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┊╰  capítulo veinte ‧₊



La vida muchas veces te sorprende, a veces piensa que para que exista la felicidad en tu vida, tiene que abundar los momentos de infelicidad, tristeza y despecho

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La vida muchas veces te sorprende, a veces piensa que para que exista la felicidad en tu vida, tiene que abundar los momentos de infelicidad, tristeza y despecho.

Eso lo he comprobado yo este año, en mi vida había sufrido tanto como desde que comencé a salir con Oakley. La infidelidad, las mentiras, los celos y el odio han sido de lo peor con lo que nos pudimos encontrar los dos.

Parece mentira que hace algunos días aun me mantenía en mi vieja habitación con las mantas hasta el cuello y con una botella vacía de vodka en la mesita de noche. Todo ese dolor y sufrimiento me persigue hasta el día de hoy, cuando a veces se me pasa por la cabeza volver a confiar en él.

—Mañana le daremos el alta —el doctor cerraba una carpeta marrón mientras miraba a Oakley con una sonrisa—. Aunque tendrá que volver para algunas revisiones, tendrá que seguir una rutina de medicamentos para los dolores de estomago o de cabeza —saco un papel de otra carpeta y lo dejo en la mesilla—. Le recomendaría que se mantuviera alejado del alcohol y otras sustancias.

El doctor echo un último vistazo a la habitación y luego se fue. El silencio nos invadió, no podía escuchar nada que no fueran las gotas de lluvia golpear la ventana.

—Los dejaré un rato a solas —su manager salía de la habitación con los brazos cruzados sobre su pecho.

—Espero que esto te sirva de lección para que no vuelvas a meterte esa mierda —le di la espalda mientras me asomaba por la ventana. A la ciudad la cubría un nubarrón negro que parecía infinita, al fondo se veían el destello de algunos rayos caer.

—Tu no —suspiró—. Por favor, tu no me juzgues —me gire a mirarle, ¿Cómo se atreve a pedirme que no le juzgue?—. Se que no lo he hecho todo bien últimamente, ya recibo miradas juzgadoras de todo el mundo, como tu también lo hagas no se como me sentiré.

—Oakley, no te juzgo, pero no me pidas que no me sienta decepcionada después de todo lo que ha pasado —me acerque y me senté el pequeño sofá al lado de su camilla—. Aun estoy tratando de perdonarte.

Oakley se levantó de la camilla y se quedo de pie justo frente de mi sin decir nada. Estaba confundida, pero entonces me agarro de ambas manos y fue agachándose hasta arrodillarse delante mi. Beso mis manos y cerró los ojos. A este punto simplemente no entendía nada.

—Corvina por favor perdóname. En mi vida me había sentido tan bien como cuando estábamos juntos, no había mejor momento que aquellas mañanas en donde amanecías a mi lado. Te prometo, te lo prometo por Dios y por mi madre que en la vida volveré a tocar a otra mujer que no seas tu, no volveré ha hacer absolutamente nada que a ti no te perezca bien, pero por favor, Corvina, te necesito otra vez conmigo.

Seguía arrodillado ante mi. Me sentía bien, satisfecha. No se si la mejor decisión era volver con él o no, pero eso era lo que iba a hacer.

—Oakley levántate —a su vez yo también lo hice. Él me miraba con desespero— Te daré una segunda oportunidad, pero antes que nada, quiero que sepas que esta vez será diferente, ni tu ni yo vamos a volver a ser como éramos, si queremos que esta relación funcione ambos tendremos que comprometernos a esto.

A cada palabra que salía de mi boca Oakley asentía dándome a entender de que estaba de acuerdo con a idea. Esperaba que realmente fuera así.

Me abrazó mientras me elevaba por los aires con alegría, me bajo y con sus manos ahora en mis mejillas, las acariciaba con sus pulgares para luego darme un suave beso en la frente.

A veces quisiera que la vida fuera esto, la sensación de calidez que se te genera en el pecho cuando te sientes en casa, porque a pesar de todo lo que él me había hecho pasar, Oakley siempre me ha hecho sentir en casa.

—Deberíamos de ir recogiendo, si mañana te dan el alta querrás irte lo antes posible —ambos empezamos a recoger, aunque no sabíamos que hacer con tantas flores que le habían dejado.

—Voy a ducharme —dijo Oakley mientras se colocaba la toalla en el hombro.

—Yo creo que saldré a dar una vuelta.

—Vale —se acercó y me dio un beso en la frente.

Salí del hospital con una paraguas en la mano por si acaso. Mientras caminaba sumergida en mis pensamientos divise a lo lejos una iglesia y justo hacía mucho que no entraba a una.

Yo no creía en lo que predicaba la iglesia. Pero de vez en cuando no me parecía mal acercarme a una y hablar con Dios.

Entre y simplemente se escuchaba el eco del susurro de algunos devotos. Me senté en el banco más cercano al altar. No sabía muy bien cómo empezar, hacía tiempo que no hacía esto y me encontraba un poco perdida.

—Dios, por favor, que este hombre al que acabo de perdonar no me vuelva a traicionar, que no me haga volver a caer en la oscuridad...

De la nada todo lo que llevaba guardo hacia ya demasiados meses salían sin precedentes de mi boca, todo en una cascada de sentimiento que de repente formaba un nudo en mi garganta que me cortaba el aire; las lagrimas no se quedaban atrás, se escapaban cada que tenían oportunidad.

Me sentía liberada, a lo mejor Dios no existe, pero yo si que creía en su existencia y me acaba de liberar de ese aterrador peso que llevaba en mi pecho, me daba igual si había una presencia escuchándome, lo único que me importaba era como me sentía.

Más tarde Oakley y yo volvíamos en el mismo auto, nos habían dejado justo en la puerta de su casa, aquella en la que yo habría estado más de quinientas veces y a la que no entraba desde hacía ya un tiempo. 

Aquel momento me hizo sentir una gran nostalgia, la combinación de tantas emociones que pensé que no volvería a sentir.


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⏰ Última actualización: Jul 06, 2025 ⏰

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