Llego la hora acordada, los omegas se dirigió al lugar acordado, decir que estaban aterrorizados era poco, primero los hicieron vestir túnicas muy provocadoras que dejaban muy poco a la imaginación, después unos guardias llegaron por ellos y guiarlos por los grandes y largos pasillos de la mansión pero estos no parecían pasillos normales, más bien parecían pasillos secreto, donde los secretos e impurezas de la mansión no debían de salir a la luz, llegaron a salón donde se dieron cuenta que si el infierno existe es en este mundo y este salón, se podría observar como los alfas llevaban los omegas a su merced, hasta el punto de unos estar teniendo sexo en el lugar, otros siendo llevados de un lugar a otros encadenados como forma de fetiche, otros pobres estaban siendo drogados en el lugar siendo un simple acto de diversión para los alfas al ver la reacción de los omegas, como se dijo un completo infierno, se miraron entre sí y avanzaron, ellos sabían porque estaban allí, la labor que tenían que cumplir a si que no iban a pelear ya que eso solo saldría peor para ellos, cada uno fue tomado por diferentes alfas, al ser su primera vez en el lugar y ser los hijos de difunto Viserys, todos querían estar con ellos y poblar un poco de ellos.
Aemond no sabía que hacer si bien sabía que podría salir lastimados si se oponía tampoco quería ser comida para estos asquerosos seres que solo pensaban con lo que estaba entre sus piernas, siempre supo que la vida de los omegas era difícil, la sociedad había avanzado y tenían más oportunidades pero eso no negaba el hecho de que muchas personas aún los seguía viendo como simple objetos de satisfacción y reproducción, sircustancia que lo enfureció, el no había pedido esta vida, nunca lo hizo, no quería ser el bastardo de Viserys, no quería ser hijo de la abandonada Alicent, su infabcia ademas de tener las claras carencias economicas, lo que fue aunpeor sin duda fue la falta de amor en su vida, nunca se ha sentido realmente amado, su padre lo rechazo todo el tiempo y su madre era como un alma en pena en la casa en que vivían, siempre se veía lamentable y no es que hiciera mucho por ellos, a duras penas podía con ella. Así que él y sus hermanos tuvieron que aprender a hacer las labores del hogar desde jóvenes, responsables de ellos y de su madre, además de los constantes comentarios de las personas humillandolos y despreciandolos, no fue fácil pero lograron que en un punto dejara de doler... tanto.
Un alfa se acercó a él, se sento a su lado, era un anciana, calvo y a ojos ojos de Aemond "asqueroso y repugnante" el hombre empezó hablandole acerca de colo estaba de encantando con si belleza, después empezó tocando sus piernas, las acariciaban de una forma lasciva, Aemond no pudo más, aparto al anciano de su alcancé y salió corriendo, quería salir de ese lugar, lo necesitaba.
Corrió por los pasillos de la mansión, no sabía a donde iba, solo corría por instinto rogando porque cada dirección que escogía fuera la indicada, la dirección que lo sacara de allí, por fin llegó a uno de los pasillos principales, sabía que si seguía por este camino llegara a la puerta y saldría de esa mansión pero no fue así, cuando menos lo espero un grupo de alfas los atrapó.
"Pero miren lo que tenemos aquí ¿en serio creíste que podías huir?"- dijo uno de ellos mientras otros dos lo acorralada contra el suelo- "sabes lo que hiciste no está bien, estos hombres de aquí trabajan bajo mucho estrés y van allí para sentirse bien y complacidos pero tú acabas de rechazar a uno de nosotros y eso es una ofensa, él es un hombre que trabaja duro por esta casa y tú solo eres un omega, una puta para nuestra placer así que antes de volverte a llevar allí te enseñaremos a respetarnos.
Aemond estaba asustado, podía ver en su mirada lo que iban a hacer y no quería, nunca quiso esta vida, quería morir antes de que alguno de estos alfas lo tocara.
Cada uno de los alfas empezó tocándole partes del cuerpo, era un tacto repugnante al no llevar casi prendas de ropa, tenían más accesibilidad a su piel, Aemond se sentía sucio, no lo quería, no lo quería así que empezó a gritar, su omega también se empezó a sentir ansioso y chillando por que alguien viniera a restarle, no quería que así fuera su primera vez, no con estos asquerosos alfas. Ellos solo
¿Enserio crees que alguien vendría a ayudarte?- se mufo el alfa- ¿quien vendría a ayudar a un asqueroso omega bastardo?
Aemond se quedó en shock por un momento, era cierto, esa era su destino ser humillado y utilizado, solo por ser el bastardo de Viserys y por mucho que odiara su situación era algo que debía aceptar, ser el juguete de estos alfas. Así que poco a poco dejo de resistirse sabía que no podía salir de esa situación asi que aceptarlo era lo más fácil.
"Ya te rendiste"- afirmó el alfa- "eso es bueno, que aceptes de una vez por todas tu lugar"- el alfa prosiguió a acercarse al omega para mirar lo que tenía bajo las finas telas entre sus mulos y ese era el final para Aemond o al menos eso fue lo que pensó.
Cerro los ojos fuertemente esperando un tacto que nunca llegó pero si un estruendo fuerte, sintió como los brazos que lo acarreaba era despojos de su lado, sin saber que era lo que pasaba decidió abrir sus ojos y lo vio.
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Mi único Omega
Științifico-fantasticAemond sabia que tendría un destino cruel desde que se presentó como omega y además ser un bastardo de la casa targaryen. El era hermoso, Todos lo sabían pero para lo que algunos era una bendición para él era todo lo contrario, siempre odio su vida...
