Yunho, líder de La Espada de Plata, que busca venganza por la muerte de sus padres. Pero las cosas se complican cuando descubre que uno de los vampiros jefes es alguien que conoció en el pasado, aunque él era demasiado pequeño para recordarlo.
A me...
Yunho llevó otra cucharada a la boca, pero ya no sabía si estaba comiendo o simplemente cumpliendo el gesto para no dejar que Mingi viera el temblor en sus manos. El sabor de la sopa se le volvió insípido, ahogado por la presión invisible que emanaba desde el otro lado de la mesa. Mingi no parpadeaba. No se movía. Solo lo miraba, con esa fijeza que hacía sentir a Yunho como si cada respiración fuera registrada y evaluada.
—¿Siempre comes tan lento? —preguntó el vampiro al fin, sin apartar la barbilla de su mano
—Cuando tengo a alguien mirándome como si fuera un pedazo de carne, sí —respondió sin levantar la vista del plato
Un sonido bajo, más un murmullo que una risa, escapó de los labios del vampiro.
—Podría mirarte de otra forma… pero no creo que te guste más
—Te dije que no pienso ser tu cena—tragó, esta vez sin sopa en la boca
—Y yo no te dije que fueras tú quien decide —replicó, sus ojos destellando apenas, como un recordatorio de lo que era
Yunho dejó la cuchara sobre el plato con un golpecito suave.
—Tienes dos opciones, aprender a controlarte… o buscar otra habitación, muy lejos
—Y tú tienes una —contestó, su voz bajando hasta un tono que rozaba el susurro—No estar solo conmigo
El mensaje era claro. No era una amenaza directa… pero tampoco necesitaba serlo. Yunho sostuvo su mirada, intentando que no se notara cómo empezaba a trazar mentalmente un mapa, qué pasillos evitar, a qué horas salir, cuántas puertas cerrar entre ellos. Porque si Mingi tenía razón… quedarse a solas podría no ser una opción. Yunho terminó de comer despacio, como si cada bocado fuera una cuenta regresiva hacia algo inevitable. No quiso mirar a Mingi mientras levantaba la cuchara por última vez; no quería darle el placer de saber que estaba siendo observado tan de cerca. Dejó la cuchara con suavidad, secándose los labios con el dorso de la mano. Se levantó sin prisa, con la misma calma tensa que lo había acompañado toda la conversación.
Mingi no dijo nada, solo lo observó levantarse, esa mirada fija y casi hambrienta clavada en cada uno de sus movimientos. Yunho no necesitaba un recordatorio más fuerte de lo peligroso que era estar encerrado con ese vampiro. Sin voltear, con una última bocanada de aire densa y pesada, Yunho caminó hacia la salida, sus pasos resonando en el silencio de ese lugar. No miró atrás. No necesitaba ver si Mingi lo seguía con la mirada o si esperaba algo más. Solo quería alejarse. Aunque no sabía si alejarse bastaría para mantenerse a salvo.
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La oscuridad de la noche se extendía como un manto denso y silencioso. Yunho despertó sobresaltado, sintiendo un frío extraño que no venía del aire, sino de algo intangible, pesado. Movió la cabeza lentamente y entre las sombras, vio una figura quieta, erguida al borde de la habitación. Mingi estaba allí. No había señales de agresión, ni de intención de atacarlo. Solo estaba parado, observándolo dormir con una calma inquietante, como un guardián silente o una amenaza contenida.