𝗧𝗘𝗥𝗠𝗜𝗡𝗔𝗗𝗔
Amar a Rafe Cameron nunca fue fácil.
No era el tipo de amor que llega suave, que se acomoda sin hacer ruido. Era un amor que dolía, que ardía, que rompía todas las reglas y desafiaba todos los límites. Uno de esos amores que la ge...
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Ana
Volver a casa fue más difícil de lo que pensé.
No hubo gritos. No hubo drama. Solo silencio. Ese silencio helado que corta más que cualquier palabra.
Mi mamá apenas me miró. Mi papá ni siquiera bajó las escaleras cuando entré.
—Estás castigada —dijo mi mamá con voz firme—. Desde hoy y hasta nuevo aviso, no sales de esta casa. No hay visitas. No hay llamadas. Solo escuela, tareas y esta familia. Te vas a encerrar aquí... como si no existiera nada más afuera.
No supliqué. No grité. Solo asentí.
Tal vez una parte de mí sabía que me lo había ganado.
Subí las escaleras y me encerré en mi cuarto. Me senté en la cama en silencio, mirando el celular que me devolvieron "con supervisión".
No había mensajes de nadie. Solo el eco de lo que acabábamos de vivir.
Y la esperanza de que él estuviera bien.
•••
Rafe
La puerta principal se cerró con fuerza cuando entré. La casa estaba vacía. Fría. Con ese mismo olor caro y falso de siempre.
Ward estaba en el estudio, sentado como si nada. Con su copa de whisky, sus papeles, su mundo perfectamente montado.
Me detuve en la entrada. No dijo nada al verme.
—¿Eso es todo? ¿Me ves entrar y no dices una maldita palabra? —solté, cruzando los brazos.
—¿Qué quieres que diga? —respondió, sin mirarme—. ¿Que me alegra que te hayas escapado como un criminal? ¿Que has hecho quedar a esta familia como un chiste?
—No, papá. Quiero que escuches esto. Y que lo entiendas bien —me acerqué hasta su escritorio—. Si vuelves a mover un dedo para meterme a la cárcel... Muestro todo.
—¿Todo qué?
—Tus movimientos. Tus desvíos. Las transferencias falsas. Los tratos con empresas que ni existen. Todo eso que he visto durante años, que tú pensaste que nunca entendí.
Ward me miró por primera vez. No como a un hijo. Sino como a una amenaza real.
—No sabes de lo que estás hablando.
—Sé más de lo que crees. Y tengo pruebas. Tengo copias. Así que hazlo. Intenta hundirme otra vez. Pero esta vez, te arrastro conmigo.
Silencio.
Podía ver la furia en sus ojos.
El miedo disfrazado de orgullo.
Por primera vez, tenía el control.
—¿Y todo esto por una chica? —escupió—. ¿Vas a destruir tu apellido por ella?
—No es por ella —dije con calma—. Es por mí. Porque ya no pienso vivir bajo tu sombra. Ni ser el monstruo que tú creaste para proteger tu dinero. Así que si quieres seguir jugando sucio... hazlo sin mí.
Me di la vuelta. No esperaba que me detuviera. Ni que cambiara.
Solo quería que supiera que esta vez, no iba a agachar la cabeza.
•••
Ana
Llevaba días sin salir. Días en los que la casa se sentía como una jaula, y el silencio, como castigo.
Pero a pesar de todo... no me arrepentía. Ni un poco.
Cada noche, antes de dormir, pensaba en él. En cómo me miró. En cómo se quedó.
Y aunque el mundo tratara de separarnos...
Sabía que Rafe no iba a dejar que nos hundieran otra vez.