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La bala… había impactado, pero no en él....

Un zumbido metálico contra la pared, a apenas un par de centímetros del rostro de Mingi, una advertencia. Mingi no se movió, solo exhaló lentamente, bajando la cabeza un poco, como si hubiera esperado ese desenlace desde el principio, Yunho bajó el arma, el sudor resbalaba por su frente, mezclándose con la sangre seca, dio un paso hacia atrás, tambaleante

—Podría haberte matado —escupió, aún con el arma en la mano—No lo hice porque no quise, no porque no pudiera

—Lo sé —respondió Mingi con un tono más serio

Yunho lanzó el arma al suelo, sonó hueca, sucia. Le dió la espalda, tambaleando hacia la puerta con pasos torpes, decididos

—Muévete, necesito salir de aquí

Por un momento, Mingi no respondió, lo miró de espaldas, la figura de Yunho temblando entre la luz moribunda y solo entonces, con un suspiro que no fue de derrota, sino de algo parecido a tristeza, dio un paso hacia él, pero Yunho lo detuvo alzando la mano

—No me toques

—No iba a hacerlo —respondió con una expresión amarga—La puerta está cerrada, pero si aún tienes fuerza para odiarme, entonces aún tienes fuerza para encontrar la salida, pero solo encontrarla

Yunho no contestó, solo caminó, sin mirar atrás, el aire en sus pulmones se volvió plomo, sus pasos resonaban sobre la piedra húmeda, eco de un odio que no sabía si era nuevo o antiguo. El pasillo se abría como una herida, cada sombra parecía observarlo, la luz que escapaba de las antorchas parpadeaba, como si la oscuridad dudara en tragárselo por completo. Al llegar a la gran puerta de hierro, puso ambas manos sobre ella, empujando con las fuerzas que le quedaba, empujó otra vez, gruñendo, nada, era imposible de abrir el solo. Golpeó el metal con el puño cerrado, jadeando de frustración

—¡Maldita sea…!

A sus espaldas, el pasillo seguía vacío, se dejó caer de espaldas contra la puerta cerrada, la respiración agitada, no era miedo, no era debilidad, era frustración y entonces se quedó allí, sentado en el suelo frío, el rostro cubierto por las manos, como si pudiera ocultarse del mundo. Horas después, el silencio era tan profundo que incluso sus pensamientos hacían eco, pero algo cambió, el sonido suave de pasos, Yunho no levantó la vista, no necesitaba hacerlo, bajó sus manos lentamente y lo enfrentó con ira

—Ábrela —gruñó Yunho, levantando la vista con el ceño fruncido y los ojos enrojecidos— ¡¡Abre la maldita puerta!!

—No voy a abrirla

—¡¿Qué mierda te pasa?! —se incorporó con dificultad, tambaleante, el pecho agitado como si cada respiración fuera un puñal—¡¡Ábrela!!

—No lo haré

—¡Abre la puerta! —volvió a gritar, la voz quebrada entre odio y desesperación, apretando los puños como si la rabia le ayudara a mantenerse en pie

—No lo entiendes, ¿verdad? —respondió, dando un paso más cerca—Si la abro, se acaba todo

—¡Exacto, maldito! ¡¡Eso es lo que quiero!!

Yunho no esperó más, se lanzó sobre él con toda la fuerza que le quedaba. Mingi, aunque no lo tomó por sorpresa, no respondió con la misma violencia, esquivó el primer golpe, bloqueó el segundo y lo empujó con firmeza contra la pared

—No quiero hacerte daño, Yunho

—¡YO SÍ!

Se soltó con un giro torpe, le lanzó otro puñetazo. Mingi volvió a esquivarlo, girándolo con suavidad, sujetándolo por los brazos sin apretar de más, tratando de contenerlo más que golpearlo

𝘽𝙡𝙤𝙤𝙙 𝙋𝙖𝙘𝙩 [𝙔𝙪𝙣𝙜𝙞]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora