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Cincuenta y tres;
── Un viaje incómodo. ──
Luzu llegó casi dando brincos a su casa.
Bajó del auto con demasiada energía para la hora que era y apenas cruzó la puerta comenzó a saludar a todo sirviente que se cruzaba en su camino, deseándoles un buen día, un lindo día, un excelente día.
Los empleados lo miraron extrañados.
Hacía semanas -demasiadas- que no lo veían comportarse así. Últimamente había estado encerrado en sí mismo, distante, irritable. Con miedo a exagerar, dirían que se había vuelto un poco... un poco idiota prepotente que descargaba su frustración y tristeza con quienes no lo merecían.
Y ahora ahí estaba, sonriendo como si nada de eso hubiera pasado.
Ese entusiasmo tonto y brillante que alguna vez lo había definido parecía haber vuelto de golpe.
Era raro.
Pero les alegró.
Le devolvieron el saludo con sonrisas sinceras y algunos incluso se atrevieron a preguntar que le tenía de tan buen humor. Y aunque Luzu no les respondió, demasiado concentrado en ir a su habitación, ellos sabían la respuesta. Solo había una persona que provocaba una reacción así en él.
Luzu subió a su habitación casi corriendo por las escaleras. Tiró la mochila en cualquier rincón sin molestarse en acomodarla y se dejó caer sobre la enorme cama boca arriba, con los brazos abiertos.
La sonrisa en su rostro no se iba.
No importaba cuánto lo intentara.
Le dolían las mejillas de sonreír tanto y sentía su cara ardiendo. Sin poder evitarlo, soltó una risa baja y se cubrió el rostro con ambas manos, entre avergonzado y absurdamente entusiasmado.
-¿Qué demonios acaba de pasar...? -murmuró mirando al techo, como sieste le fuera a responder.
Cerró los ojos.
Y no tuvo que esforzarse para revivir lo que había pasado.
¿Cómo demonios terminamos besándonos...?
Pensó, incapaz de comprenderlo del todo, aunque tampoco se quejaba. ¿Cómo podría hacerlo? ¡Eso era exactamente lo que había querido desde el primer día en que Quackity le terminó! Y pensar que había sido el otro quien dio el primer paso... era un sueño. Un maldito sueño.
El sonido de un mensaje en su celular lo obligó a salir de su burbuja. Su corazón comenzó a latir con fuerza al pensar que podría ser Quackity. Rápidamente encendió la pantalla, pero su entusiasmo se desvaneció al instante. El nombre que apareció logró lo imposible: borrar su sonrisa de tonto enamorado.
Era Rubius.
Rodó los ojos. No iba a hablar con él en este momento. No iba a arruinar un día perfecto por culpa de alguien como doblas. Apagó el celular y lo dejó a un lado, cerrando los ojos mientras intentaba recordar el beso. Porque sí, al demonio, iba a recordarlo todas las veces que quisiera. ¿Y qué?
Pero no lo logró.
El celular volvió a sonar.
Dudó. Probablemente era Rubius otra vez... pero ¿y si no? Encendió la pantalla y soltó un bufido. Sí, era él de nuevo. Bajó el sonido de las notificaciones.
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¿𝘠𝘢 𝘯𝘰 𝘴𝘰𝘺 𝘵𝘶 𝘤𝘩𝘪𝘤𝘰 𝘧𝘢𝘷𝘰𝘳𝘪𝘵𝘰? #𝙡𝙪𝙘𝙠𝙞𝙩𝙮
Fiksi PenggemarLuzu y Quackity han terminado, toda la escuela lo sabe. ¿Quién diría que con su separación vendrían miles de otros problemas y oscuros secretos serían sacados a la luz? ¿Podrán reocnciliarse y seguir adelante? O ¿Estarán condenados a estar separad...
