Una novela profunda y sugerente, llena de intriga, seducción y perdón.
Tan enigmática como la identidad de su autor...el misterioso y atractivo Profesor , André Pierre Gignac conocido especialista en Dante, es un hombre torturado por su pasado y orgullosos del prestigio que ha consegido, aunque también es consiente de que es un imán para el pecado y, especialmente, para la lujuria. Cuando el virtuoso Diego Lainez se matricula en el máster que André imparte en la Universidad Autónoma de Nuevo León, la vida de este cambia irrevocablemente. La relación que mantiene con su nuevo alumno lo obligará a enfrentarse a sus demonios personales y lo conducirá a una fascinante exploración del sexo, el amor y la redención. Con ingenio y sarcasmo, se cuenta la odisea de Andre a través de su particular infierno de tentación y amor prohibido.
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-Señor , Diego ?- La voz del profesor André-Pierre Giganc atravesó el aula en dirección al atractivo joven de cabello castaño sentado en las últimas filas.
Perdido en sus pensamientos, o en la traducción, tenía la cabeza gacha, mientras tomaba notas frenéticamente en su cuaderno.
Diez pares de ojos se volvieron hacia el y contemplaron su cara pálida, sus largas pestañas y sus delgados dedos, que sostenían un bolígrafo. Luego, esos mismos diez pares de ojos se volvieron hacia el profesor, que permanecía inmóvil y había empezado a fruncir el cejo.
Su actitud mordaz contrastaba vivamente con la atractiva simetría de sus rasgos: con sus ojos, grandes y expresivos, y su boca de labios gruesos.
Era uno de esos hombres guapos de aspecto duro, pero en esos momentos su gesto amargo y severo estropeaba el efecto. —Ejem. Una tos discreta a su derecha llamó la atención del joven, que levantó la vista hacia el estudiante de anchos hombros sentado a su lado. Sonriendo, éste señaló con la mirada hacia el profesor. El siguió el recorrido de su mirada y se encontró con unos ojos cafés muy enfadados. Tragó saliva audiblemente. —Estoy esperando una respuesta, señor Lainez , si le apetece unirse a la clase —añadió, con una voz tan glacial como su mirada. El resto de alumnos del seminario se revolvieron inquietos en sus asientos y se dirigieron miradas furtivas. En éstas se leían preguntas del tipo «¿Qué mosca le ha picado?», pero ninguno dijo nada. (Porque es de sobra conocido que los licenciados odian enfrentarse a sus profesores sobre el tema que sea, no digamos ya por una falta de educación.)
El joven abrió la boca para contestar, pero cambió de opinión en seguida y la cerró, sin apartar la vista en ningún momento de aquellos imperturbables ojos cafés. Los de el estaban tan abiertos que le daban aspecto de conejito asustado. —¿Habla nuestro idioma, sr Lainez ? —se burló el profesor .
A un joven dw ojos verdes sentado a la derecha de él se le escapó la risa, aunque trató de disimularla con una tos poco convincente.
Todos los ojos volvieron a dirigirse hacia el conejito asustado, que se había ruborizado furiosamente y que agachó la cabeza, apartando la vista del profesor. —Dado que el Sr.Lainez parece estar asistiendo a un seminario paralelo en un idioma distinto, ¿tal vez alguien sería tan amable de responder a mi pregunta? El joven ojiverde sentado a su lado estuvo encantado de hacerlo.
Se volvió hacia él y le dirigió una sonrisa deslumbrante, mientras respondía a su pregunta con todo detalle, gesticulando mucho con las manos mientras citaba a Dante en italiano. Al terminar, dedicó una sonrisa ácida a al recién llegado, se volvió de nuevo hacia el señor Gignac y suspiró. Lo único que le faltó fue rodar un poco por el suelo y frotarse contra su pierna para demostrarle que nada la haría más feliz que ser su mascota. (Aunque a él no le habría gustado nada que lo hiciera.) El profesor frunció el cejo de manera casi imperceptible a nadie en particular y se volvió para escribir en la pizarra.
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Rugido de amor
Roman d'amourCompilacion de pequeñas historias fifas de los shipps jugadores de tigres y rayados , espero y las disfruten 😁
