El silencio pesaba. No era un silencio cualquiera, sino uno espeso, denso, como una niebla sin forma que se metía por los poros y ahogaba el alma. No había sonidos, ni colores, ni tiempo. Solo un vacío interminable que lo rodeaba todo.
Min Yoongi no sabía dónde estaba. No sabía si estaba vivo o muerto, si dormía o soñaba. Solo sabía que caminaba. El suelo bajo sus pies no hacía ruido, pero existía. La luz a su alrededor era blanca, pero no iluminaba. No había sombra, ni horizonte, ni destino. Solo pasos. Sus propios pasos, sordos y eternos.
Intentaba recordar algo. Un nombre, una imagen, un olor. Todo estaba borroso. Cada intento de memoria era como sacar agua con las manos abiertas. La sensación de vacío lo rodeaba por dentro y por fuera.
En otro rincón de ese no-lugar, Park Jimin también caminaba.
Vestido de blanco, los pies descalzos sobre el mismo suelo invisible, sentía que el tiempo había perdido significado. No sabía si llevaba horas, días o años caminando. Tenía el corazón inquieto, como si buscara algo, alguien, sin saber quién ni por qué.
Cada tanto, aparecían puertas. Grandes, pesadas, de madera oscura o metal negro, incrustadas en la nada, sin paredes que las sostuvieran. Ninguna se abría. Algunas ardían con fuego que no quemaba. Otras tenían candados oxidados sin llave. Detrás de ellas, a veces se escuchaban voces, pero eran susurros rotos, imposibles de entender.
Ni Jimin ni Yoongi sabían que estaban en el mismo lugar. No podían verse, no podían escucharse. Solo compartían el mismo destino: la incertidumbre.
A lo lejos, cada uno vio una gran puerta. Gigantesca. Como un árbol muerto que alguien hubiera vaciado por dentro y convertido en arco. En esa puerta había dos caminos opuestos, uno hacia la izquierda, lleno de escaleras infinitas, cubierto de niebla; el otro hacia la derecha, plano, con un suelo agrietado que parecía a punto de romperse.
Ambos caminaron hacia la puerta, desde lados diferentes. No se vieron. Pero sus almas, por un segundo, vibraron al mismo tiempo.
Yoongi se detuvo. Frente a la puerta había un símbolo que no conocía, un círculo partido por una línea. Una figura encapuchada se alzaba junto a él, de espaldas.
-¡Oye! -intentó decir Yoongi, pero su voz no salió. Nada. El sonido no existía.
La figura giró lentamente, pero no mostró rostro. Donde debería estar su cara solo había oscuridad.
-Aquí no se pregunta. Aquí se paga.
La voz no era un sonido. Era una presencia. Un peso.
Jimin también vio una figura frente a él. Una mujer vestida de negro, con los ojos vendados y una balanza en las manos.
-¡¿Qué es este lugar?! -gritó, pero su grito se deshizo como humo.
La mujer no respondió. En su balanza se encontraba una pluma y un corazón sangrante.
-Debes elegir -dijo finalmente, sin mover los labios-. Si mueres tú, él vive. Si muere él, tú vivirás.
Jimin sintió que algo en su pecho estallaba. No sabía quién era "él". No sabía a quién debía proteger. Pero su alma lloraba con una certeza muda: debía vivir... para salvarlo.
En la nada, una campana sonó. Una campana sin campanario, sin cuerdas. Un eco sin origen.
Yoongi miró la figura encapuchada, y esta extendió su mano, señalando las dos rutas.
-Un paso más y ya no habrá regreso.
-¿A dónde...?
-Donde él no vaya, tú tampoco irás.
ESTÁS LEYENDO
𝙼𝙸 𝙾𝙼𝙴𝙶𝙰 𝙴𝙻 𝙼𝙰𝙵𝙸𝙾𝚂𝙾 - 𝚈𝙾𝙾𝙽𝙼𝙸𝙽 (𝙾𝙼𝙴𝙶𝙰𝚅𝙴𝚁𝚂𝙴)
AléatoirePark Jimin es un omega que rechaza y está en contra de los estereotipos impuesto por la sociedad. Lo que hará que se encuentre en una lucha constante, por demostrar que un omega también puede ser igual o peor que cualquier alfa mafioso. Pero el de...
