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Ana

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Ana

Desde que regresé a casa, mi celular se volvió una especie de salvavidas.

No tenía redes sociales. Mis padres las habían bloqueado. Pero conservaba los mensajes. Y por ahí, cada tanto, Rafe y yo logramos hablar. Pocas palabras. Nada comprometedor. Lo suficiente para saber que estaba ahí.

Pero esa noche... fue diferente.

El mensaje llegó a las 2:14 a.m.
Sin nombre. Sin número guardado. Solo un número desconocido, sin foto de perfil, sin historial previo.

Y un video.

Mi corazón se detuvo un segundo antes de abrirlo.
Era de nosotros. De Rafe y yo. Besándonos.

No en la casa abandonada, ni en el bosque.
No. Era en el muelle.

El día que llegamos a Outer Banks.

La toma era desde lejos. Como con un dron. O una cámara bien escondida.

Mi pulso se aceleró.

Inmediatamente después, otro mensaje:

"Sabes que no puedes esconderlo para siempre."

Me senté en la cama, con el estómago hecho nudo. Leí el texto al menos cinco veces. No decía mucho. Pero decía demasiado.

Lo borré.

Apagué el celular.

No dormí.

•••

A la mañana siguiente, fingí normalidad. Bajé a desayunar, hablé lo justo con mi mamá, evité las miradas.

Volví a mi cuarto. Revisé de nuevo el celular. Nada.

Me convencí de que había sido una broma estúpida. Algún loco con demasiado tiempo. Tal vez algún paparazzi que nos grabó por error y decidió jugar.

Hasta que esa tarde, a las 6:22 p.m., llegó el segundo mensaje.

Otra vez el número desconocido.
Otra vez un video.

Esta vez era de nosotros en el cobertizo.
No dentro. Pero sí justo antes de entrar. Las luces de la linterna, mi cabello suelto, Rafe tomándome de la cintura.

"Hay muchas formas de hacerte hablar. Esta es la amable."

Sentí un escalofrío.

¿Quién estaba grabando eso? ¿Cómo sabían? ¿Desde cuándo nos seguían?

Intenté no pensar en lo peor... pero cada parte de mi cuerpo gritaba que algo no estaba bien.

•••

Quise contarle a Rafe. Pero no sabía si podía.

Y si él otra vez los estaba recibiendo... ¿y si era una trampa para separarnos?

Pasé el resto del día caminando de un lado a otro en mi habitación, tratando de recordar cada detalle de los últimos días.

¿Quién pudo haberlos visto?

¿Quién nos odia tanto como para hacer esto?

¿Ward?

¿Alguien de los nuestros?
No.
Imposible.

O eso quería creer.

A la madrugada, el tercer mensaje.

"Te estoy observando.
Y no soy el único."

Ningún archivo esta vez. Solo esas palabras.
Y la sensación de que ya no estábamos solos.

Guardé el celular bajo la almohada y me tapé entera, aunque el calor me ahogara.

Porque por primera vez desde que todo había pasado...

El miedo volvió a instalarse en mí.

Y esta vez, no era por la policía.

Era por alguien que sabía demasiado.

Y que no tenía miedo de usarlo.

•••

Llevaba horas dándole vueltas.

La idea.
La sospecha.
El miedo.

Pero sobre todo, la rabia.

No me iba a quedar sentada viendo cómo alguien jugaba con nuestra vida desde la oscuridad.

Ya no.

Me puse a revisar mi viejo cuaderno de secundaria, donde antes anotaba cosas que me parecían raras, pistas de estupideces, ideas locas de teorías y secretos entre amigos. Ahora, me servía como bitácora para escribir detalles: fechas, horas, lugares donde nos vieron.

Tenía que haber un patrón.
Un lugar desde donde grababan.
Un nombre.

Algo.

Ya casi era medianoche cuando escuché un golpe suave contra la ventana.

Al principio pensé que era el viento.
Hasta que lo vi.

—¿Rafe?

Estaba afuera, parado en el tejado, con una capucha gris y los ojos bien abiertos. En cuanto lo vi, me apuré a abrirle la ventana.

Se metió con una agilidad que ya conocía. Cayó sobre la alfombra y lo primero que hizo fue cerrar detrás de él.

—¿Estás loco? —susurré—. ¿Qué haces aquí? Si mis papás se enteran...

—Me vale si se enteran o no —dijo, con voz tensa—. Tenía que verte.

—¿Qué pasó?

Me miró fijo. Ese tipo de mirada que me avisa que algo viene.

—Recibí los mensajes.





pronto sabremos quien es el acosador!
🫣

Posessive- Rafe Cameron Donde viven las historias. Descúbrelo ahora