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Mingi mantenía el rostro hundido en el cuello de Yunho, respirándolo como si fuese lo único que quedaba en ese maldito encierro que lo mantenía al borde. Yunho sintió otro temblor, uno más fuerte, recorriendo el cuerpo del vampiro y ahí habló, con la voz baja, apenas un hilo... pero un hilo de amenaza.

-Te voy a matar... si me muerdes.

Por un instante, todo se congeló, incluso el aire. Mingi dejó escapar una exhalación lenta y luego... empezó a reír.
Una risa baja, áspera, pegada a su piel, que recorrió la espalda de Yunho como un escalofrío imposible de controlar. Mingi levantó la cabeza despacio, muy despacio, como si fuera un depredador saboreando el momento. Sus ojos rojos se encontraron con los de Yunho.

-Eres un idiota... -susurró, con una sonrisa que no prometía nada bueno-¿De verdad crees que puedes manejar lo que estás provocando?

Yunho tragó saliva pero no apartó la mirada.

-Entonces suéltame -dijo, la voz tensa, tratando de recuperar control mientras su corazón retumbaba contra las costillas-Ahora.

Mingi ladeó la cabeza, estudiándolo, una pausa demasiado larga. Luego se inclinó más, hasta que sus labios quedaron rozando los de Yunho sin llegar a tocarlos.

-Si no quieres que te devore aquí mismo... -susurró con una voz tan baja y rota que casi ardía-Desaparece de mi vista.

El agarre en las muñecas aflojó, primero un poco, luego por completo. Yunho apenas tuvo tiempo de recuperar el equilibrio antes de que Mingi se apartara de golpe, girando el rostro como si hubiese inhalado demasiado de algo prohibido. El vampiro se alejó con pasos tensos, casi irregulares, como si estuviera escapando de él, no al revés. Yunho se quedó allí, pegado a la pared, respirando como si acabara de correr kilómetros. El silencio volvió, pero no era el mismo, su corazón no dejaba de golpearle el pecho y en el fondo del estómago, algo se retorcía... algo incómodo, caliente, inexplicable y definitivamente peligroso. Yunho apoyó la mano en la marca tenue que habían dejado los dedos de Mingi en su piel.

-Maldito... -murmuró-¿Qué diablos me estás haciendo?

Pero Mingi ya no estaba para escucharlo y Yunho... no sabía si quería que volviera.

Mingi llegó tambaleándose al cuarto donde guardaba las reservas de sangre, apenas cruzó la puerta, ya tenía una botella en la mano

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Mingi llegó tambaleándose al cuarto donde guardaba las reservas de sangre, apenas cruzó la puerta, ya tenía una botella en la mano. El vidrio crujió bajo la fuerza, la sangre espesa cayendo por sus dedos mientras él bebía directo, sin pensar, sin freno. Un gruñido bajo escapó de su garganta, dejó caer la botella vacía y tomó la siguiente. Jadeó como si la vida se le escapara entre los dientes pero no se saciaba, no podía. La tercera botella cayó al suelo antes de que terminara de llevársela a la boca.
La vio rodar un poco, haciendo un sonido hueco, casi insultante, la cuarta... estaba vacía, la quinta... también. Mingi se quedó quieto. Luego abrió el pequeño armario donde guardaba el resto, tres botellas, solo tres y vacías.

-No... -susurró, con la voz quebrada.

Las tomó todas, las tiró al suelo. El estallido del vidrio rebotó por toda la habitación mientras él respiraba como un animal acorralado. Se inclinó, agarró una botella rota y bebió lo que quedaba dentro, un par de gotas, un hilo miserable que no servía para nada. Su garganta ardió, su pecho también.

-No... -gruñó otra vez.

Sus ojos se encendieron en un rojo tan intenso que la luz parecía vibrar en sus pupilas. El silencio del cuarto se volvió insoportable y Mingi explotó. Arrojó la mesa contra la pared, tiró los estantes, tomó una caja y la destrozó con las manos, todo mientras gruñidos profundos, peligrosos, se escapaban de él como si no pudiera contenerlos. El cuarto quedó hecho añicos, sangre por el suelo, vidrios por todas partes, el aire caliente por su respiración violenta. Mingi apoyó las manos contra la pared, los colmillos expuestos, el temblor recorriéndole el cuerpo y la verdad, cruel y simple, clavándosele en el pensamiento. No le quedaba nada, ninguna reserva y Yunho estaba ahí, demasiado cerca, demasiado... tentador.

-Tengo que salir de este maldito lugar... -jadeó, con la voz rota, enfurecida, al borde del frenesí.

Pero la puerta seguía cerrada, el encierro seguía. Mingi salió de la habitación en un torbellino, guiado más por instinto que por razón. Yunho estaba en su cama, de pie sobre ella, la espalda contra la pared, respirando acelerado. Había escuchado todo. Tenía una navaja en la mano. No sabía si serviría para algo, pero la sostenía igual, como si fuese una línea entre él y el desastre. La puerta vibró.

-No. No, no, no... -susurró.

La puerta estalló. Mingi apareció entre las astillas, manchado de sangre ajena, los ojos completamente rojos, los colmillos fuera. Yunho levantó la navaja pero en un parpadeo, Mingi la apartó, haciéndola caer al suelo.

-¡No! -Yunho intentó retroceder, pero Mingi lo empujó sobre la cama, atrapándolo.

Las manos del vampiro apresaron las muñecas de Yunho por encima de su cabeza, aplastándolo contra las sábanas.
Yunho forcejeaba, pero era como luchar contra una montaña viva. Mingi bajó su rostro hacia el cuello de Yunho, su aliento era caliente, desesperado. El pulso de Yunho golpeaba contra los colmillos a centímetros. El corazón de Yunho latía tan fuerte que casi dolía. Mingi se detuvo, abrió los ojos y los fijó en los de Yunho. Algo cambió, un destello, un quiebre, un deseo que no tenía nada que ver con sangre y sin una sola palabra...Mingi lo besó. Un beso brusco, urgente, tan inesperado que Yunho quedó congelado, pero entonces su cuerpo reaccionó sin su permiso, respondió al beso, lo sostuvo, lo devolvió.
Un gruñido escapó de los labios de Mingi, vibrando contra la boca de Yunho, los colmillos retrocedieron, las garras se retrajeron, solo quedó un rojo tenue en sus ojos. Se apartaron apenas un centímetro, Yunho tenía los labios hinchados, temblorosos, los ojos vidriosos, abiertos como si no entendiera nada. Mingi lo miró un segundo y luego volvió a besarlo, más lento y más consciente, como si ese beso fuera lo único que lo mantenía cuerdo.

𝘽𝙡𝙤𝙤𝙙 𝙋𝙖𝙘𝙩 [𝙔𝙪𝙣𝙜𝙞]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora