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La noche estaba cargada

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La noche estaba cargada. No hacía frío, pero yo temblaba. Rafe había llegado hace rato, como siempre, trepando por mi ventana con la misma habilidad que un ladrón de mitos... o de corazones.

Estábamos sentados en el suelo, con la luz de la linterna apenas encendida y los celulares entre las manos. Ambos tensos. Cansados.

Y entonces llegó.

El nuevo video.

2:03 a.m.
Número oculto.
Solo una palabra:
"Más cerca."

Rafe lo abrió primero.

Era otra grabación. Esta vez desde un ángulo extraño: una cámara al interior de una tienda, oculta entre los estantes. En el fondo, aparecíamos nosotros. El día que entramos a comprar baterías, justo después de que escapamos.
La toma se mantenía fija... hasta que, en el reflejo de una vitrina, apareció una figura borrosa.

—Pausa —dije de inmediato.

Rafe se inclinó. Hizo zoom.
Y ahí estaba.

Una chaqueta negra con un logo visible, apenas distinguible... pero yo lo reconocí.

—Eso es del equipo de entrenamiento del colegio. De los viejos uniformes que solo les dieron a los de último año hace dos temporadas.

—Yo tenía una igual —dijo él—. ¿Tú sabes quién más?

Lo pensé. Me dolió pensarlo.

—Carlo —dije, sin querer decirlo en voz alta—. Carlo tenía una.

Silencio.

—¿Tú crees que...?

—No lo sé —dije, sintiendo el estómago cerrarse—. Pero lo vi una vez usando algo muy parecido cuando fue a casa después de que volvimos. Y nunca lo noté... hasta ahora.

Rafe me miró con los ojos oscuros, como si estuviera conteniendo fuego.
No era celos. Era protección salvaje.

Se acercó despacio.

—Sea quien sea, lo vamos a encontrar. Te lo juro. Nadie vuelve a tocarte. Nadie.

Su voz temblaba. Pero no de miedo.
Era furia.
Era amor.
Era todo lo que llevábamos acumulado en silencio desde que esto empezó.

Y sin pensarlo más, lo besé.
No un beso tierno. No un beso lento.

Uno que quemaba.

Me subí sobre él, empujándolo suavemente hacia el suelo de alfombra. Sus manos recorrieron mi espalda con ansiedad contenida. Bajaron por mi cintura y me pegaron a su cuerpo como si quisiéramos fundirnos en uno solo.

—Te necesito —susurré contra su cuello.

—Me tienes. Siempre —dijo entre jadeos, mientras bajaba la camiseta que traía puesta.

La temperatura subió como fuego en la sangre.
Me deslicé sobre él, y sus manos encontraron el borde de mi short. Lo bajó con cuidado, con desesperación. Cada roce, cada toque era una forma de decir "aquí estoy, aún estamos vivos."

Lo miré a los ojos mientras me deshacía de lo que quedaba entre nosotros.

—Hazme olvidar —le pedí.

—No —respondió él—. Quiero que recuerdes. Que recuerdes que esto es real. Que yo lo soy.

Y entonces lo hizo.

Me besó como si fuéramos el principio y el fin del mundo.

Entró en mí con un gemido bajo, cargado de emoción. Nos movimos en sincronía, lento al principio, con cuidado. Como si estuviéramos bailando en medio del peligro.

Mis uñas se clavaron en su espalda.
Su aliento se mezclaba con el mío.
Su voz se quebraba al decir mi nombre.

Fue suave y fue intenso. Fue todo.

Y cuando finalmente nuestros cuerpos cayeron rendidos, envueltos en calor, en suspiros, en la magia de habernos encontrado una vez más... supe que por más que nos espiaran, por más que nos persiguieran...

Nadie podía robar lo que sentíamos.

Cuando recuperamos el aliento, y me quedé sobre su pecho, con los dedos jugando con su collar, Rafe rompió el silencio:

—Vamos a descubrirlo. Vamos a desenmascararlo.
Y cuando lo hagamos... esta historia la vamos a escribir nosotros.

Asentí.
Con miedo.

Posessive- Rafe Cameron Donde viven las historias. Descúbrelo ahora