Fifty-eight

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Cincuenta y ocho;
── ¿Creíste que no me iba a enterar?──

[Warning;Mention of sexual abuse/manipulation]

Luzu había sido llamado por el director, así que su plan de comer juntos se fue directo al carajo.
Quackity no hizo berrinche esta vez; estaba demasiado contento por la conversación que sostuvieron en la mañana, por ese “podemos intentarlo otra vez” que seguía rebotándole en la cabeza. Nada —ni siquiera que Luzu lo dejara plantado— podía arruinarle el buen humor.

O eso creyó.

Porque mientras iba caminando por el pasillo, decidido a no pisar el comedor ni de broma. Comer solo en una mesa era una tortura para Quackity: miradas de lástima, tener una mesa gigante vacía y el típico "pobrecito, seguro no tiene amigos" de los demás... No. Eso no. Prefería comer en el salón de clases antes que eso.

Y por estar metido en sus pensamientos, no alcanzó a reaccionar.

Un empujón brutal lo estampó contra la pared. De inmediato se cayó la bandeja de sus manos.
El golpe le sacó el aire de los pulmones y, de inmediato, un puño pasó rozándole la cara, estrellándose contra el muro justo a un lado de su cabeza. El sonido seco le heló la sangre. Quedó acorralado.

Cerró los ojos por puro reflejo.

—Así que eres un puto cotilla.

Aquella voz, que le provocaba náuseas, lo hizo abrir los ojos de golpe.

Rubius.

Y no lucía feliz. Para nada.

Siempre había odiado lo fácil que a Rubius le salía actuar como si nada hubiera pasado: riéndose, bromeando, siendo agradable y tratando de acercarse a él. Pero ahora daría lo que fuera para que esa versión estuviera ahí ahora, porque el Rubius enojado daba mucho miedo.

El pulso se le disparó. ¿Cotilla?
Sabía que significaba algo malo; Luzu se lo había explicado una vez, pero honestamente no había puesto atención. ¿Por qué chingados hablaban como doblaje?

—Rubius… —Era sorprendete lo violento que podía ser sólo con un brazo útil.

Frunció el ceño. El miedo estaba ahí, apretándole fuerte contra el pecho, pero no iba a dejar que se notara. Que por miedo volviera a hacerse pequeño contra él. No otra vez.

—¿Qué verga te pasa, pendejo? Déjame ir. —Escupió con enojo e hizo un ademán de empujarlo.— Porque si no me sueltas, voy a partirte tu madre. Ya lo vienes pidiendo hace mucho, cabrón.

Rubius no se movió. Ni un puto centímetro.

—Qué valiente te has vuelto, patito. —La voz de Rubius no tenía ni una pizca de emoción, ni rastro de ese falso cariño que solía fingir cuando usaba ese apodo.— Nunca pensé que te atreverías a decirlo.

Quackity alzó una ceja, genuinamente confundido.
¿De plano ya se le había zafado un tornillo?

—¿De qué vergas estás hablando?

Rubius volvió a estrellar el puño contra la pared. Realmente planeaba romperse el otro brazo.

El golpe hizo que Quackity cerrara los ojos por puro reflejo. Se sentía un cobarde, pero no pudo evitarlo. Por más que intentara hacerse el valiente, el miedo seguía muy arraigo en su ser.

—¡No te hagas el imbécil! ¡Le fuiste a contar todo, TODO, a Luzu!

El cuerpo de Quackity tembló.
¿Cómo…? Cuando se lo dijo a Luzu estaban solos. Un salón vacío, lejos de todo.

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⏰ Última actualización: Jan 28 ⏰

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¿𝘠𝘢 𝘯𝘰 𝘴𝘰𝘺 𝘵𝘶 𝘤𝘩𝘪𝘤𝘰 𝘧𝘢𝘷𝘰𝘳𝘪𝘵𝘰? #𝙡𝙪𝙘𝙠𝙞𝙩𝙮Donde viven las historias. Descúbrelo ahora