● ● ● ● ●
Cincuenta y dos ;
── Cliché. ──
Hacía mucho tiempo que no hacían algo así.
Era extraño. Incómodo. Silencioso.
Y aun así, ninguno de los dos quería estar en otro lugar.
Habían venido directamente después de la escuela, tras un día terrible para Quackity: esquivando —como si fuera un deporte olímpico— a Rubius, a Auron y a media escuela. Y, para rematar, había respondido casi nada en el examen de literatura porque se suponía que tenía que estudiar con Auron… cosa que, por supuesto, nunca ocurrió.
Ja, Ja, Ja.
Ya se veía yendo a nivelación en vacaciones.
Sus uniformes llamaban la atención. Incluso en una zona de clase alta, destacaban demasiado entre la ropa casual del resto de la gente. Aquello fue lo primero que los hizo sentirse incómodos… de muchas cosas que vendrían después.
Tras observar la enorme cartelera durante unos segundos, eligieron rápido una película que habían visto juntos —cuando aún eran novios— al estrenarse su primera parte: Five Nights at Freddy’s 2.
Al comprar las entradas, la chica de la boletería les avisó que la próxima función comenzaría en diez minutos. Sin saber muy bien qué hacer, dieron vueltas sin rumbo hasta terminar en la zona de juegos. Decidieron matar el tiempo ahí.
El ruido era ensordecedor: máquinas sonando, luces parpadeando y demasiados niños gritando como si tuvieran gargantas de acero. Quackity, acostumbrado —o simplemente ajeno— al caos, se quedó observando un juego de disparos sin demasiada convicción.
—Hace mucho que no entro a uno de estos —comentó, más para romper el silencio que los había seguido desde que salieron de la escuela que por otra cosa.
—Siempre dices eso —respondió Luzu, sin poder evitar sonreír. Quackity siempre usaba esa excusa… y terminaba jugando durante horas.
Quackity se cruzó de brazos, ofendido.
—No siempre.
—Y siempre terminas gastándote todas tus fichas.
Quackity bufó.
—Mentira.
—Te vaciaste la billetera la última vez —insistió Luzu—. Y luego dijiste que era para que nunca me atreviera a ser ludópata.
Quackity lo miró aún más ofendido, pero al notar la sonrisa divertida de Luzu no pudo evitar reír.
—¡Te estaba dando una lección de vida!
Tras esa pequeña discusión, Quackity, entusiasmado, compró un par de fichas y se acercó a una máquina vieja, tomando una de las armas de juguete. Luzu se quedó a su lado, observándolo jugar, sin animarse a hacerlo él también ni a acercarse más.
El silencio volvió a instalarse entre ellos.
Era muy distinto al de su primera cita, cuando parecían competir por quién sacaba más temas de conversación y los huecos se llenaban con risas tontas. O besos.
Definitivamente no podían regresar a eso.
Aun así, Quackity pensó que, bajo la atenta mirada de esos ojos carmín, todo estaba saliendo a la perfección. El ambiente era distinto, sí, pero la sensación hormigueante en su estómago no lo era.
Solo estar ahí, con Luzu prestándole toda su atención, era maravilloso.
No podía permitirse hacer el ridículo ahora, así que se concentró en acertar la mayor cantidad de objetivos posibles. La recompensa lo valía: cada vez que daba en el blanco, Luzu aplaudía, y su corazón latía cada vez más rápido.
ESTÁS LEYENDO
¿𝘠𝘢 𝘯𝘰 𝘴𝘰𝘺 𝘵𝘶 𝘤𝘩𝘪𝘤𝘰 𝘧𝘢𝘷𝘰𝘳𝘪𝘵𝘰? #𝙡𝙪𝙘𝙠𝙞𝙩𝙮
FanfictionLuzu y Quackity han terminado, toda la escuela lo sabe. ¿Quién diría que con su separación vendrían miles de otros problemas y oscuros secretos serían sacados a la luz? ¿Podrán reocnciliarse y seguir adelante? O ¿Estarán condenados a estar separad...
