Capitulo 62: El guardián de la esperanza

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Eri, con las manos temblando y la voz apenas un susurro, trató de detener la escena.

—¡Basta...! —dijo con desesperación, su mirada saltando entre Midoriya y T/N—. ¡Si siguen peleando... van a salir lastimados! ¡No quiero... no quiero que nadie más sufra por mí!

Su voz quebrada resonó como un eco en aquel lugar destruido, y por un segundo el tiempo pareció detenerse. Midoriya apretó los dientes, sorprendido por esas palabras cargadas de culpa. Pero fue T/N quien reaccionó con más fuerza.

El pelinegro giró bruscamente hacia ella, sus ojos verdes encendidos de una furia contenida. No contra la niña, sino contra todo lo que habían hecho para quebrarla de esa manera. Sus labios temblaron, y luego rugió con una mezcla de enojo y dolor:

—¡No digas eso, Eri! —su voz retumbó con una fuerza que ni él mismo sabía que tenía—. ¡Tú no tienes que cargar con nada! ¡No tienes la culpa de lo que este monstruo te hizo!

T/N respiraba agitado, cada palabra le desgarraba la garganta, y un brillo de rabia húmeda apareció en sus ojos.

—¡Me enfurece verte así...! —continuó, golpeando con su puño cerrado el suelo, que crujió bajo el impacto—. ¿Cómo es posible que hayas vivido tanto dolor que ahora prefieras vernos caer antes de permitirte soñar con ser feliz? ¡No volverás a sufrir más, lo juro!

Eri se quedó paralizada, sus ojitos rojos brillando con lágrimas, viendo en T/N no a un héroe cualquiera, sino a alguien que estaba dispuesto a romperse en mil pedazos si eso significaba reconstruirla a ella.

Midoriya, escuchando todo, se tensó aún más, entendiendo lo profundo del vínculo que Eri estaba formando con T/N. Y al mismo tiempo, aquello alimentaba su propia convicción: ninguno de los dos iba a retroceder, aunque les costara la vida.

Chisaki, desde la distancia, sonrió con frialdad al ver el estallido emocional.

—Típico... —murmuró con desdén—. Los héroes siempre cargando con la debilidad de los demás. Eso mismo los hará caer.

Pero T/N ni siquiera lo escuchó. Se había inclinado de rodillas para estar a la altura de la niña, tomándole con suavidad las manos aún temblorosas. Su mirada seguía siendo feroz, pero su voz ahora se suavizó, aunque ardía en determinación:

—Escúchame bien, Eri. No importa si me rompo, no importa si caigo. ¡Tú mereces vivir! Tú mereces sonreír. Y mientras yo respire, nadie... absolutamente nadie volverá a hacerte daño.

Eri lo miró, y por primera vez, su llanto no fue solo de miedo, sino también de esperanza.

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Midoriya apretó los dientes, sus puños temblando de energía mientras One For All chisporroteaba alrededor de su cuerpo. La voz de T/N había encendido algo dentro de él, algo que resonaba con la esencia de ser un héroe.

—T/N... —dijo con firmeza, sin apartar la vista del villano—. ¡Tienes razón! ¡Eri no tiene por qué sufrir más!

T/N, con el pecho agitado y el sudor recorriendo su rostro, asintió. Ya no tenía su don; la bala que borraba dones se lo había arrancado como si le hubieran extirpado una parte de sí mismo. Pero no importaba: seguía en pie, y eso era suficiente.

—Midoriya... —dijo con voz grave—. ¡Escucha! Yo lo distraeré, aunque no tenga mi poder. Tú tienes que ser la lanza. Golpea cuando yo abra el camino.

Midoriya abrió los ojos sorprendido.

—¡Estás loco! ¡Sin tu don no tienes cómo defenderte!

—¡Ya no soy un niño indefenso! —rugió T/N, golpeándose el pecho—. Si este cuerpo todavía se mueve, ¡lo usaré para derribar a ese bastardo! ¡No pienso quedarme atrás!

T/N x Boku No Hero AcademiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora