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Yunho no volvió a mirar atrás. Durante un instante, todo quedó en silencio, el tipo de silencio que no se siente como calma, sino como una presencia, una amenaza que respira bajito entre las paredes. Comenzó a caminar, el suelo crujía bajo sus botas y cada tabla parecía contar su propia historia, polvo, manchas viejas, clavos oxidados, el aire estaba cargado de un olor entre incienso seco y madera húmeda. Había pasado por casas abandonadas antes, misiones, emboscadas, entrenamientos con la Orden, pero esta era diferente, esta tenía memoria y no era suya
Giró a la izquierda por un pasillo angosto, casi tapizado de retratos, rostros pálidos, elegantes, inmóviles, vampiros de otra era, quizás, sus ojos pintados parecían seguirlo mientras pasaba, como si juzgaran su mera presencia allí. Yunho les sostuvo la mirada con desdén, uno por uno, hasta llegar a una sala estrecha con estanterías torcidas.

Había libros, montones, algunos parecían de alquimia, otros de historia, otros ilegibles por completo. Muchos estaban escritos en lenguas que Yunho no conocía, pero que había visto en informes clasificados de la Orden, lenguas antiguas, lenguas prohibidas, algunas páginas estaban manchadas con tinta seca, otras… ¿era eso sangre?. Revisó los lomos de algunos volúmenes, buscando palabras clave, como,  escape, sellos, puertas, rituales… Nada. Suspiró hondo, exasperado, no iba a encontrar respuestas ahí, pero no podía dejar de buscar, porque no quería volver a esa habitación.
Cruzó otra puerta y entró en lo que parecía haber sido un salón de té, cortinas grises, una chimenea apagada, un par de sillones cubiertos con sábanas, en la esquina, una vitrina cerrada con llave, dentro, objetos que parecían reliquias personales, una daga decorada, una brújula antigua, una sortija de oro negro, un frasco con algo flotando en líquido rojo oscuro. Yunho se acercó, probó abrirla, nada, estaba cerrada, resopló. ¿Qué demonios era ese lugar? ¿Por qué Mingi lo habría traído aquí? ¿Por qué esa habitación era sagrada? ¿Qué había tan importante como para preferir quedarse encerrado con su enemigo antes que abrir una maldita puerta?

Recorrería cada centímetro de esa casa si era necesario. Hasta encontrar algo. Algo que le diera ventaja, algo que le permitiera mirar a Mingi a los ojos y decirle "Te tengo" Porque mientras siguiera dependiendo de ese maldito vampiro para salir… seguiría atrapado de verdad y eso, jamás lo permitiría.
Entonces un estruendo rompió el aire como un trueno seco. Yunho se irguió al instante, la vibración le recorrió la columna y por un segundo pensó que el techo iba a desplomarse, miró a su alrededor, polvo cayendo, crujidos distantes… y un eco, un eco que venía desde esa dirección. El instinto lo empujó hacia allá antes que el orgullo pudiera detenerlo, sus pasos fueron rápidos pero silenciosos, como si temiera confirmar lo que ya sospechaba, no tardó en llegar. Se detuvo justo al borde de la habitación, medio cubierto por la sombra de la pared, sus ojos se ajustaron a la penumbra y ahí lo vio.
Mingi
de espaldas, frente a la puerta, solo, no lo había notado. El vampiro estaba inclinado, una mano apoyada en el marco y la otra… presionando contra la puerta con una fuerza absurda, como si intentara forzarla a abrirse solo con voluntad. Yunho no dijo nada. Solo lo observó. Una… dos… tres veces. Mingi volvía a intentar. Algo en sus movimientos gritaba desesperación contenida, no había violencia, pero sí urgencia, no había gritos, pero sí frustración. Yunho entrecerró los ojos. H¿De verdad quería abrirla?

Otro golpe, otro empuje, otro intento inútil y entonces lo vio...una gota, luego otra, rojo oscuro, cayendo al suelo con un tic-tac líquido. Yunho se tensó, Mingi, sin notarlo, se llevó la mano a la nariz y limpió con rapidez la sangre que fluía de forma inquietante, luego, volvió a intentarlo. Yunho frunció el ceño, no, no iba a preocuparse, no por él
Se cruzó de brazos y habló desde donde estaba, con ese tono seco que usaba cuando estaba harto y no quería admitir que algo le inquietaba

—Vas a reventarte el cerebro antes de abrir eso —dijo, con sorna—Mira, no es que me importe, pero si vas a morir, al menos asegúrate de abrirla primero, no quiero quedar enterrado junto a ti en este puto mausoleo

𝘽𝙡𝙤𝙤𝙙 𝙋𝙖𝙘𝙩 [𝙔𝙪𝙣𝙜𝙞]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora