Todo era un completo desastre.
La habitación era una ruina emocional a punto de colapsar. El aire se sentía denso, irrespirable. Como si alguien les hubiera arrancado el corazón sin aviso y lo hubiera dejado allí, latiendo aún, expuesto, sangrante, vulnerable. Todo olía a tragedia. A un final escrito sin consentimiento.
Nadie entendía cómo habían pasado de la calma a la destrucción. Todo se desbordó tan rápido, tan brutalmente, que parecía una emboscada del destino. Un castigo. Un recordatorio cruel de que estaban marcados... de que lo que construyeron con las manos podía derrumbarse con una sola palabra mal dicha, una mirada rota, un suspiro malinterpretado.
Unas horas antes, la calma los envolvía como una mentira piadosa. Habían reído. Habían compartido una tarde tranquila, casi ordinaria. Jimin incluso soltó una carcajada breve -rara, extraña, como un sonido perdido en su garganta. Taehyung y Hoseok se habían empujado jugando como adolescentes sin heridas. Jin había traído bebidas, lanzando un comentario sarcástico que, por unos segundos, desarmó la tensión. Incluso Jackson parecía relajado, observando en silencio, como si ese pequeño momento -ese espejismo- pudiera durar un poco más.
Y Yoongi... dormía.
Silencioso. Desconectado del mundo. Atrapado en ese coma que parecía eterno. Un extraño entre ellos. Un cuerpo tibio respirando apenas, sin saber quién era, sin imaginar el caos que su sola existencia había traído a esa casa.
Entonces, sin aviso, todo se quebró.
Las palabras se elevaron como cuchillas. Las miradas dejaron de ser suaves. El aire se tornó ácido. Lo que había empezado como una simple discusión creció como una llama sobre gasolina. En segundos, la calma se volvió tempestad.
Jimin se lanzó sobre Jin con los ojos llenos de furia. Una furia que no venía del odio, sino del miedo, del dolor acumulado, de heridas pasadas que aún sangraban por dentro. Lo atacó porque creyó ver traición donde solo había confusión. Porque la idea de volver a ser engañado, de volver a perder el control, lo empujó al borde.
No era por Yoongi. No todavía.
Era por todo lo que ese desconocido representaba: secretos no dichos, la presencia del enemigo acechando, el recuerdo asfixiante de lo que su padre le había hecho. Era una bomba que ya estaba encendida... solo faltaba una chispa.
Jackson reaccionó al instante. Lo inmovilizó contra el suelo sin pensarlo dos veces, usando toda su fuerza para mantenerlo quieto. No porque le preocupara Jimin... sino porque Jin seguía allí, temblando, expuesto, vulnerable. Y Jackson no soportaba la idea de verlo lastimado. No otra vez.
Taehyung se desplomó entre sollozos desgarradores. Hoseok apenas logró sostenerlo, temiendo que se deshiciera entre sus brazos. El omega repetía que todo era su culpa. Que si no hubiera insistido. Que si no hubiera presionado. Que si tan solo hubiera callado... Yoongi no estaría muriendo. Hoseok no respondía, pero cada lágrima que caía de ese rostro que tanto amaba, le rompía una parte más del alma.
Y Jin... Jin no decía nada.
Las palabras de Jimin lo habían destrozado por dentro. No lo golpearon solo en el presente... lo arrastraron de vuelta a un pasado que había enterrado bajo mil capas de silencio. Un pasado sucio. Un pasado que lo hacía sentirse indigno, roto, irreparable. No había lágrimas en su rostro. Pero por dentro... se estaba desangrando.
En medio de ese caos, el cuerpo de Yoongi seguía tendido sobre la camilla. Pálido. Intocable. Frío. El pitido del monitor comenzaba a extenderse como una amenaza inminente: largo, plano, agónico. Nunca había dicho una sola palabra. Nunca había abierto los ojos. Y aun así... estaba llevándolos al borde del abismo.
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𝙼𝙸 𝙾𝙼𝙴𝙶𝙰 𝙴𝙻 𝙼𝙰𝙵𝙸𝙾𝚂𝙾 - 𝚈𝙾𝙾𝙽𝙼𝙸𝙽 (𝙾𝙼𝙴𝙶𝙰𝚅𝙴𝚁𝚂𝙴)
AléatoirePark Jimin es un omega que rechaza y está en contra de los estereotipos impuesto por la sociedad. Lo que hará que se encuentre en una lucha constante, por demostrar que un omega también puede ser igual o peor que cualquier alfa mafioso. Pero el de...
