Yunho, líder de La Espada de Plata, que busca venganza por la muerte de sus padres. Pero las cosas se complican cuando descubre que uno de los vampiros jefes es alguien que conoció en el pasado, aunque él era demasiado pequeño para recordarlo.
A me...
Antes de que Mingi pudiera protestar, Yunho le tomó la mano, la piel del vampiro estaba fría, pero en cuanto sus dedos se entrelazaron, una corriente extraña recorrió el cuerpo de ambos, como un latido ajeno que no pertenecía a ninguno… pero los atravesaba. Mingi, con la mandíbula apretada, volvió a tocar la puerta, esta vez, algo distinto sucedió, un temblor sutil recorrió la madera, como si la superficie respirara y un leve sonido metálico resonó detrás, insinuando que los cerrojos cedían. Por un segundo, Yunho sintió el tirón de una posibilidad real, por un segundo, Mingi creyó que lo había logrado, pero la vibración murió en seco, la puerta volvió a quedar inmóvil, sólida, burlona, Yunho soltó su mano de golpe, como si el contacto le quemara
—Es inútil —escupió, dándole la espalda y se alejó sin mirar atrás, dejando sus pasos retumbar en el silencio
Mingi permaneció quieto, observando su propia mano como si esa sensación todavía estuviera allí, como si los dedos recordaran el pulso ajeno y la extraña chispa que había hecho reaccionar a la puerta, aunque no lo suficiente para abrirla
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Yunho caminaba por el pasillo largo y silencioso, con las manos en los bolsillos, fingiendo que estaba explorando sin rumbo… pero la verdad es que estaba calculando cada paso, a su izquierda, la puerta de la habitación sagrada, sabía que Mingi estaba ahí adentro y no quería verlo, no después de lo que había sentido al tocarlo, no después de esa chispa que todavía parecía estar bajo su piel como un eco incómodo. Pasó de largo sin siquiera girar la cabeza, como si la ignorara por completo… aunque en realidad, su oído estaba atento a cualquier movimiento dentro, no escuchó nada y eso, por alguna razón, lo hizo tensar la mandíbula. Después de lo que había sentido al tocarlo… no pensaba repetirlo, ni por curiosidad, ni por error. Seguía avanzando sin prisa, perdido en sus propios pensamientos, cuando giró una esquina y se detuvo en seco. Ahí estaba Mingi. No en la habitación sagrada como había supuesto, sino justo frente a él, con una bandeja entre las manos, el olor le golpeó de inmediato, comida caliente, real y por un momento sus defensas titubearon, no tenía idea de dónde demonios la había sacado, pero se veía apetecible y su estómago lo traicionó con un gruñido bajo
Mingi se detuvo también, lo observó un instante y sin decir nada más, extendió la bandeja hacia él, Yunho arqueó una ceja, desconfiado, su primera idea fue pensar que podía estar envenenada, pero algo en el gesto de Mingi, sereno, casi desinteresado, lo hizo aceptar. Sin una palabra, el vampiro giró y comenzó a caminar, guiándolo por un pasillo estrecho hasta una pequeña sala que parecía un comedor improvisado, se sentó a lo lejos, dejando que Yunho se acomodara con la comida frente a él. En cambio, el vampiro estaba entrando en un punto peligroso, Yunho lo intuía, si Mingi no podía salir y saciarse, su hambre se volvería un problema y un vampiro hambriento, encerrado con él… no era un escenario que quisiera imaginar
—¿Hasta cuándo puedes aguantar sin comer? —preguntó finalmente Yunho, moviendo la cuchara sin empezar aún a comer
Mingi apoyó un codo en la mesa, su voz grave y tranquila
—Tengo mis reservas, pero lamentablemente si seguimos encerrados aquí en este lugar —pausó, mirándolo directamente—Pronto se acabarán
Yunho bajó la mirada hacia el plato, pero la pregunta brotó de su garganta antes que la razón pudiera frenarla
—¿Y qué harás cuando se acabe tu reserva?
