Capitulo 10

1K 100 1
                                        

Lucerys entro a su habitación con Aemond en brazos, lo poso sobre la cama acomodándolo en la posición más segura que pudo.

"¡¿Dónde está el doctor?!"-grito enfurecido.

"Señor Lucerys, el doctor, viene en camino"- dijo Lyman en la entrada de la habitación, temiendo adentrarse aún más en esta.

Lucerys no había querido apartar su vista en ningún segundo de Aemond, sujetando su mano en todo momento; sentía que si apartaba su mano o dejaba de mirarlo así sea un segundo, Aemond se irá, se veía débil, desgastado. Lo había dejado en perfectas condiciones en la mañana, pero ahora podía ver como su rostro mostraba todo el sufrimiento de estas horas y no solo eso, también el hecho en que no había parte de su cuerpo, que ahora no tenía alguna marca o moretón.

"Acércate Lyman"- su voz era profunda, pero a diferencia de hace un momento, ahora estaba más neutral, hasta el punto de ser fría.

"Quisiera saber ¿Quién te dio el permiso de sacarlo de esta habitación?"- Lucerys dejó la mano de Aemond para acercarse al beta.

"Lo siento, señor, pero yo no lo saque de la habitación"- contestó temeroso-" lo encontré en el pasillo junto a su hermano, así que los llevé devuelta a donde pertenecen yo no..."

Lucerys sujeto al beta del cuello, tirándolo a la pared más cercana-" ¿Qué dijiste?- Lucerys lo levanto de su camisa para sujetarlo contra la pared-" repítelo, ¡hágalo!"- había perdido cualquier rastro de racionalidad, su alfa era el que tenía el mando completo y no estaba para nada feliz con la forma en que se había referido a su omega.

Lucery estaba apretando cada vez más el cuello del beta, sus ojos ya no tenían sus ojos de color marrón, no, ahora estaban rojos llenos de ira en busca de sangre.

Lyman podía sentir como su aire se iba de sus pulmones, intentaba zafarse del agarre del alfa, pero no podía, el alfa lo quería muerto, sentía como su conciencia se desvanecía, sentía la muerte llamándolo hasta que escucharon un pequeño jadeo.

Lucerys dirigió su mirada hacia la cama, donde puedo ver como Aemond había despertado, o al menos parecía recuperar algo de conciencia, quito sus manos del cuello del beta para dirigirse corriendo al lado del omega.

Aemond estaba jadeando, tenía miedo, quería gritar, pero no salía ninguna palabra de su boca, solo sonidos y jadeos, no sabía dónde estaba, el miedo no lo dejaba reconocer nada, en su cabeza solo se reproducían una y otra vez los recuerdos de lo que paso antes de desmayarse, su cuerpo estaba tan adolorido y cansado que no le respondía, estaba tan inquieto que su omega empezó a chillar llamando a su alfa, solo quería sentirlo al lado suyo.

De pronto sintió como una mano tomaba la suya, era un tacto muy suave y gentil, así que respondió al contacto y la apretó, de pronto empezó a sentir un aroma refrescante, un aroma que ya había sentido antes, era el aroma de su alfa, el aroma a leña, su mirada se fijó en el alfa que estaba agarrando su mano y sintió como por sus ojos empezaban a correr lágrimas, se sentía aliviado de que Lucerys estuviera ahí a su lado.

Quería sentir a su alfa, no era suficiente con tomarse la mano, quería sentirlo aún más y sentir que ya todo estaría bien, así que soltó su mano para intentar levantarse y acercarse más.

Pero para su mala suerte el peso de su cuerpo era demasiado, así que solo pudo estirar sus brazos esperando que el alfa entendiera lo que quería.

Lucerys solo veía con tristeza al pobre omega, si bien no entendía al principio lo que quería, después de unos segundos lo comprendió.

"Sal"- dijo mientras se quitaba sus zapatos para así entrar en la cama-" y no te atrevas a volver sin el médico"-Lyman salió corriendo de la habitación asintiendo a las palabras del alfa.

Lucerys entro a la cama del omega, acomodándose con sumo cuidado de no lastimarlo, tomó su cuerpo para acercarlo hacia él y así poder abrazarlo; se quedaron unos minutos en esa posición mientras el alfa recorría con sus dedos el torso y brazos del omega, intentando calmarlo con sus feromonas.

Aemond acepto el gesto complacido, necesitaba oler el aroma del alfa, sentirlo cerca, saber que alguien lo protegía, así que se acercó lo que más pudo hacia el cuerpo del alfa, ubicando su rostro en el cuello del alfa, llenando sus pulmones del aroma de su alfa.

