Capitulo 60: Ecos de Locura y Furia

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El eco de los pasos resonaba aún en el pasillo cuando un pitido suave se escuchó en el auricular de Mirko. Ella frunció el ceño, tocando el intercomunicador incrustado en su oreja.

—Aquí Mirko, habla —respondió con voz firme.

La voz de Ryukyu, grave pero serena, se filtró con un leve ruido estático:

—Mirko, necesito que regreses de inmediato. Tu fuerza es requerida afuera de la base. Deja que los demás continúen con la misión subterránea.

Mirko apretó los dientes de inmediato.

—¿Qué? ¡Ni de broma! —replicó, con un tono entre incredulidad y enfado—. Aquí también hay pelea, no pienso dejar que estos chicos se las arreglen solos.

Se escuchó una breve pausa al otro lado de la línea, como si Ryukyu supiera que convencerla no sería fácil.

—Es una orden, Mirko. Afuera hay algo que solo tú puedes manejar.

Mirko estaba a punto de rechistar nuevamente, cuando una voz cercana la interrumpió.

—Ve, maestra —dijo T/N, mirándola directamente—. Confía en mí, confía en nosotros. Llegaremos hasta el final.

La coneja la observó por unos segundos que parecieron mucho más largos de lo que realmente fueron. Sus ojos, cargados de energía y orgullo, se suavizaron un instante.

—Tsk... está bien. No me dejen en vergüenza —respondió al fin, dándole un pequeño golpe amistoso en el hombro.

Sin más, Mirko flexionó las piernas y salió disparada hacia atrás por el pasillo, corriendo a toda velocidad hasta desaparecer de la vista, para luego unirse a Ryukyu, que ya la esperaba en el punto de extracción.

El grupo siguió adelante, pero la ausencia de Mirko se sentía como un hueco en la formación. T/N tomó aire, enfocando su mirada hacia el frente. Ahora más que nunca, las palabras "confía en mí" tendrían que convertirse en realidad.

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Los demas siguieron su camino, donde cada golpe de bota contra el suelo era un latido más en la cuenta regresiva hacia el enfrentamiento final. El aire estaba cargado de humedad y de un olor metálico que se filtraba desde las paredes, como si el cemento mismo hubiera absorbido el rastro de innumerables batallas.

Al frente, Fat Gum marcaba el ritmo, su enorme silueta desplazándose con sorprendente agilidad para alguien de su tamaño. A su lado, Eraser Head, rock lock y Sir Nighteye corrían en silencio, sus ojos agudos analizando cada esquina, cada grieta, como un depredador que busca el menor indicio de peligro. El jefe de policía, aunque no tenía la resistencia de un héroe profesional, mantenía el paso con esfuerzo, con el rostro tenso y concentrado.

Justo detrás, Deku, Scorpion y Red Riot se movían en formación cerrada, como si el simple hecho de mantenerse juntos les diera más fuerza. Las respiraciones eran cortas y rápidas, la adrenalina los impulsaba, pero en el fondo todos sabían que el tiempo se estaba agotando.

El silencio era interrumpido únicamente por el retumbar lejano del metal y el concreto moviéndose, como si el mismísimo subterráneo respirara. El laberinto seguía cambiando, deformándose a cada instante, y cada corredor parecía más angosto que el anterior.

—Mantengan el ritmo —ordenó Fat Gum sin mirar atrás—. No se detengan, no miren atrás.

Scorpion giró levemente la cabeza para asegurarse de que Deku seguía concentrado. Desde que habían dejado a Tamaki atrás, la misión había adquirido un peso diferente. Ahora no se trataba solo de rescatar a Eri... también era cumplir las promesas que habían hecho a sus compañeros.

T/N x Boku No Hero AcademiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora