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Anna

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Anna

No me importó la hora, ni las miradas que la gente me lanzaba al entrar corriendo a la estación de policía. Solo podía pensar en él. En sus ojos buscando los míos entre la oscuridad. En sus manos temblando al escribir ese mensaje que me partió el alma.

"No te quedes ahí. Algo no está bien. Me están siguiendo. Nos vemos donde siempre."

Pero no llegó.
Y yo supe, en ese instante, que lo habían atrapado.

—Quiero ver a Rafe Cameron —le digo a la oficial de recepción, con la voz firme, aunque todo dentro de mí se esté desmoronando.

Ella me mira, confundida al principio, luego parece reconocerme. O tal vez reconoce mi apellido.

—Lo siento, señorita Carrera, no está autorizada a...—

—¡Déjeme verlo! ¡Solo quiero verlo! —grito sin pensar, con la desesperación en la garganta.

En ese momento, alguien entra por la puerta principal. Mi mamá. Y detrás de ella, mi papá, con esa expresión de hielo que conozco tan bien.

—Anna Carrera —dice mi madre, agarrándome del brazo con fuerza—. ¿Qué crees que estás haciendo?

—Estoy tratando de ver a la persona que amo. ¿Es un crimen ahora?

Mi papá se adelanta, colocándose entre mí y el mostrador.

—Rafe está donde debe estar —dice sin titubeos—. Y tú no vas a acercarte a él otra vez. ¿Está claro?

—¡No puedes obligarme! —respondo, sacudiéndome su agarre—. No pueden controlar con quién quiero estar.

—Mientras vivas bajo nuestro techo, vas a hacer lo que decimos. —Su voz es tan dura que me corta la piel.

—¡Lo quieren destruir solo porque no es lo que esperaban para mí!

—¡No es eso! —exclama mi madre, pero sus ojos se desvían, como si no pudiera sostener mi mirada—. Es peligroso, Anna. Te arrastró a una locura. A escapar del país. A esconderte como una criminal.

—Me llevó a un lugar donde por fin me sentí libre. ¿Eso es tan imperdonable?

—¡Sí! —grita mi papá—. Porque él no es bueno para ti. Porque si te lastima, no vas a poder salir. Vas a acabar como él. Preso. Solo. Roto.

Me quedo en silencio. Porque por primera vez, veo el miedo real detrás de su ira.

Pero eso no cambia nada.

Porque aunque Rafe esté en esa celda, no está solo. No mientras yo respire.

—Quiero verlo —digo, mirando a la oficial otra vez—. Solo unos minutos. Se lo ruego.

Ella duda. Se gira hacia mi padre, que ya saca su teléfono y empieza a hacer una llamada.

—Ward Cameron pidió que no reciba visitas —dice él con frialdad—. Ni siquiera tú, Anna.

Y ahí lo entiendo todo.

No solo lo arrestaron. Ward quiere que Rafe se pudra ahí dentro. Y mis padres... están colaborando con él.

—¿Sabes qué? —susurro—. Puede que tengan el poder ahora. Pero no voy a olvidarlo. No voy a olvidarlos a ustedes por esto.

Me doy la vuelta. Camino hacia la puerta. Pero antes de salir, escucho un susurro:

—Anna.

Vuelvo la mirada.

Rafe está ahí. Detrás de una reja del pasillo. Las esposas le aprietan las muñecas. Hay un corte sobre su ceja, seco, ya sin sangre. Pero sus ojos... sus ojos siguen brillando como la primera vez que me miró.

—No dejes que te cambien —dice.

Antes de que pueda acercarme, un oficial lo empuja de vuelta al fondo del pasillo.

—¡RAFE! —grito, pero mi madre ya me jala con fuerza hacia afuera. Las puertas se cierran. Y con ellas, el único pedazo de paz que tenía en este maldito pueblo.

Salgo. Lloro. Me ahogo.

Pero no me rindo.

Porque lo vi.

Y él sigue ahí.

Esperándome.

Posessive- Rafe Cameron Donde viven las historias. Descúbrelo ahora