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POV: Yara

Después de nuestro encuentro entré en casa.

Mi hermana estaba en el sofá con Marta.

- Hola Martita- le dije.

- Sisi, pero que ha pasado- cortó mi hermana.

- Pues nada, hemos ido a cenar y poco más- finalicé.

- No no, anda, ven aquí- me dijo dando golpes a su lado en el sofá.

Yo me quité la chaqueta que llevaba y que me di cuenta que no era mía.

- ¿Y esa chaqueta?- dijo Marta.

- De Andrea, es que no llevaba chaqueta- expliqué quitándole importancia.

- Que bonito- dijo Marta haciendo un gesto tonto.

- ¿Y el beso bien no?- dijo mi hermana un poco seria.

- ¿Que beso?- quise hacerme la loca.

- Hombre, que a mí no me engañas, has entrado con cara de recién besada, pero si todavía tienes los labios hinchados- explicó.

- Bueno, puede ser, pero a sido poco.

-¿Pero ha habido no?- preguntó Misa.

- Si vale, ¿ya estás contenta?- dije algo molesta con su tono ya.

- Vete a la cama anda- me dijo negando.

- Mejor, buenas noches Marta- me despedí dándole un beso en la mejilla.

- Descansa chiqui- me dijo.

Las escuchaba que seguían hablando del tema pero yo pasé.

...

Al día siguiente me desperte.

Cuando me iba a levantar llamaron a la puerta.

-¿Puedo?- dijo mi hermana asomándose.

Yo asentí.

Se acercó y se sentó en mi cama mirándome.

- Perdóname por lo de ayer- empezó.

- Da igual Misa enserio- intenté tranquilizarla.

- No, déjame hablar- me interrumpió- me comporté como una idiota contigo, pero solo es porque no quiero que te vuelvan a hacer daño, Medina es una buena chica, pero sus relaciones no suelen salir bien, solo, intento protegerte- dijo agachando la cabeza.

- No te preocupes, se lo que hago y lo que quiero, también sé que lo haces por mí bien, tranquila tata- dije sonriendo.

Nos dimos un abrazo y me levanté para empezar a prepararme.

Mi hermana y Marta ya se habían ido, ya que el derbi comenzaba en algo más de tres horas.

Me duché y desayuné tranquilamente.

Como en cada partido yo llevaba una camiseta de mi hermana que me regaló.

Encima me puse una sudadera de otra temporada que cogí del armario de mi hermana.

Me puse unos vaqueros, mis zapatillas Nike, acabé de prepararme y me marché en bus hasta allí.

Se jugaba en Alcalá, es decir íbamos de visitantes.

Cuando entré al campo ya estaban todas calentando.

Mi hermana y algunas más me saludaron a lo lejos.

Incluida Medina, lo que me hizo sonreír y ponerme roja inconscientemente.

El partido comenzó con un dominio constante del Atlético de Madrid.

Estábamos encerradas en nuestro campo y no había forma de salir.

Notaba el agobio que tenía mi hermana.

Que por fuera se la veía tranquila pero sería, pero yo que la conocía mejor que nadie sabía que estaba desbordada de varias intervenciones seguidas.

El balón cayó en los pies de Andrea, quien había subido más que de costumbre por el dominio del equipo.

Pensé que iba a centrar.

Pero no.

Fue dentro.

Nadie se esperaba que eso iba dentro ni siquiera mi hermana.

Ella corrió hacia el corner, justo donde yo estaba.

Y su celebración me sorprendió.

Se señaló los ojos.

¿Se refería a mí?

Creía que si, porque justo después del gol me miró y m dedicó una sonrisa.

Celebró con sus compañeras y volvieron a sus sitios.

Poco después pitaron el descanso.

Todas fueron para dentro de los vestuarios.

Empezó la segunda parte con varios cambios del Madrid.

El equipo se notaba diferente.

Mucho mejor.

Y así acabó el partido con un 1-2 finalmente.

Todas contentas se abrazaban en el campo o hablaban con sus rivales que también eran amigas.

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Simplemente Medina

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My enemyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora