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Anna

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Anna

La casa huele a distancia.

Todo sigue en su lugar , los marcos perfectamente colgados, las cortinas lavadas con suavizante caro, el silencio estricto que mis padres imponen como regla sagrada. Pero yo ya no pertenezco a este lugar.

Estoy sentada en el sofá, con la televisión encendida solo para tener algo de ruido. No la estoy viendo. Estoy pensando en Rafe. En la celda fría. En sus palabras detrás de esa reja:

"No dejes que te cambien."

El timbre suena. No espero a nadie.

Me levanto y abro la puerta.
Y ahí está.

Carlo.

Con su camisa blanca , el cabello peinado hacia atrás, y esa expresión que mezcla orgullo con decepción.

—Hola, Anna —dice, con las manos en los bolsillos.

—Hola.

Nos quedamos en silencio por unos segundos incómodos. Luego, él da un paso adelante.

—¿Puedo pasar?

Dudo. Pero me hago a un lado.

Camina como si aún fuera parte de este mundo perfecto. Se sienta en el borde del sillón, me siento frente a él, cruzando los brazos.

—Tus papás me llamaron —dice al fin—. Me dijeron que habías vuelto. Que... que te fuiste con Rafe.

Asiento, sin bajar la mirada.

—Sí.

—¿De verdad? —suelta, como si le costara decirlo—. ¿Con él, Anna?

No respondo.

—¿Después de todo lo que hablamos? ¿Después de que casi me muero de preocupación cuando desapareciste?

Sus palabras no me atraviesan como pensaba. Siento el eco de la culpa, sí. Pero es suave, lejano. Como si me hablara desde una vida anterior.

—No tenías que preocuparte por mí, Carlo. No te pedí que lo hicieras.

Él ríe, incrédulo.

—¿Eso es lo que tienes para decirme? ¿Después de todo lo que fuimos?

—¿Y qué fuimos, exactamente? —pregunto, con calma—. Dos personas saliendo porque te gano la intriga de lo "prohibido" que era para ti salir conmigo.

—¡Yo te quería!

—¿O querías la versión de mí que no decía lo que pensaba? —le lanzo—. ¿La que sonreía bonito en las cenas familiares? ¿La que no se iba en yate con el chico que todo el mundo odia?

Él se queda callado. Su mandíbula se tensa.

—No vine a pelear —dice más bajo—. Solo vine a terminar esto. A decirte que no quiero saber nada más de ti.

—Ya lo habías hecho el día que desaparecí —respondo—. Esto es solo un formalismo, ¿no?

—No tienes ni idea del daño que hiciste. A tus papás, a mí, a toda tu familia.

—No —le interrumpo—. –Lo que hice fue dejar de fingir. Y eso es lo que nadie soporta.

Carlo se levanta. Y por un segundo, veo algo en su mirada. Dolor, sí. Pero también orgullo herido.

—Vas a arrepentirte —dice, casi como una amenaza—. Cuando él te deje. Cuando estés sola y sin nada.

—Tal vez. Pero al menos no voy a vivir arrepintiéndome de haberme quedado donde no era feliz.

Se queda ahí, de pie, sin saber qué más decir. Y yo solo lo miro. Porque lo siento. De verdad lo siento por él. Por todo lo que creyó que tenía. Por todo lo que se dio cuenta que no podía controlar.

Carlo da media vuelta. Y se va.

La puerta se cierra con un clic. Un sonido simple. Final.

Y ahí estoy. Sola en la sala. Con el corazón latiendo lento, como si estuviera cansado de tanto.

Pero tranquila.

Porque lo único que me importa ahora...

Está esperando.
Y yo no pienso dejarlo solo.

•••

Abro la puerta de la casa en donde sabría que estarían todos, lo primero que sentí fue el nudo en la garganta.

—Wow —dijo, con una mezcla entre alivio y juicio—. La fugitiva volvió.

—Hola, Kie —susurré, apenas.

Ella me miró un segundo más. Y luego me abrazó tan fuerte que me hizo doler los huesos.

—Idiota —me dijo entre dientes—. Te extrañé como no tienes idea.

Detrás de ella, comenzaron a asomarse todos. Sarah, con lágrimas ya cayendo antes de hablar. John B, con una sonrisa torcida de esas que no sabes si significan "te odio" o "te extrañé". Pope, serio, pero con los ojos brillando. Y JJ... bueno, JJ me levantó como si pesara una pluma.

—¡Mírenla! ¡Anna gótica! ¿Qué te pasó, te metiste a una banda de punk en las Bahamas o qué?

Todos rieron. Incluso yo. Mi cabello ahora era negro como la noche, lacio, largo. Algo dentro de mí había cambiado, y sin quererlo, se reflejaba afuera también.

—No tenía tinte rubio en la isla —bromeé.

—¿O sea que sí fue en las Bahamas? —interrumpió Pope, cruzándose de brazos—. ¿No era un rumor?

—No era un rumor —dijo Kiara, volviéndose seria—. Y tampoco lo era lo otro... te fuiste con él. Con Rafe.

Silencio.

No incómodo. Solo... denso.

Como si todos estuvieran sosteniendo la respiración.

Asentí despacio.

Posessive- Rafe Cameron Donde viven las historias. Descúbrelo ahora