La habitación había caído en un completo silenció, pero a diferencia de lo que podían pensar, era un silencio cómodo, se sentían tranquilos, sus lobos estaban en paz al estar juntos, Aemond llenándose del olor a leña, mientras que Lucerys por fin pudo tener el suficiente tiempo de disfrutar de las feromonas del omega, era un aroma persistente, dulce, pero sobre todo cálido, era canela, amaba ese olor y ahora lo amaba más, ya que sabía que era el aroma distintivo de su omega.

Estaban tan complacidos en el interior sé su habitación, sus cuerpos juntos, sintiendo como sus manos se rozaban al rededor de su cuerpo, consiguiendo una calma que no había sentido hace mucho, hasta que escucharon como tocaban la puerta. Lucerys levantó su cabeza alarmado, escondiendo a Aemond aún más bajo su cuerpo.

"Señor Lucerys "- tocaron de nuevo la puerta-" el doctor ya está aquí".

Sintió como el omega empezaba a temblar bajo suyo, así que volvió a verlo y tomar su rostro-" no te van a hacer nada, ¿está bien?"- intento tranquilizarlo-" estaré a tu lado todo el tiempo"- prometió mientras besaba con ternura su frente.

Aemond termino aceptando a lo que Lucerys hace pasar al doctor con el señor Lyman, este se acerca donde estaban ambos, de inmediato se dio cuenta de la cercanía que tenían, así que le pidió al alfa que sentará al omega para poder revisarlo, no iba a acercarse de inmediato, ya que por la forma en que el alfa estaba protegiendo al omega lo más seguro es que terminará lastimado; el alfa aceptó ayudando al omega, el doctor se acercó lentamente y empezó a revisarlo, lo hizo todo con sumo cuidado para no lastimar aún más el omega, Lucerys se quedó todo el tiempo al lado de Aemond, vigilando cada movimiento del doctor, no quería que nada le pasará, sabía que no podía confiar en nadie más que en él para la salud de su omega. Después de unos minutos el doctor le informó que afortunadamente no tenía ningún hueso roto, eso calmo el corazón del alfa, pero que los golpes habían sido muy fuerte y por ello se había desmayado, le dio medicamentos al alfa para los dolores que tendría el omega además de informarles de que si había alguna otra anomalía tendrían que llevarlo al hospital por exámenes más profundos, Lucerys escucho atentamente todas las indicaciones y agradeció por haber venido, ambos betas salieron del lugar dejando la pareja sola.

"¿Por qué te fuiste de la habitación?"- preguntó Lucerys después de unos minutos

Aemond empezó a ponerse nervioso, no quería que el alfa se enojara o pensara que estaba huyendo de su lado, así que empezó a temblar de nuevo pensando lo peor.

Lucerys lo acercó aún más a su cuerpo-" no estoy enojado"- intentaba calmarlo-" solo quiero saber los motivos, descuida no te haré nada, nunca lo haría"

Decidió confiar en las palabras del alfa, así que sacó su cabeza del cuello del alfa para mirarlo a los ojos-" no quería escapar, te lo juro"- quería dejar en claro que esa no era su intención-" solo quería saber como se encontraban mis hermanos, entonces salí para verlos, encontrándome con Aegon, pero de pronto apareció el señor Lyman y nos llevó devuelta a la habitación, te lo juro que no quería volver allí, quería esperarte, pero me preocupe por ellos y cuando volvimos fue que eso alfa nos vieron y comenzaron a gritarnos y luego..."- Aemodn empezó a recordar los sucesos de esa mañana, haciendo qué nuevo empezará a perder su cordura"- y luego... yo... y... y... Aegon a él... se lo llevaron... y... y..."

Lucerys de inmediato rodeo todo el cuerpo de Aemond-" Shss, no te preocupes, solo quería saber la razón, ¿está bien?"- sobando su espalda y soltando sus feromonas, no quería que su omega se pusiera así, no era lo que estaba buscando-"¿Qué te parece si descansamos por hoy ¿si? Y cuando despiertes mañana nada de esto habrá pasado, todo será una pesadilla, nadie te toco ni hizo nada contigo, solo fue una pesadilla, ¿está bien?".

Aemond asintió entre sus brazos dejando soltar unas pequeñas lágrimas, se pegó aún más al cuerpo del alfa, estaba muy cansado y solo quería olvidar lo que había pasado ese día, así que lo último que pensó antes de caer dormido fue en las palabras del alfa, era cierto nada de lo que había vivido ese día había sucedido solo era un mal sueño, ahora estaba con Lucerys y nada malo podía suceder con él a su lado... ¿Cierto?.

Mi único Omega Donde viven las historias. Descúbrelo ahora