POV: Yara
El día pasó, con ello llegó la noche y finalmente volvió a salir el sol.
Hoy no tenía rehabilitación, ya que los primeros días debía mantener descanso entre las sesiones.
Pero eso no era nada positivo para mí, porque no tenía escusa para faltar a la universidad.
Me encantaba pero desde lo que pasó en aquella fiesta con Diego y sus amigos nada había vuelto a ser igual.
Estaba completamente sola, vivía asustada y siempre tenía que ir mirando a quien llevaba detrás.
La situación era insostenible pero no podía decir nada, no debía más bien.
Sabía que tenía toda lo confianza del mundo en contarle a mí hermana lo que había pasado y qué sería la primera en ayudarme e intentar solucionarlo.
Pero no podía hacerlo, era una cuestión moral.
Odiaba ver a mí hermana mal o preocupada y sabía que esto la iba a afectar.
No quería molestar y lo mejor era estar callada y seguir con ello sobre mis hombros.
El día fue normal, lo que era para mí normal.
Miradas, susurros, comentarios, inseguridad y tensión.
Lo de siempre, ya era mi rutina.
En cuanto tocó la campana, como siempre yo era la primera en irme.
O eso intentaba porque con la rodilla así se me complicaba todo el doble.
Esto también me hacía sentir más insegura, ya que no tenía forma de defenderme si pasaba algo.
Todo esto me comía la cabeza diariamente.
Pero por fin había llegado el martes.
POV: Medina
Me preparé feliz y contenta.
Cuando estaba lista cogí el coche y conducí a casa de Yara.
Salí del coche y la envié un mensaje.
Estoy fuera ojitos, decía.
Tardó muy poco en salir y nos fuimos.
Había decidido dejar aparcado allí el coche e ir andando ya que pillaba no muy lejos y Yara me había dicho que necesitaba andar por lo de la rodilla.
- Buenas tardes ojitos- dije mientras nos dábamos dos besos cordiales.
- Rubia- dijo haciendo un gesto tonto.
-¿A donde vamos?- preguntó.
- No seas impaciente Yara- dije empezando a andar.
- Anda porfa dimelo- insistió de una forma adorable.
- Ya lo verás cuando lleguemos- dije sonriendo.
Sabía que había acertado, era un restaurante Italiano que me había dicho Marta que le encantaba.
Así que acertaba seguro.
Cuando nos acercábamos al sitio nosotras estábamos enzarzadas en nuestra conversación y Yara pareció no darse cuenta de que habías llegado.
- Hemos llegado Yarita- le dije.
- ¿En serio?- preguntó sorprendida con una sonrisa.
- Pues claro- dijo yo feliz de verla así.
Por extraño que pareciera me dio un abrazo.
Si, por voluntad propia.
No era el primero pero se sentía igual de bien.
- Vamos- dije arrastrándola de la mano.
En lo que esperábamos a qué nos atendiesen seguíamos de la mano.
No me había dado cuenta, la miré y luego miré nuestras manos unidas pero decidí soltarla.
Un chico se acercó.
- Buenas noches chicas, ¿Teníais reserva?- preguntó amablemente.
- Si, a nombre de Marta Cardona.
Yara me miró y rio.
- Perfecto, seguidme- dijo.
La reserva estaba a su nombre porque ya la conocían aquí y se encargó de que nos dieran una buena mesa y no muy a la vista.
No me apetecían fans o paparazzis hoy.
Está noche era para nosotras.
- ¿Así que Marta Cardona? No sabía yo que había salido a cenar con mi cuñada- dijo con una sonrisa de lado.
- Pues va a ser que no, pero si puede ser que me haya ayudado un poquito.
- Ay rubia, eres adorable- dijo riendo.
- Yo, no, ni un poquito, solo que a veces me da por esforzarme.
Un camarero se acercó, este más mayor que el anterior.
- Hombre Yara, cuanto tiempo, ¿Lo de siempre?- le preguntó.
- Claro Iván, pero está vez tráeme dos- dijo señalándome.
- Marchando el plato estrella de mi futbolista favorita- dijo muy amable.
Al rato otra camarera nos trajo un plato de pasta.
Era simple, tomate, aceitunas y cebolla.
Pero era la mejor pasta que había probado en mi vida.
- Ves, tenías que confiar en mi- dijo riendo.
La cena siguió con conversaciones de ese estilo, entre risas y anécdotas acabó la cena.
Cuando ya estábamos en la calle ella torció su camino hacia casa.
- No vamos a casa Yara- le dije frenandola.
- ¿A no?- preguntó extrañada.
- No, vamos a ir a otro sitio antes- le dije.
Yara hizo un gesto con los hombros como diciendo que vale.
Sabía que habían abierto hace poco una nueva heladería.
Y por más ayudas sabía que la volvían loca.
La encantaba el helado, aunque estuviéramos en enero.
Y pues a mí, también, para que mentir.
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Siento por cortar así, es para que no quede tan largo.
Hoy he sido libre, ya me han dado hasta la nota del examen de historia, así que puedo respirar.
Van a tomar heladito 🥶
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My enemy
FanfictionDos jugadoras de equipos rivales se odian, ¿Pero es tan grande ese odio como dicen?¿Podrá algo cambiar ese odio por otros sentimientos?
