-Hey, Neptune... -Dijo Uranus mientras se acercaba a ella con sigilo. Neptune se quedó inmóvil y Uranus no sabía como reaccionar. Quería correr y abrazarla, quería besarla y suplicarle perdón, quería quitarle todo el dolor que sabía le había causado. -Yo... estoy aquí, Neptune, como lo pediste.
Neptune se irguió. Pareciera que las palabras de Uranus la hubieran regresado a la realidad. Miró alrededor nuevamente, asegurándose que no hubiera peligro alguno, antes de girar a ver a Uranus.
-Yo no te pedí nada, tal vez lo soñaste, Uranus. -La frialdad de sus palabras disonaban con la calidez de su mirada. Uranus sabía que, en el fondo, estaba feliz de verla con vida, aunque fuese el dolor el que estuviera hablando. -De hecho, no deberías estar aquí, sobre todo si acabas de despertar de la muerte.
Uranus la miró un momento y se acercó más a ella, hasta quedar a menos de un metro de distancia. Neptune parecía querer huir, pero su terquedad y entereza la obligaron a quedarse quieta, esperando un próximo movimiento.
-Yo siempre le hago caso a los sueños donde apareces, no iba a dejarte sola en esta batalla. -Neptune rió amargamente, mientras intentaba secar las lágrimas que empezaron a brotar. Le dio la espalda y miró hacia su espejo.
-Para la batalla no, pero para todo lo demás no veo que te haya importado.
-Neptune-
-Basta- la interrumpió -tenemos una obligación que cumplir. Lo demás puede esperar.
-De acuerdo... -Miró a si alrededor y pudo percatarse de quién se encontraba en ese lugar -¿cómo sabías que Endymion se encontraría aquí?
-mnnn... ¿ahora dudas de mis habilidades? -la miró divertida -¿o necesitas que te las recuerde?
Antes de que Uranus pudiera contestar, el lugar empezó a temblar y de los lados de la cueva, empezado a emerger sombras que se dirigían hacia ellas. En ese momento, se pusieron espalda con espalda. Uranus con su espada en la mano y Neptune aputando su espejo al frente.
-Creo que ahora podrás recordarme tus habilidades -dijo Uranus, con una media sonrisa en el rostro.
-Las habilidades que quería recordarte solo pueden ser hechas en privado -contestó coqueta.
-Luego, entonces -le respondió de la misma forma.
Las sombras se acercaron a una velocidad increíble, golpe tras golpe, Uranus y Neptune peleaban con una gran sincronía. Sin embargo, no dejaban de aparecer. El lugar donde se encontraban hacía imposible lanzar un gran ataque, pues corría el riesgo de colapsar y debían sacar al rey de ese lugar.
-Tenemos que mover la batalla a otro lugar -dijo Uranus
-Lo sé, pero no dejarán de aparecer a menos que la fuente principal de energía se destruya. Necesitamos una distracción. Debes hacer que te sigan hacia afuera.
-¿Tú que harás?
-Destruir la fuente -dijo mientras terminaba con un enemigo más -tenemos que sacar al Rey.
-¿El rey es la fuente?
-Es quien da energía a la fuente
-¿Y donde está la fuente? -preguntó mientras clavaba su espada en el pecho de otra sombra, luego volteó a verla -yo puedo ir.
-No -contestó con firmeza -debes sacar al rey
-Pero-
-Uranus -le interrumpió -no tenemos tiempo -Neptune levantó su mano izquierda y acarició la mejilla de Uranus mientras esta la veía con preocupación. Con una pequeña sonrisa, le dio un beso en la comisura de sus labios -confía en mí -Uranus vio como otra sombra se acercaba y la eliminó antes de voltear a ver a Neptune.
ESTÁS LEYENDO
Reminiscencia
RomantikHaruka, aburrida de la paz después de la guerra, busca nuevas emociones y las encuentra en los piques de autos y en una cautivante mujer. Por otro lado, el futuro Tokio de Cristal está bajo ataque y S.Uranus, comandante del ejército, cae en coma des...