Mingi guardó silencio, como si esa pregunta fuera una daga que le perforaba el pecho, sus ojos se clavaron en Yunho con una mezcla de resignación y algo mucho más frío, más peligroso
—Entonces… —comenzó despacio, dejando que el aire entre ellos se volviera más pesado, casi denso—Tendré que mantenerme lo más alejado posible de ti
Las palabras cayeron como una sentencia, una amenaza velada que parecía hacer vibrar la habitación con una electricidad incómoda. Yunho sintió el peso de la mirada de Mingi clavada en su piel, un filo invisible que le erizó el cuello, tragó saliva, con la garganta seca, consciente de que esa distancia que Mingi proponía era tan necesaria como imposible, porque, encerrados en ese infierno sin salida, alejarse no era una opción, ni siquiera una esperanza. Un silencio tenso se extendió, como una cuerda al límite que podría romperse con el más mínimo movimiento, Yunho levantó la vista, encontrando en los ojos de Mingi una mezcla de hambre, desesperación y un dejo de algo que, por un momento, pareció casi humano
—Genial —musitó, con un sarcasmo que no alcanzó a esconder su miedo—Estamos jodidos...una vez mas
Mingi no respondió a su comentario, solo se recostó ligeramente en la silla, pero sin apartar la mirada de él. Yunho sintió que lo estaba midiendo, como si evaluara cuánto tiempo más podría resistir antes de que su autocontrol se rompiera.
—No planeo ser tu cena, por si te queda alguna duda —dijo Yunho, clavando la cuchara en la comida
Una curva apenas perceptible se dibujó en los labios de Mingi, no una sonrisa amable, sino una mueca que mezclaba ironía y un dejo de amenaza.
—No subestimes lo que el hambre puede hacer —contestó y su voz, aunque tranquila, resonó como un eco oscuro en el reducido espacio— Sobre todo… cuando no tienes más opción
Yunho no apartó la vista, aunque todo su cuerpo le gritaba que lo hiciera. Un parpadeo más largo de lo normal por parte de Mingi bastó para que Yunho notara cómo sus pupilas se dilataban un poco más. Estaba cambiando… y no en un sentido tranquilizador. La tensión entre ellos se volvió un hilo invisible pero cortante. Mingi parecía debatirse entre levantarse y marcharse o quedarse allí, como si parte de él quisiera seguir probando hasta dónde podía incomodarlo.
Yunho pensó, por primera vez, que tal vez mantenerlo calmado sería tan importante como encontrar una salida. Porque un Mingi hambriento, furioso y atrapado con él… sería una sentencia que no necesitaría mucho tiempo para cumplirse. Mingi soltó una risa corta, sin humor, apenas un soplo áspero que se perdió entre ellos.
—Lo dices como si no lo supieras desde el primer momento —replicó, apoyando la barbilla en su mano mientras lo observaba comer
—No es lo mismo saberlo que sentirlo respirándome en la nuca —el tono le salió más agudo de lo que quería
El vampiro ladeó la cabeza, sus ojos oscuros siguiendo cada pequeño gesto, cada latido acelerado que podía escuchar incluso sin querer
—Entonces come —susurró—Si me vas a provocar con ese olor, al menos no lo hagas con el estómago vacío
—¿Provocarte? No seas ridículo
—No lo soy —su voz se quebró apenas perceptible—Tú no entiendes… lo que estás haciendo aquí dentro… lo que me obligas a aguantar
Esa última palabra quedó flotando entre ellos, pesada y peligrosa. Yunho apartó la vista, pero no pudo evitar sentir cómo la temperatura en la sala descendía. Mingi no se movía, pero había algo depredador en su quietud, como si estuviera midiendo distancias, calculando hasta dónde podría llegar si se permitía un error.
—Pues aguanta —replicó, aunque la voz le tembló—Porque si te acercas…
—¿Qué? —interrumpió Mingi, inclinándose apenas hacia adelante—¿Me detendrás?
El silencio que siguió no era solo incómodo, era una amenaza envuelta en calma. Yunho sostuvo la mirada, aunque sabía que estaba jugando con fuego… y que Mingi no estaba tan lejos de perder el control como fingía.