Capitulo 24

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Rumbo a su habitación, Aegon apenas podía procesar todo lo que Aemond le había contado. Aún resonaban en su mente —y en su corazón— las palabras sobre Rhaenyra acercándose, la existencia de los omegas, la mafia... y, más desconcertante aún, el tema de la rosa.

Aegon, sentado junto a él, lo había escuchado sin interrumpirlo, con atención inusual. Al final, solo penso, Lucerys tiene un plan. Lo que todavía no entiendo es por qué no nos pueden ver juntos.

Aemond bufó, inquieto.

—Tienes que calmarte, Aemond. Si sigues tan alterado, no vas a poder pensar con claridad.

—¿Cómo esperas que piense con claridad cuando ni siquiera entiendo la mitad de lo que está pasando a mi alrededor? —exclamó, dejándose caer boca abajo en la cama, con el rostro enterrado entre las almohadas.

Aegon se acercó a él, una sonrisita divertida en los labios. No podía negar que, a pesar del caos, todo le parecía un poco gracioso.

—¿Recuerdas cómo era nuestra vida hace una semana?

—¿Te refieres a cuando vivíamos todos juntos en casa, sin dramas amorosos con alfas, sin ser parte de una familia que nos abandonó durante años y cuyo liderazgo ahora pertenece a nuestra media hermana? —respondió Aemond, alzando la cabeza apenas—. ¿Esa misma hermana que, cuando descubra que nos enredamos con sus hijos y no cumplimos el propósito por el que nos trajo aquí, probablemente nos mate? Sí, claro, la vida antes era bastante más sencilla.

Aegon soltó una carcajada.

—El recuerdo siempre lo embellece todo, ¿no? Pero seamos honestos: hace una semana vivíamos entre carencias, burlas y el desprecio de la sociedad. Segundo, ese alfa con el que ahora estás está súper guapo, es millonario y, por lo que me has contado, te trata mejor que nadie. Créeme, yo tengo experiencia en eso. Tercero, es tu medio sobrino... y con "medio" ya casi ni cuenta. Y cuarto: ¿cómo que "nos"? Porque yo, querido hermano, puedo decir con seguridad que no he tocado a ningún hijo Targaryen.

—Espera... —Aemond se sentó de golpe—. ¿Tú y Jacaerys no tienen nada?

—¿Jace? No, ¿cómo se te ocurre? —respondió Aegon, encogiéndose de hombros—. No sabría decirte exactamente qué somos, pero no estamos en ese plan. Digamos que somos... una clase de amigos que han pasado por muchas cosas juntos, que se entienden y se apoyan. Es más como un vaivén emocional, no un romance de cuento.

Dicho eso, se dejó caer hacia atrás con la mano en la frente, de forma dramática. Aemond lo imitó, acomodándose a su lado.

—Entonces... ¿qué vas a hacer con tu destinado?

Aemond rodó los ojos con fastidio, reconociendo el tono irónico de su hermano.

—No lo sé. Jamás creí que tendría un "destinado". De por sí, tener pareja ya me parecía algo lejano... Ahora, esto del destino me queda muy grande.

Aegon lo observó, serio por un instante.

—No sé mucho sobre destinados, ni de relaciones estables —admitió—, pero lo que sí sé es que nadie te había mirado como él lo hace. Y créeme, Aemond: nadie es perfecto. Pero si alguien está dispuesto a mejorar por ti, a luchar contra viento y marea para quedarse a tu lado... eso vale más que cualquier perfección. La verdadera pregunta es: ¿estás dispuesto a luchar tú también?

Aemond se quedó en silencio, reflexionando. No hablaron por un buen rato, hasta que Aegon rompió la quietud:

—Por cierto... ¿dónde está tu destinado?

—Tienes que dejar de decirle así —respondió Aemond, fingiendo molestia—. Dijo que tenía varias cosas que hacer hoy. Probablemente llegue tarde... o quién sabe.

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⏰ Última actualización: Aug 21 ⏰

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