Siete días después de la partida de Tsunade. Cuatro desde que Shizune se marchó. El ritmo dentro de la cabaña había adquirido una cadencia agotadora, un ciclo interminable de alimentación, limpieza, revisiones médicas y vigilia. El aire, antes impregnado de un tenue aroma a esperanza, ahora olía a leche agria, a hierbas medicinales y al sudor del esfuerzo constante.
Sakura Haruno, la kunoichi que una vez soñó con alcanzar a sus compañeros, se movía en automático. Sus ojos, antes brillantes con determinación, ahora estaban rodeados por sombras oscuras y vidriosas de fatiga. Cada movimiento era preciso, calculado, pero carente de la gracia y entusiasmo que alguna vez tuvo. Llevaba la cuenta de todo en una tablilla: la hora de la medicina de Deidara, la temperatura de Katsumi, la consistencia de la papilla de Itachi, los ejercicios de respiración para Konan, la hidratación de Hidan, el monitoreo de los mellizos de Kakashi. Era una lista interminable, y cada ítem no chequeado era un fracaso personal, una grieta en la armadura de control que se había forzado a usar.
Narumi, por su parte, era un torbellino de torpeza nerviosa. Corría de un lado a otro, tropezando con las esteras, derramando agua al llenar las tazas, y mirando a Hidan con ojos de cachorro asustado cada vez que la bebé emitía el más mínimo sonido. Su energía, antes inagotable, ahora parecía alimentarse de pura adrenalina y miedo.
—Narumi, la papilla de Deidara-san. ¿La tienes? —preguntó, sin levantar la vista del pergamino donde anotaba los signos vitales de Itachi. Su voz era plana, carente de la calidez que solía tener.
—Sí, Flor de Cerezo. Aquí está. —Narumi se acercó tambaleándose levemente, sosteniendo un tazón humeante con una mano y con la otra cargaba a la bebé. Sus propios ojos, usualmente llenos de alegría y devoción, estaban apagados y rodeados de oscuras ojeras. El entusiasmo con el que solía abordar cada tarea se había diluido en un esfuerzo titánico por mantenerse útil.
—No es "Flor de Cerezo". Es "Sakura" —la corrigió Sakura con brusquedad, alzando por fin la mirada. Su ceño estaba fruncido—. Y no está a la temperatura correcta. ¿Acaso no usaste el termómetro? La precisión es vital, Narumi. No podemos permitirnos errores.
Narumi se encogió ligeramente, como si las palabras fueran golpes físicos.
—Eh... es que el termómetro está contigo, y Katsumi-chan lloraba y...
—No hay "es que" —la interrumpió Sakura, con los brazos cruzados. Tenía una mancha de puré de verduras en el delantal y el cabello despeinado—. Las instrucciones de Shizune-san son claras. Si no sigues las medidas exactas, la medicina no surtirá el mismo efecto o podría ser contraproducente. ¿Quieres lastimar a Deidara-san?
—¡No! ¡Claro que no! —protestó Narumi, herida. Katsumi, sintiendo la tensión, comenzó a quejarse.
—Entonces actúa como si te importara —espetó Sakura, su voz cargada de una frustración que ya no podía contener—. Esto no es un juego, Narumi. No es momento para distracciones o para hacer las cosas a medias. Una equivocación podría costarle la vida a alguien. ¿Entiendes la gravedad? ¿O solo estás aquí para jugar a la casita?
Las palabras, duras e injustas, resonaron en la cabaña como un latigazo. El silencio se hizo pesado, solo roto por el llanto de la bebé. Todos los adultos habían dejado lo que estaban haciendo. Deidara se incorporó con dificultad en su futón, frunciendo el ceño. Itachi dejó de meditar. Konan bajó la aguja de tejer. Kakashi cerró su libro. Hidan fue el primero en reaccionar.
—Oye, mocosa —gruñó, dirigiéndose a Sakura—. Bájale un cambio. La otra mocosa está haciendo lo que puede.
Sakura se giró hacia él, y por un segundo, en sus ojos verdes, se vio un destello de la niña insegura que solía ser, antes de que fuera apagado por la rigidez del cansancio
ESTÁS LEYENDO
New Akatsuki Family
FanfictionDebido a ciertos incidentes, cuatro criminales se ven en la tarea de abandonar el grupo criminal "Akatsuki". ¿Razón? Inesperadamente, quedaron en estado de embarazo y saben que si siguen con su vida criminal no podrán darle la vida que sus hijos ne...
