Capítulo 55

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-Necesito follarte amor - sus manos pasaron por mi cintura. También lo necesitaba dentro pero a la vez no estaba segura si era bueno.
-No creo que sea bueno para el bebé -mire sus ojos y después sus apetecibles labios.
-Ayuda a dilatarlo para mejorar el parto, creeme es bueno.
-Ah ¿Si? -dije sensual. Ya estaba provocada y cuando se arrimo más noté su polla dura rozándome. Era jodidamente sexy e irresistible.
-Si -me beso dos segundos y retiro sus labios de los míos, para después mirarme y volver a hacerlo, pero está vez apasionadamente.
Subimos a la cama, y me quito el pijama que llevaba puesto. Quedé desnuda ante él, mientras tanto él se quitó su pantalón iba sin camiseta y sus tatuajes se me hacían demasiado sexy. Podía sentir mi baba caer con tan solo verlo, pero sabía que no era mi saliva, era mi coño que se empapaba de verlo, y de ver esa tremenda erección.
-Joder, no esperes para meterme esa polla grande y gorda. -me palpitaba ante la necesidad que tenía de que me follara.
No dijo nada sonrió. Y se quedó de rodillas en la cama.
-Ponte en cuatro.
Hice lo que me pidió y al segundo sentí una nalgada, y no me molestó, me puso más cachonda todavía.
Y sentí entonces como me estaba follando, y no, no lo hacía con suavidad y despacio. Lo hacía a lo loco, se escuchaba por toda la habitación como me empotraba.
-Dios, Steve... Sigue, ah necesito más -grite, y el hizo lo que le pedí, me dio más.
-¿Así te gusta que te verdad?
-Oh si por dios, me encanta.
Me cogió del pelo y dios estaba demasiado excitada. Con la otra mano me daba una nalgada, y sentía mi culo arder pero a la vez me estaba volviendo loca.
Cambiamos de posición y me quedé acostada, sabía que no podía montarle la polla por el embarazo. Se quedó de nuevo de rodillas y me puso las piernas en sus hombros pasando por esos abdominales sudados que te daban ganas de estar lamiendo ahora mismo.
Me volvió a penetrar, y dios, sentía el cielo venir a mí . Era gorda, grande y se notaban sus venas.
-Dios, joder, dame más.
-A sus ordenes mi amor.
Me penetró más duro, sus embestidas me arqueaban la espalda y hacían mis gemidos más fuertes.
-Princesa me voy a correr.
-Pues correte dentro por favor, quiero que me llenes de leche.
Y así fue, noté como descargaba dentro de mi todo su semen .
Me pase la mano por mi vagina que chorreaba de leche y me la metí en la boca.
-Una leche deliciosa. Cuando no esté embarazada, quiero que te corras en mi boca.

Steve Mcgarret y tu Donde viven las historias. Descúbrelo ahora