Amigos

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El timbre sonó, la señal de la libertad, aunque sea del medio tiempo. Cada estudiante empezaba guardar sus cosas en su mochila, pocos agarraban su refrigerio mientras conversaba. Sin embargo, otros que notaron como el grupo de amigo de los más revoltoso de salón se quedaba en su sitio, no le dieron importancia hasta que vieron y escucharon el repentino choque de la silla contra el suelo.

Un castaño yacía en el piso, con la sabana cayendo de un costado mientras, respiraba agitado, y su cuerpo temblaba. Nadie se atrevió acercarse, por el miedo, indiferencia y culpa.

Michael había tenido una pesadilla, en donde revivía la muerte de su hermano con la contaste palabras burlescas y desafiantes de su hermana. Creyó ya poder controlar eso, ya no había soñado luego de muchos años, ¿por qué tuve que haber soñado en este momento? Maldita sea─ llevo una mano al pecho, intentando calmar su corazón y la pesadez que se aloja ─tuve que haber ingresado en la zona blanca, junto a ...Michael.

El cuerpo del muchacho estaba temblando con más fuerza, sus ojos abierto con las pupilas hundidas, una cara de horror se impregnaba en él, su mano que sujetaba su pecho temblaba y apretaba con fuerza esa zona, y su respiración en vez de disminuir iba acelerando.

El profesor a verlo en ese estado, no sabía qué hacer. Estaba debatiéndose en si acercarse a preguntarle o darle su espacio, nunca había tratado con personas en ataque de pánico o algo parecido.

Sin embargo, uno de sus alumnos fue el que le enseño.

Jeremy se acercó lento, cuidadoso en no invadir de forma brusca el espacio de su amigo; con la voz más suave y calmada que pudo reunir en ese momento le hablo.

─Mike,...respira....respira otra vez......

El muchacho, fue haciendo lo pedido, no lo miraba, pero escuchaba lo que le decía. Bastaron largos minutos para que logre regularizar algunas de sus funciones; le dolía la cabeza y las ideas aún no se fugaba de su mente, pero la sensación de ahogarse en ese remolino se había alejado.

─Gracias...Jeremy─ susurró para su amigo. Este le sonríe nostálgico.

Estaba preocupado por él, era la primera vez que lo veía en ese estado, sin embargo no iba alejarse, esta vez no. Su amigo estaba viviendo peores cosas, que la estúpida pelea que había tenido su grupo con él.

─¿Quieres un emparedado? Mi mamá ha preparado uno para ti─ no se atreve a preguntar sobre su dolor, no es el momento.

A escuchar la tonta pregunta, solo pudo reír nasal, fue despacio y corto, pero sincero. Agradecía que le diera su espacio y no se atreva a preguntar. Al levantar su mirada, capta la tranquilidad rostro del rubio, ese mismo rostro que años posteriores conversaba con él en la pizzería como guardia.

─Claro─ habló bajo.

El rubio se levantó del suelo y le extiende el brazo, que es sujetado por el mayor. Una vez de pie camina hacia el asiento del rubio recogiendo su refrigerio; Frederick miraba temeroso por hacer algo malo a su amigo, no quería estresarlo o lastimarlo, pero si quería convivir con él.

Jeremy a ver su deseo le extendió la invitación.

─Frederick, ¿quieres?, también hay para ti.

Eso fue suficiente para que el zambo se levanté y acepte con la cabeza de manera lenta.

─Los espero allá─ fue lo que dijo Michael antes de perderse por el pasillo.

Eso entristeció un poco al rubio, pero no lo desmotivo porque escucho bien la palabra "los", estaba invitándolos.

Hasta el cambioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora