Capítulo 5

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"Que haces aquí"- pregunto el alfa.

Aegon no sabía que hacer, ¿que se suponía que debía decirle "hola soy el hijo bastardo del difunto jefe Viserys Targaryen, estoy aquí como prostituto y me salí del salón porque mi hermano desapareció " si, definitivamente eso no.

"Soy el jardinero"- dijo después de pensarlo unos segundos.

"¿El jardinero?"- pregunto incrédulo el alfa.

"Si ya sabe, la persona encargada de cuidar los jardines, regar las plantas, fertilizar.."

"Se lo que es un jardinero"- interrumpió el alfa- "pero lo que no entendido es ¿por qué estas aquí? Se supone que se devén encargar de los jardines principales ¿no es así?".

"Eh si, pero has visto como esta el jardín esta muy descuidado, mira no más estas flores, tanto potencial que tienen y ¡míralas!, estaba todas marchitas, el césped ¡oh, Por favor! El césped esto es un delito, entre el césped se puede esconder una familia completa de gigantes, ¿cuando fue la última vez que lo cortaron eh? Y por y último, el lago ¿sabes la suerte que tienen de tener un lago y lo desperdician así, esta sucio y descuidado, como jardinero profesional no puedo dejar éste en el olvidó,  no seria muy ético de mi parte"- Aegon no sabía de dónde había sacado todo eso, pero juntando su poco conocimiento en plantas y su muy exagerada personalidad, porque debía admitirlo, se había lucido con su actuación muy dramática, Había logrado dejar pasmado al alfa, rogaba porque en serio se creyera todo esto.

"Esta bien"- dijo el alfa- "entonces no dude en decirme si necesita algo señor..."

"Primero"- interrumpió Aegon- " no soy señor, no estoy casado y en tal caso que lo estuviera sigo siendo muy joven para ser señor" dijo con molestia.

"Le pido disculpas, no quería ofenderlo"- Aegon asintió a sus palabras, aceptando sus disculpas- "pero aún no me ha dicho como se llama"

"Ae.."- no, no podía decirle su nombre, no lo conocía, nisiquiera sabía si era de confianza, si le decía su nombre y este lo reconocía podría llevarlo devuelta a la habitación y ahora tenis que buscar a Aemond.

"Ae.." -insistió el alfa.

"Ae..r...gar, Aergar me llamo Aergar"- ¡¿ Aergar!? Se recriminó, claro porque Aegon y Aergar no son para nada parecido, pero ya le había dicho ese ridículo nombre, ahora solo seguirá hablando con naturalidad para que el alfa se lo crea.

"Esta bien, Aergar, entonces si necesitas algo puedes llamarme, soy Jacaerys"- concluyó el alfa con una sonrisa y estirando su mano.

Aegon respondió la acción apretando su mano, lo que hizo que se acerca un poco más al alfa, ahí puede oler las feromonas de éste, tenía un olor peculiar era un olor a bosque, sabía que estaba en un lugar rodeado de plantas pero al acercarse a él, este olor era mucho más fuerte, provenía de el alfa, su omega se sintió muy complacido con este olor, quería tirar se encima del alfa pero se contuvo ahora tenía prioridades. Se soltó de la mano del alfa y vio como este daba una vuelta y se iba, cuando ya no pudo ver al alfa, se apresuró a encontrar una entrada a la mansión, siguió un camino que lo llevó a lo que parecía la cocina, afortunadamente no había nadie en el lugar, así que decidio inspeccionar el lugar, a ver si encontraba algún rastro de Aemond, de pronto escucho como se acercaban personas, así que decidio esconderse debajo de la mesa, afortunadamente tenia un mantel que lo cubría.

"¿Cómo te fue con el invitado del señor?"- dijo una chica- "apenas si pude hablar con él, parecía muy desorientado como drogado, no se, es muy extraño"- concluyó la otra chica que la acompañaba, podía adivinar que ambas eran betas.

"pobre, si que hizo un alboroto anoche, tres alfas estaban con él, dicen que salió corriendo de la habitación de placer"

"Si, pobre, agradezco no ser omega, es el peor destino que se puede tener"- Aegon rodó los ojos mientras escuchaba, pero se dio cuenta de que estaban hablando de Aemond, al menos sabía que seguía en la mansión, ahora solo debía saber en que parte estaba, claro como si no estuviera en una mansión.

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Aemond estaba harto de la situación, estaba parado en una esquina de la habitación esperando que Lucerys le diera la respuesta que necesitaba, pero no, él alfa estaba sentado en un sillón de la habitación acompañado de la botella de vino.

"¿Cambiará algo?"- dijo finalmente.

"¿Disculpa?"- dijo con fastidio el omega.

"En este momento ya tienes un prejuicio en tú cabeza ¿cambiará algo?"

"No tengo ningún prejuicio en la cabeza"- dijo con irritación-" solo quiero saber la verdad, el por qué de tus acciones"

Lucerys dejó la copa de vino en la mesa que tenía al lado, se levantó y empezó a caminar lentamente hacia el lugar de Aemond, éste empezó a retroceder hasta que tocó la pared, miró los ojos del alfa acechando, como un lobo acechando a su presa. Pero Aemond no se dejaría intimidar sostenía una postura desafiante y sosteniendo la mirada, quería respuestas y sabía que no tenía que dejarse intimidar por el alfa.

Lucerys se paro frente al omega mirando directamente sus ojos-"no lo hice porque mi madre me lo haya pedido"- dijo con una voz calmada mientras tocaba uno de los largos mechones de cabello del omega-" lo hice porqué no puede evitar correr a ti, no tengo otras intenciones; si hablamos de la razón, no tengo una clara por la cual te aparte de esos alfas, solo sentí que era lo que tenia que hacer".

Aemond se quedó asombrado por las palabras que el alfa le había dicho, era la primera vez que escuchaba hablar tanto al alfa, se sentía nervioso este estaba tan cerca que fácilmente sus respiraciones se combinaban haciendo que Aemond pudiera sentir las fenómenos del alfa, estas olían a leña pero a diferencia de lo que otros podían pensar, no era para nada desagradable, al contrario se sentía refrescante, Aemond estaba seguro que nunca había olido nada tan cautivador, fue tal su encanto que poco a poco empezó a empinar sus pies para acercar su cara poco a poco a la del alfa, sentía como este posaba sus brazos en su cintura haciendo que sus cuerpos empezarán a pegarse cada vez mas. De pronto se escucho unos golpes provenientes de la puerta.

Señor Lucerys, se necesita su presencial en la oficina de su madre.

Aemond se dio cuenta de la posición en la que estaba con el alfa, así que se aparto rápidamente quedando lo más lejos posible.

Lucerys se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la puerta, cuando tomó la manija, volvió sus rostro para encontrar la cara, noto como esta esta tan roja que nunca creyó poder a ver alguien con tal color-" espérame hasta que vuelva, en unas horas vendrán a traerte la comida, si gustas algo para distraerte puedes decirle a los trabajadores, cualquier cosa, pero no vayas a salir de esta habitación ¿entendiste?.

Aemond asintió rápidamente con la cabeza, cuando el alfa salió se derrumbó sobre sus pies, no podía creer lo que acaba de pasar, no sabía lo que hubiera hecho si no hubieran tocado a la puerta.

Después de unos minutos decidió levantarse del suelo, para ir hacia la cama, aun se sentía un poco cansado y era temprano por la mañana, así que decidio dormir un poco más y después vería lo que haría el resto del día ya que no podía salir de estas paredes, debería encontrar una forma de divertirse. De todas formas no era que tuviera muchas ganas de salir de allí, se sentía seguro donde estaba así que se quedaría allí un poco más, no quería volver a la habitación.

Mientras sentía que sus ojos se iban cerrando con gran pesadez, un pensamiento llegó a él, sus hermanos; se había concentrado tanto en él y en Lucerys que se había olvidado por completo de sus hermanos, no sabía si estaban buen después de esa noche.

Aemond sabia que no podía salir de la habitación pero necesitaba saber como estaban sus hermanos y decirle que estaba bien, pues sabía que ellos ya debían saber que se había marchado, no quería preocuparlos. Sabía lo que tenía que hacer y aunque el alfa se enojara con él no le importaba, tenía que ir y ver como estaban sus hermanos.

Se dirigió al armario por unos zapatos, pero todos al ser del alfa, estos eran muy grandes para el, así que opto por unas pantuflas que vio en el fondo era un tanto pequeñas pero no lo suficiente, pero era mejor, y así encaminó su camino hacia la puerta, a la búsqueda de poder hablar con sus hermanos.

Mi único Omega Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora