44

692 39 0
                                        

Mi corazón se hundió

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Mi corazón se hundió.

—¿También a ti?

Asintió. Sacó su celular. Me mostró uno: era el video del cobertizo, desde otra toma. Más cercana. Más nítida.

—No solo nos están vigilando —dijo—. Nos están grabando desde hace días.

Me senté en la cama, temblando un poco.

—Rafe... yo también los estoy recibiendo. Desde hace días. No te lo dije porque...

—Porque querías protegerme —completó él, molesto—. Porque ibas a investigar por tu cuenta, ¿verdad?

Me quedé en silencio.

—No lo hagas —dijo, acercándose—. No vas a arriesgarte por esto. No sin mí.

—¿Y si no lo hacemos nadie? ¿Y si seguimos huyendo para siempre? ¿Y si el próximo mensaje no es un video... sino algo peor? —mi voz se quebró—. No puedo quedarme cruzada de brazos, Rafe. No otra vez.

—¿Y crees que yo sí? —se agachó frente a mí, tomándome de las manos—. Te juro que me muero de ganas de encontrar al que está detrás. Pero no vas a ponerte en peligro sola. No contigo. No mientras te tenga.

Sus palabras me desarmaron.

—No confío en nadie —dije—. Y me da miedo que esto venga de alguien cercano. Alguien que conoce todos nuestros pasos.

Rafe tragó saliva.

—¿Crees que pueda ser alguien de nuestro círculo?

—No lo sé —respondí bajito—. Pero alguien nos sigue. Y sabe todo. Incluso cosas que no deberíamos haber dicho en voz alta.

Nos quedamos un momento en silencio. Solo se escuchaba mi ventilador y mi corazón latiendo fuerte.

Él se incorporó y caminó por la habitación.

—Vamos a hacer esto bien —dijo finalmente—. Lo vamos a investigar. Pero juntos. Yo también voy a escribir lo que recuerde. Vamos a juntar pistas. Sin contarle a nadie más por ahora. Nadie.

—¿Ni a Sarah?

—Ni a Sarah. Ni a JJ. Nadie. No hasta que sepamos en quién podemos confiar.

Asentí. Y en ese momento, entendí que el juego había cambiado.
Ya no solo se trataba de sobrevivir al odio de los padres, ni de escapar de la policía.

Ahora... estábamos atrapados en algo más grande.
Alguien nos miraba. Nos estudiaba.
Y quería que sintiéramos miedo.

Pero lo único que sentí esa noche fue la certeza de que Rafe estaba conmigo.
Y que esta vez, no iba a dejarme sola.

•••

Pasaron tres días sin mensajes nuevos.

Tres días en los que apenas dormí. Rafe venía por las noches, siempre por la ventana, y se iba al amanecer. Como si fuéramos fantasmas en nuestras propias vidas.

Y cada noche, hacíamos lo mismo:
Apagábamos las luces. Poníamos los celulares en modo avión. Y abríamos los malditos videos.

El del muelle.
El del cobertizo.
Uno más que le llegó a Rafe, donde salíamos caminando por una calle secundaria rumbo a casa de Kiara.

—Mira esto —dijo Rafe esa noche, deteniendo el video justo antes de que entráramos al bosque.

Se acercó más al celular y usó los dedos para hacer zoom en la esquina inferior derecha de la pantalla.

—¿Lo ves?

Me incliné. Al principio no entendía. Solo era un reflejo borroso.

—¿Qué es?

—Parece una silueta... en el retrovisor de una camioneta.

Ajustamos el brillo, la nitidez, lo ralentizamos. Hasta que lo vimos.

Una figura.

Alguien dentro de una camioneta color vino, estacionada en la esquina. Casi invisible. Pero no tanto como pensaban.

—Eso estaba grabado desde el otro lado de la calle. Esa camioneta estaba justo frente a nosotros cuando pasamos —murmuré.

—Y la silueta... —Rafe se alejó un poco del celular y me miró—. No es alguien cualquiera. Está tomando algo. Un teléfono. Una cámara tal vez.

—Y mira el objeto colgado del espejo —añadí, dándole pausa otra vez—. Esa cosita que cuelga ahí... ¿es un dije?

—No —dijo Rafe, frunciendo el ceño—. Es un llavero. Uno plateado. Como los que venden en la tienda de surf donde trabaja JJ a veces. ¿Te acuerdas?

Se me congeló el cuerpo.

—Sí... y ese modelo en específico... solo lo daban en las tablas personalizadas que mandaban hacer ahí. Kiara tenía uno.

—Y Sarah también —añadió él.

Nos miramos, en completo silencio.

El corazón me empezó a latir más rápido.

No queríamos pensarlo. No queríamos ir ahí.
Pero la posibilidad estaba sobre la mesa.

—¿Y si no fue alguien completamente ajeno? —dije en voz baja—. ¿Y si alguien cercano... alguien de adentro... está jugando con nosotros?

—No lo sé —dijo Rafe, pero su voz ya no sonaba segura—. No sé si fue Kiara, Sarah... o alguien más que estuvo cerca de esas cosas. Puede que hayan robado el llavero. Puede que solo nos estén engañando.

—O puede que alguien nos esté vendiendo desde el principio.

Esa noche no hicimos el amor. No reímos. No nos besamos.

Solo nos sentamos uno al lado del otro en la cama, sin hablar mucho, viendo una y otra vez ese segundo de video donde el reflejo en el retrovisor parecía sonreírnos desde la oscuridad.

Y por primera vez, sentí que lo que había empezado como una amenaza...era mucho más que eso.

No era solo alguien que nos quería separar.

Era alguien que quería manipularnos. Que conocía nuestros pasos. Que sabía exactamente cuándo mirar. Y lo que era peor: sabía a quién acercarse para no levantar sospechas.

Posessive- Rafe Cameron Donde viven las historias. Descúbrelo ahora