CAPÍTULO 28

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Llevaba varios minutos hablándole y en ocasiones susurrándole cosas sin sentido al oído. Si les soy sincero, no tengo ni la más remota idea de qué estoy haciendo. Simplemente me dejo llevar por mi lobo y por mi intuición.

A decir verdad, siento un poco de lástima por este pobre chico. Él no tiene nada que ver con nosotros, ni con ninguna mafia. Estuve investigando por mi cuenta y descubrí que no tiene absolutamente nada de especial. Es más, ni siquiera es una mala persona.

Simplemente es alguien con muy mala suerte, que cayó en las manos equivocadas. Siento pena, tristeza, impotencia... por todo lo que tuvo que pasar, para que ahora esté postrado en esta miserable camilla, conectado a decenas de cables y aparatos que apenas lo mantienen con vida.

Y sobre todo, siento lástima por su madre. Una mujer trabajadora que dedica sus pocos tiempos libres a tejer y coser prendas para venderlas, intentando ganar algo de dinero extra para ayudar a su hijo menor.

¿Cómo sé todo esto?

Simple: investigué a fondo, demasiado diría yo. Ustedes saben que me especializo y me desenvuelvo mejor en el campo de batalla, que en planear y hacer "estrategias", pero esta vez era distinto.

Hace unos meses atrás, caminaba por una zona residencial donde vivían empresarios y empleados de las mejores empresas del país. Me habían asignado la investigación de ciertas personas de esa área.

Fue entonces cuando vi a una señora apresurada, cargando más bolsas de las que su delgado cuerpo podía sostener. Como era de esperarse, tropezó y cayó, tirando todas sus cosas al suelo.

No sé por qué, pero mi intuición me dijo que la ayudara. Tal vez ese día andaba particularmente bondadoso. Así que me acerqué, la ayudé a levantarse y recogí sus cosas. Ella me agradeció con una sonrisa tan cálida que por un instante, todo se sintió bien. Su aura era reconfortante, de esas personas que con solo estar cerca te transmiten paz.

La acompañé a entregar sus cosas y durante el camino me contó que tejía y cosía prendas para pagar la matrícula universitaria de su hijo menor, aunque su hijo mayor tuviese un buen empleo y ayudara con los gastos del hogar.

Según me dijo, tanto ella como su hijo menor trabajaban para costear los gastos extras de la universidad. Me pareció extraño, pero no quise ser entrometido.

Desde entonces comencé a visitarla de vez en cuando, comprándole algunas prendas. Nunca conocí a sus hijos; siempre estaban muy ocupados en el trabajo o en clases.

No fue sino hasta que esta misión comenzó que descubrí la verdad: Min Yoongi era su hijo. El mismo joven que ahora lucha entre la vida y la muerte. Por respeto y cariño a esa mujer, decidí guardar silencio. Fingí no conocer a ninguno de los dos.

Aún recuerdo cuando me decía que era un omega muy bonito, y que algún día me presentaría a su hijo mayor.

-Es una lástima que no nos hayan presentado como es debido... -susurré, retirando un mechón que caía sobre sus ojos que aún se mantenían cerrados.

Si tan solo lo hubiera conocido unos días antes de que todo esto ocurriera... no estaría luchando contra la muerte ahora. Y no quiero ni imaginar cómo estará su madre.

-Tengo miedo... -susurré una vez más, apoyando mi frente contra la suya.

Estaba a punto de rozar su mejilla con la yema de mis dedos, con la esperanza absurda de que ese simple gesto lo aferrara un poco más a la vida. Mi respiración se entrecortaba, cada parte de mí gritaba que no lo dejara ir. Pero entonces, ocurrió.

𝙼𝙸 𝙾𝙼𝙴𝙶𝙰 𝙴𝙻 𝙼𝙰𝙵𝙸𝙾𝚂𝙾 - 𝚈𝙾𝙾𝙽𝙼𝙸𝙽 (𝙾𝙼𝙴𝙶𝙰𝚅𝙴𝚁𝚂𝙴)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora