Llevaba varias horas de contracturas y eso solo significaba una cosa, estaba a punto de parir. Steve y yo ya habíamos llegado al hospital donde tenía conectado varios cables para controlar las contracturas. Era horrible, jamás me habían dicho que parecía que te ibas a partir en dos solo para dar a luz a un ser humano.
-Vamos tranquila, estamos llegando.
-¿Tranquila? No eres tú quien va a parir, así que no me digas que me tranquilice Steve.
-Dios, os ponéis insoportables con el puto embarazo.
-Tu me preñaste gilipollas. Aquí es cosa de los dos.
La discusión siguió igual de fuerte. La enfermera vino a ponerme un tranquilizante porque llevábamos quince minutos gritando como locos.
-Esto hará que te calmes hasta que te pongas de parto.
-Dios, es horrible esto.
-Tranquila, cuando antes te pongas de parto mejor, antes iremos a casa.
-SI porque yo decido cuando ponerme de parto, ahora le hablo al bebé y le digo sal ya, ¿Te parece bien?
-Mejor te dejo dormir, cuando te tranquilices hablamos.
-Steve, no es necesario que salgas.
-Salgo a comprarme algo de comer. Llevamos aquí cuatro horas es normal que tenga hambre.
-Suerte la tuya que puedes comer. Yo no.
-Sigo sin entender porque.
-Por si me hacen cesárea, no puedo ingerir nada al cuerpo.
-Ohh ahora tiene más sentido
Steve salió por la puerta y yo me empecé a acariciar el vientre mientras tanto me servía para calmarme un poco, y me puse la televisión, Mentes criminales estaban haciendo así que me quedé viéndolo hasta que veinte minutos después las contracciones empezaron más fuertes y llamé a la enfermera
-¿Que pasa?
-Son, ufff .... Más fuertes...
-Estas de parto, enorabuena. Nos vamos a la sala de parto¿Su marido? -aquella palabra me dejó un momento en el limbo pérdida. ¿Mi marido? Era muy gracioso eso porque ni siquiera me había sacado un anillo de compromiso. Solo me había preñado. No estaba segura de si esa era su manera exacta de pedirme matrimonio pero era el peor momento para pensar en anillos.
-Respire señorita, casi llegamos.
Y casi llegábamos pero Steve no había aparecido para la hora del parto, una cosa tenía muy clara, este hombre iba a morir antes de ejercer de padre, y yo misma lo iba a asesinar.
-Bien señorita, a la de tres puje, una dos y ahora, puje señorita.
Grité, era doloroso, horrible, la peor experiencia de mi vida, esto solo decía dos cosas. No quería volver a pasar por esto jamás y dos seguro valdría la pena el esfuerzo que estaba haciendo mi cuerpo para sacar a esa criatura.
Volví a pujar cuando el doctor me avisó, y al cuatro puje oí un llanto. Dios, no sabía si llorar yo también o desmayarme.
Me dieron al bebé en mis brazos y oí la mejor noticia de mi vida a los pocos segundos.
-Felicidades, es una preciosa niña.
Una niña. Un grito apareció en mi interior, y si hubiera sido un chico también, pero desde que estoy con el energúmeno de Steve, sabía que quería uña preciosa niña.
Las enfermeras la limpiaron y cortaron el cordón umilical y me la entregaron y nos llevaron a la habitación. Donde como no el padre de la criatura estaba echado en el sofá durmiendo.¿Podía ir a peor? Mejor me callaba que después iría a peor.
-¿Sabe como la va a llamar?
-Aurora Mcgarrett Edwards.
La señorita lo apunto en unos papeles que después dejo en la mesa- ¿Biberón o pecho?
-Biberon por supuesto.
-Entonces en un rato vendré a traerle la pastilla para que no salga lactancia del pecho.
-Perfecto, muchas gracias.
Y caí rendida del cansancio junto a la bebé que la dejé en su camita.
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Steve Mcgarret y tu
Teen FictionMi vida solo se dedicaba a correr carreras clandestinas y a peleas ilegales, quizás traficar maria de vez en cuando . Cuando un día las carreras las llevamos a las calles de Hawaii, donde vivía mi dichosa hermana , y mi sobrina. Ella no sabía que y...
