10. Proposito de vida

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Me han callado muchas veces

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Me han callado muchas veces. Lamentablemente, no a veces. La sensación de cuando alguien dice que te calles es algo frustrante. Ahora, que alguien te calle con mano y todo es mucho peor y (muy) asqueroso. Quien sabe donde han estado esas manos.

La mano grande tapa mis labios sin ni siquiera decir nada. Todo lo que puedo pronunciar es un "¿Qu—" para que luego la humedad rebote entre la palma y mi boca. Me exalto demasiado y por un momento pienso en morder aquella, pero me abstengo. Decido ver con cuidado y rezando quien es la persona que me silencio.

Es el, Lauro.

¿Que? ¿Por qué Lauro está aquí?

Mil preguntas invaden mi cabeza y son respondidas con una mirada penetrante. Sus rulos invaden un poco de mi cara, tiene el cabello muy largo. Su naríz es prominente y de aguila, haciéndolo ver algo rudo a simple vista. Lleva una casaca azul con las mangas cortadas y un polo rojo debajo que dice "LIFE IS BETTER IN NY". Lastimosamente, nunca he tenido la oportunidad de ir a Nueva York. Mi madre siempre lo tuvo en mente, aunque nunca se dio la oportunidad después de que mi hermano se escapara.

El momento dura unos segundo más, hasta que las puertas de vidrio del polideportivo se cierran y el sonido retumba por todo el espacio. Es ahí cuando Lauro me deja en un movimiento libre y con una respiración común. Tomo un poco de aire y luego exhalo, dándole la espalda.

— ¿Por qué estabas aquí?— pregunta, pero más que integrado suena como si me estuviera regañando.

Yo me paro firmemente, recordando que el chico que tengo al frente es un poco difícil de tratar, incluso si ya se disculpó.

— Eso mismo te pregunto a ti— señaló en modo de acusación— ¿Que hacías aquí?

Un gesto de desinterés se dibuja en su cara. Aún así, su predisposición a explicar se mantiene de manera fortuna.

Estira sus brazos mientras salimos hacia la tribuna. — Me interesa esto...

— ¿Que cosa?

Suelta un suspiro corto. — Las bromas. Los rebeldes. Como lo quieras llamar.

Entró en un momento de realización. "¿Las bromas? ¿Enserio?" Las considera molestas, de verdad. Sin embargo, nunca me importó hacer algo al respecto. Tal vez es porque la mayoría de veces no me importa cambiar mi alrededor.

Lauro se acerca a mí y me estira la mano. Pienso que es para un apretón pero repentinamente abre su palma, donde se puede ver un pedazo de tela blanca con un símbolo de una "A" y un círculo combinados entre sí. Al principio, pienso que es un lenguaje que no conozco. No son muchos segundos que pasan cuando me acuerdo de lo que realmente significa.

Anarquía.

Los han estado dejando por todo el lugar casi toda la semana— continúa lo que estaba hablando— y he tratado de atrapar a uno. Tengo mucho tiempo libre, sinceramente.

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