37

543 43 33
                                        

POV: Medina

Había pasado ya un rato y aún así mis lágrimas no cesaron, pero me tenía que ir ya, aunque ahora mismo me quedaría a su lado todo el tiempo del mundo.

- Bueno, me tengo que ir ya, te prometo que mañana vendré a verte, pero por favor despierta.

Durante un par de minutos estuve de pie, simplemente observandola pero aún sin soltar su fría mano.

Acerqué su mano a mi boca y dejé un par de besos en ella.

- Te quiero ojitos- dije antes de soltar su mano con cuidado.

Fui hacía la puerta y antes de salir le dirigí una última mirada.

Fuera estaban Misa, Marta y Jenni.

- Voy a tomar un poco el aire- dijo Jenni visiblemente agobiada.

Misa solo asintió y entró rápidamente a la habitación.

Marta se levantó de su sitio, despacio, como si supiera que en cualquier momento me iba a romper.

Me abrazó, me abrazó fuerte.

Y no pude más.

Empezé a llorar de nuevo.

- No puede estar pasando esto Marta, ella no, ella no se puede ir- le dije entre sollozos.

- No va a pasar eso, es fuerte y luchará por volver, te lo prometo- me dijo al oído en un susurro.

Nos quedamos así un rato más, hasta que pude controlar un poco todo esto que me estaba pasando.

Finalmente me fui a casa.

Esa noche no dormí nada.

Estuve toda la noche pendiente del móvil, de cualquier noticia que nos diera algo de esperanza, pero las horas pasaban y nada cambiaba. Incluso yo misma llamé a Marta en varias ocasiones.

Y de nuevo.

Nada.

Lo que más me dolía no era solo verla así en una cama de hospital, lo que más me dolía era que nadie hubiera notado nada, bueno, más bien nadie quisó notar nada.

Yara estaba hasta arriba por todo, su familia, la universidad, lo que sea que pasase aquel día, la lesión, de la que no me podía parar de culpar...

Tantas cosas que al final habían reventado y de la peor forma.

Yo, ajena a todo esto, que la llamaba para repetir lo del otro día, ir a por un helado por la tarde, pero no contesto.

Ya era tarde.

No puedo imaginar el dolor que debió de sentir su hermana cuando la encontró.

Sabía lo que significaban la una para la otra y que no podían vivir la una sin la otra.

Por eso mismo Misa no vivía, simplemente iba sobreviviendo, a la espera de algún motivo por el que volver a vivir, pero sin Yara, no podía, no podíamos.

Los días iban pasando.

Esperanza, ya no había.

Consuelo, no teníamos.

Y es que nuestra rutina estos últimos días se había convertido en una sala de espera de hospital e intentar transmitirle cosas a alguien pero sin respuesta alguna.

Estábamos todas en la habitación.

Marta paseaba de un lado para otro.

Jenni, sentada en un sillón, hablaba con Alexia, quién había dicho que incluso hablaría con el club y se vendría a Madrid.

Misa estaba a su lado, acariciando su cara.

Llevaba días sin dormir y sin comer a penas.

No sé separaba de ella en ningún momento, día y noche, no había forma de sacarla de allí.

Y yo, yo estaba sentada a los pies de su cama, con la mano sobre su pierna, esperando, no sé, algún tipo de reacción, pero nada, ni un movimiento.

Llamaron a la puerta y la doctora que la estaba tratando entró.

- Quería hablar con vosotras- dijo seria.

---------------------------------------------------

Bueno, mejor no voy a decir nada.

Gracias por votar y comentar 🫶🏼

My enemyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora