11. Volviendo al inicio

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El sillón de la sala de estar es super cómodo. He llegado a dormirme tres veces ahí: la primera después de la escuela, la segunda antes y la tercera toda una noche. Por fin puedo entender a Lauro, que a duras penas puede levantar su dedo meñique.

El portátil estaba en mi regazo, con una temperatura mediana. Aun así, mi atención no se desvía de la pantalla. El mensaje se repite en mi cabeza como un eterno bucle del cual no puedo seguir, con la duda como un factor común en cada una de las repeticiones. De todos modos, no me rindo fácilmente:

JOSH FISHER ALEXANDER

El nombre en la pantalla me hace reflexionar. Primero que nada, Josh era el nombre de mi padre. Solía decir "Joshy", como el dinosaurio de Mario Bros. Otra de las cosas que me causa un estrés acompañado con un golpe bajo en el estómago es el nombre "Alexander"

Ese es el nombre de mi hermano.

Eso no tiene sentido. ¿Por qué el nombre de mi hermano y el de papá están aquí?

—¿Descubriste algo? —dice Lauro, sacándome del trance— Te has quedado viendo la pantalla durante los últimos dos minutos sin decir ninguna palabra.

Balbuceo algo incomprensible , pero con la intención de decir "Perdón".

Procedo a copiar el nombre en mi app de notas y luego responder al mensaje con signos de interrogación. Menuda coincidencia, o eso quiero pensar. No quiero pretender que ese comentario tiene que ver conmigo, suena como si tuviera un complejo de narcisista. Lo que si me dan ganas de saber es dónde está mi hermano y que tipo de cosas está haciendo.

O, en todo caso, hizo.

—¿Notaste que la foto de perfil es naranja? —La voz de Lauro parece estar bajo el agua, inundada por los miles de pensamientos que tengo en este momento. Fácilmente podría pasarlos por alto y ni siquiera darme cuenta. Definitivamente estoy perdiendo la cabeza, solo espero volver a mi cordura.

Mi mirada coordina con mi mouse y ambas llevan a la esquina superior izquierda de la ventana, así dejando ver la foto circular que lleva: una ola de color naranja y en la parte inferior el símbolo de anarquía de color rojo, pasa un poco hasta que me percato que es una foto de un dibujo. Algo en el naranja me parece un poco fuera de lugar.— Lo veo y claro.

Lauro se mece en el borde del mueble, pareciendo y adoptando la forma de un bebe chupándose el dedo. Es gracioso, e incluso si no me río para demostrarlo dentro de mi corazón siento un calor inexplicable. Un verano inexistente durante el invierno que poco a poco toma control del pequeño pueblo.

Prosigo a investigar un poco más a petición de Lauro. Salgo de la publicación y veo el historial de todas de las que ha hecho, sin exíto alguno.

—No ha publicado nada —le digo.

The Orange JuiceHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora