Mingi lo besó otra vez... pero esta vez Yunho reaccionó.
Lo empujó con el antebrazo, sin fuerza suficiente para apartarlo del todo, pero lo justo para romper el contacto.
-¿Por qué...? -susurró, respirando entrecortado-¿Por qué demonios hiciste eso?
No era un grito, ni furia pura, era miedo contenido. Mingi lo miró desde arriba, el pecho subiendo y bajando rápido, los ojos aún teñidos de rojo.
-Para no morderte -contestó, apenas un hilo de voz tensa-¿Quieres la verdad? Eso, solo eso.
-¿Qué? -parpadeó, incrédulo-¿Estás diciendo que... que me besaste para evitar arrancarme la garganta?
-Sí -chasqueó la lengua, frustrado, furioso consigo mismo-¡Preferí hacer eso antes que perder el maldito control!
-Eres un enfermo -escupió, empujándolo de nuevo, esta vez más fuerte.
Mingi lo dejó hacerlo, pero apenas retrocedió un paso.
-¿Y tú qué? -gruñó el vampiro, avanzando un paso que lo recuperó todo-¿Qué dices tú? ¿Por qué me devolviste el beso?
Yunho abrió los labios... pero no salió nada.
Mingi sonrió de lado, una mueca afilada.
-¡Cállate! -lo empujó otra vez, esta vez agarrando el cuello de la camisa de Mingi-¡Tú empezaste!
-¿Y tú no pudiste parar? -respondió, inclinándose hasta dejar sus frentes casi tocándose.
Los dos respiraban fuerte, demasiado cerca. La tensión subía como una ola.
-Si lo vas a hacer... hazlo de una vez, -soltó, con la voz tensa, cansada, temblándole apenas-Estoy harto de que me tengas así, de que te acerques, te alejes... hazlo o déjame en paz.
Las pupilas de Mingi vibraron, oscuras, como si algo dentro de él despertara y tomara el control por un instante.
-No sabes lo que dices -murmuró, pero su voz ya no tenía convicción, era más un ruego que una advertencia.
-Sí sé -Yunho dió un paso adelante, directo, suicida- ¿No querías morderme? ¿No era eso? Pues hazlo, no voy a correr.
Eso lo quebró. Mingi avanzó con hambre, con una necesidad afilada que llevaba demasiado tiempo reprimiendo. En un parpadeo, Yunho ya estaba contra la cama, la madera crujiendo detrás de sus piernas mientras Mingi lo acorralaba con el cuerpo entero, sus manos a cada lado, la respiración rápida sobre su boca. Tan cerca que si uno temblaba, el otro lo sentía.
-Dímelo otra vez -susurró, casi rozándole los labios-Si quieres que te muerda... dímelo.
Yunho tragó saliva, no apartó la mirada.
-Hazlo.
Era un reto, un permiso y un grito silencioso. Mingi cerró los ojos un segundo, como si peleara consigo mismo... y perdió. Su boca bajó al cuello de Yunho sin prisa, rozando primero la piel con los labios, como pidiendo permiso aunque ya lo tenía. Yunho soltó un suspiro tenso, el cuerpo arqueándose apenas cuando sintió el aliento justo debajo de la oreja.
-Mingi... -jadeó, sin poder contenerlo.
Los colmillos rozaron la piel y después, la mordida, no brutal, ni salvaje. Sino firme, precisa, casi reverente, como si morderlo fuera algo que había esperado demasiado tiempo. El jadeo de Yunho fue inmediato, bajo, tembloroso, sorprendido por el estallido de sensaciones que recorrió su cuerpo como un rayo. Mingi apretó las manos en la cama, los dedos marcando la madera mientras bebía lo mínimo, mientras lo sostenía, mientras lo mantenía contra la cama sin que Yunho, por primera vez, quisiera escapar. La mordida se detuvo antes de romperlo. Justo cuando Yunho comenzó a temblar, Mingi retiró los colmillos milímetro a milímetro, como si le doliera separarse de su piel. El aliento del vampiro quedó atrapado contra su cuello, caliente y desordenado. Yunho, todavía apoyado en la cama, respiró hondo, intentando recomponer algo que ya estaba hecho pedazos.
-Mingi... -susurró.
No tenía intención de que sonara así de roto, así de necesitado, pero salió. El vampiro levantó la cabeza despacio, sus labios estaban apenas manchados de rojo.
Su mirada... ardía.
-No debí hacer eso -murmuró, pero seguía tan cerca que sus frentes casi se tocaban-No debía... pero no pude.
Yunho lo tomó del mentón, desafiante, respirando fuerte.
-Tarde, ya lo hiciste...
El silencio entre ellos se tensó como un hilo que estaba a punto de romperse. Mingi lo empujó contra el colchón de nuevo, esta vez sin esconder la fuerza, como si el freno que llevaba horas resistiendo finalmente cediera. Sus cuerpos chocaron y Yunho soltó un jadeo involuntario, más por la cercanía que por el peso.
-Yunho... -la voz salió ronca, casi un gruñido contenido-No sabes lo que estás provocando.
-¿Y si sí lo sé? -susurró, subiendo una mano al cuello, atrayéndolo.
Ese gesto lo quebró. Mingi bajó su boca hasta la de él, sin pensarlo más, el beso no fue suave, fue urgente, hambriento.
Como si, después de tanto negarse, ya no pudiera pparar Yunho respondió igual, los dedos enredándose en su camisa, halándolo más cerca, acortando cualquier espacio que quedara. Sus respiraciones chocaban, mezclándose en un ritmo torpe, rápido, casi desesperado. Mingi se apartó apenas un segundo, apoyando su frente en la de él mientras respiraba hondo.
-No debería besarte... -susurró, aunque ya estaba volviendo a hacerlo-No debería tocarte así...
-Pues deja de repetirlo y haz lo que quieres hacer -murmuró, sin dejarlo alejarse.
Mingi lo besó otra vez, más profundo. Un jadeo escapó de Yunho al sentir la mano en su cintura, obligándolo a quedar debajo de él, atrapado entre la cama y su cuerpo. Ese sonido hizo que Mingi cerrara los ojos, tenso, conteniéndose.
-No hagas eso... -susurró contra su boca, como si le doliera.
-¿Qué? -sonrió apenas, respirando agitado-¿Respirar? ¿Sentir?
Mingi apretó los dientes.
Su control era un hilo delgado.
-No hagas que te quiera más de lo que debería -confesó al fin, casi en un suspiro, casi vencido.
Yunho lo miró fijo y en lugar de responder... lo volvió a besar, lento esta vez.
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𝘽𝙡𝙤𝙤𝙙 𝙋𝙖𝙘𝙩 [𝙔𝙪𝙣𝙜𝙞]
FanfictionYunho, líder de La Espada de Plata, que busca venganza por la muerte de sus padres. Pero las cosas se complican cuando descubre que uno de los vampiros jefes es alguien que conoció en el pasado, aunque él era demasiado pequeño para recordarlo. A me...
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