019

805 61 6
                                        



VOTA Y COMENTA
┊╰ capítulo diecinueve ‧₊



VOTA Y COMENTA ┊╰►  capítulo diecinueve༉ ‧₊

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Me dolía la cabeza. Estaba despierta, aunque
no del todo, lo único que podía llegar a sentir era la penetrante mirada de alguien a quien aún no lograba identificar.

—Deja de mirarme —musité aún sin abrir los ojos.

—Lo siento —escuché una pequeña risa—, hacía mucho tiempo que no me despertaba con el placer de tenerte a mi lado —su voz hizo eco dentro de mi cabeza como un golpe a una campana.

—Pues yo hacía tiempo que no dormía tan mal e incómoda —abrí los ojos mientras me acomodaba en aquella silla en la que había pasado la noche. Oakley observaba cada uno de mis movimientos con cierto brillo en los ojos.

—No pensé que vinieras a verme —se acodó en la cama sin despegar su mirada de la mía.

—Yo tampoco lo pensaba, de hecho aún no sé qué hago aquí.

—Supongo que el destino no deja de juntarnos —suspiró—. Por algo será.

—Por algo será que no estamos juntos —contesté indiferente.

Me levanté con cuidado y estrujándome los ojos. Me estiré en el sitio y me dirigí hacia el baño. Contemplaba mi reflejo, mirando mis ojeras y mi cara sin energía ni brillo. ¿Qué carajos hacía yo aquí? ¿Por qué después de todo lo que me ha hecho pasar aún sigo estando para él?

Me di pequeños golpes en la frente intentando disolver ese tornado de preguntas que venían a mi cabeza. Suspire profundo y abrí el grifo, juntando mis dos manos para poder acumular agua y lavarme la cara con agua tremendamente fría. Me acerqué la pequeña toalla que estaba al lado y me senté encima de la tapa del vater mientras miraba un punto fijo en el suelo.

—¿Estás bien? —preguntó Oakley al volver a la estancia.

—Si, solo estoy un poco mareada del viaje y aún sigo muy cansada.

—Puedes recostarte aquí —me hizo un huevo en la camilla—, si quieres —añadió.

Reflexioné unos segundos antes de tomar acción, no quería pero la oferta simplemente era tentadora. 

—Te odio —musité contra su pecho caliente mientras él me tapaba con parte de su sábana por arriba.

—Lo sé —susurró en mi frente—. Lo sé, lo siento.

Algo dentro de mí se revolvió, ese alambre de emociones en mi garganta se volvió a formar como si nunca hubiera dejado de estar allí. Mi brazo se apoyaba en su costado, él me abrazaba por la cintura con fuerza, acercándome cada vez más a él.

Por unos instantes volvíamos a ser nosotros dos solos, solo uno, juntos otra vez, como si absolutamente nada hubiera pasado, como si el mundo hubiera dejado de girar y todo lo que nos rodeara hubiera desaparecido para solo ser nuestra energía y nuestra conexión lo único presente en el mundo.

stripper. central ceeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora