Me quedé mirando a la criatura desnuda que tenía rodeada entre mis brazos; sus mejillas sonrojadas y sus labios entreabiertos me mostraban lo relajada que estaba.
Ya no lucía a la defensiva, y por primera vez sentí cómo mi presencia le brindaba paz a alguien. Aunque también noté cómo la presencia de alguien más me brindaba paz a mí.
Tomé un mechón de su cabello rebelde y lo envolví jugueteando entre mis dedos mientras mi mente se hundía en los recuerdos. Mi padre nunca se enfocó en enseñarme lo común, lo que se supone debe enseñar un padre a su hijo. Desde pequeño crecí escuchando que debía acabar con todo lo que significara debilidad, sin remordimiento, sin piedad, todo aquello que provocara algún sentimiento debía ser eliminado, sin importar quién o qué.
Los recuerdos de mi padre hablándome de Roan no se hicieron esperar:
-Roan no tendrá piedad contigo.
- Ni yo con él –respondí con la voz de un niño que intentaba sonar grande e intimidante.
Una sonrisa de suficiencia se dibujó en el rostro de mi padre.
-No importa que sea tu hermano. Si alguna vez provoca una mínima piedad en ti, ¿qué debes hacer?
Matarlo –respondí, tratando de sonar fuerte como él.
-¿Y si te gana la debilidad? ¿Qué pasará, Demir, si dejas que algún sentimiento te domine?
-Pierdo y muero.
Mi padre sacudió mi cabello, orgulloso de su enseñanza.
-Todo lo que te haga sentir debe ser eliminado. Porque si no, pierdes y mueres –repitiendo con orgullo aquella frase torpe de un niño.
Me desperté de la pequeña cama y clavé mis ojos en aquella chica; ella era todo de lo que debía alejarme, pero eso me gustaba aún más.
La dejé acostada y retomé el volante del barco rumbo a nuestro destino.
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*Tasha*
Desperté completamente sola y desnuda.
¿Por qué me sentía tan mal? ¿Acaso esperaba ver a Demir acariciando un mechón de mi cabello y mirándome con ojos de amor, como veía en algunos protagonistas de series de romance juvenil?
- Tonta –me dijo aquella vocesita molesta en mi cabeza, y tenía razón; fui una tonta.
Luego de vestirme, subí hasta donde estaba. Lo vi mirando fijamente hacia adelante, su mandíbula marcada y su mirada oscura. Sabía que se percató de mi presencia, pero no emitió palabra alguna. ¿Qué se supone que debía hacer o decir ahora?
Me senté en una esquina mirando el mar, tratando de entender este incómodo silencio.
El barco llegó a destino. Demir me invitó a salir; cuando mis pies tocaron tierra firme, mi corazón dio un salto al observar a cientos de hombres armados esperándonos.
- Señor –se acercó rápidamente uno de ellos–. Necesita volver urgentemente a la mansión. El líder Mustafá ha reunido a los principales miembros del clan; todos exigen verle –dijo aquel hombre, que parecía ser un soldado. Me miró de reojo, como insinuando, quizás inconscientemente, que yo era la causa.
Escuché un largo suspiro salir de Demir, un suspiro de alguien a punto de perder la paciencia…
No sabía a dónde íbamos; obviamente Demir no se sentaría a explicarme detalle por detalle lo que pasaba por su oscura y compleja cabeza. Solo sabía que ahora estábamos en un auto dirigiéndonos a su mansión. Cuando llegamos, el ambiente era completamente silencioso. Los guardias que velaban por la seguridad de la mansión hicieron una inclinación en señal de saludo al notar la llegada de Demir.
En los rostros de todos había algo en común: incertidumbre. Estaban atentos, como quienes esperan un discurso o un mensaje alentador de su líder.
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La Presa Del Mafioso
RomanceNo sé en qué momento llegaste a mi vida solo se que ahora no existe nada despues de ti. No me gusta compartir los sentimientos que provocas en mi, ya que mucho suelen llamarlo, Dañina obsesión. ¿Pero que puedo hacer si es lo más cercano que e conoci...
