa pero no hemos logrado nada. No tengo nada. Tus acciones solo me alejaron más y más de mis hermanos, no me pidas que espere cuando no tienes posibilidad de asegurar que ellos están bien o que encontrarás una forma de ayudarlos.

—Haria lo que fuera necesario por tener a mi hermano y a tu familia aquí, por qué todo esto no estuviera pasando pero ya he perdido mucho, no quiero perderte a ti también, ¿Entiendes? No puedo perderte.

Jiang Cheng negó.

Sus ojos se llenaron de lágrimas sin desbordar.

—Saldremos mañana a primera hora, está decidido— respondió sin réplica alguna —. Saldré de la isla, cuida a Jingyi y cuídate por favor.

Un beso fue depositado en sus labios.

Jiang Cheng siempre era así.

Un hombre inesperado.

Lo atrajo hacia él.

—Nunca podré dejarte ir, Jiang Wanyin.

Y lo beso de vuelta.

Un beso lleno de adrenalina y desesperación combinadas.

Emociones difíciles de explicar pero tan fáciles de olvidar entre sus fuertes brazos y caricias húmedas.

... ... ...

El agarre contra su cuerpo lo desconcertó.

Un brazo masculino se ceñia contra su cintura, entonces lo vió: el cuerpo desnudo y relajado de Lan Xichen.

Vaya que aquel hombre era su perdición.

Había prometido que todo entre ellos había llegado a su final y ahora volvía a él, a sus brazos y su insaciable cuerpo.

Tan jodidamente mal.

Comenzó a vestirse y a intentar tomar distancia, casi amanecía y debía de llegar hasta el otro extremo de la isla donde Song Lan y Xue Yang lo esperarían; en esta ocasión y como todo debía de permanecer en absoluto secreto, solo viajaría junto a Xue Yang como acompañante y el piloto del viejo helicóptero. Era una misión importante pero peligrosa, conocía los riesgos pero debía de hacerlo.

La propuesta de Song Lan lo había tomado por sorpresa.

Éste en un intento desesperado por encontrar una posible cura, le había brindado la misión de ir hasta la ciudad Cayi donde antes había permanecido el laboratorio de experimentación dónde había sido trasladado el virus antes de que se saliera de control, él junto a Xue Yang debían de ingresar a ese laberinto de virus y cosas desconocidas donde buscarían una muestra de los primeros infectados y documentos de todas las pruebas. Song Lan creía que con todo eso el señor Xiao debía de ser capaz de encontrar una forma o alternativa de detener todo ese contagio.

Era una gran apuesta.

Él debía de lograrlo y así llegar hasta sus hermanos finalmente.

No debía de fallar.

Pero al observar a Xichen su decisión se tambaleó.

Regresar a esa mina de cadáveres le causaba terror, sabía muy bien que había posibilidades de no sobrevivir pero estaba en obligación de hacerlo, sólo que no quería dejarlo.

Desgraciadamente Lan Xichen era un hombre tan importante para él que no quería dejarlo, tampoco perderlo.

Aunque debía hacerlo.

—Haré hasta lo imposible por regresar, lo prometo— y depósito un beso en sus suaves labios.

Intentar lo imposible.

Vaya que era un gran dilema en su vida.

Pero él era Sandu Shengshou, definitivamente no moriría tan fácilmente.

Living Dead ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora