Pausa

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Tener tanto tiempo libre en soledad puede ser bueno o muy malo.

En mi caso era lo segundo.

Pensar demasiado y autocastigarme me estaba volviendo loca, aunque debía admitir que aquellos días en silencio en aquella habitación me habían servido para pensar en mi situación.

¿Fui una tonta al creer que Demir me tomaría en cuenta antes de tomar una decisión, aunque se tratara de mí misma y de mi futuro?Sí. Sí lo fui.

Pero estos días en soledad me hicieron entender que no debo sentirme mal por explotar ni por sentir.

Demir era Demir. Su manera de ser, su forma de imponer sus reglas y deseos ante los demás era simplemente lo que él era.

Yo, sin embargo, era yo. Una chica que aún creía, tontamente, que era dueña de su vida.

Sabía que ya no era así, que mi vida había cambiado. Pero si empezaba a quedarme callada y a no poner objeción, entonces me habría perdido a mí misma para siempre.

Y ese era un hecho que no aceptaba, estuviese en la situación que estuviese.
Así que me repetía a mí misma que quizás fui una tonta en reclamar delante de todos, pero no fui tonta por reclamar.

Miles de pensamientos rondaban en mi mente y, pensando con claridad y la cabeza fría, Lia tenía razón: tenía que ser inteligente si quería ganar en esto.

Solo que no estaba lista para salir de esta habitación y ver a Demir. No estaba lista para mirarlo a la cara. Me molestaba el hecho de que anunciara un compromiso sin preguntarme o siquiera avisarme.

Pero tampoco sabía si lo que realmente me molestaba era el compromiso.

Por eso quería estar lejos de él. Su presencia solo lograba confundirme más.
La realidad, sin embargo, era clara. Algún día pasaría. Tarde o temprano tendría que verlo de nuevo.

Así que, inconscientemente, parte de mis horas de pensamientos también las dedicaba a prepararme para ese momento.
Para verlo… y que no notara lo compleja y aturdidora que resultaba su presencia para mí.

Ya había perdido la cuenta de cuántos días llevaba encerrada. El personal de la casa traía mi comida siempre a la misma hora.

Mis días solían ser aburridos, aunque alguien pareció notarlo. Un día, unos hombres entraron a mi habitación con una pantalla en las manos, la instalaron y se fueron sin decir una palabra.
No me quejaba. Al contrario, lo agradecía internamente, aunque nunca lo diría en voz alta.

Pensé que podía ser obra de Demir.
El mismo que hasta ahora no hacía acto de presencia, hecho que yo agradecía.

En la mansión la vida continuaba igual. Se escuchaban pasos por el pasillo y, últimamente, mucho ruido proveniente del exterior de la casa. Parecía que había personas apuradas construyendo algo.
Seguro Demir estaba haciendo los muros de la mansión aún más grandes de lo que ya eran.

—¿Más grande que su ego? —preguntó aquella vocecita en mi cabeza.

Eso me sacó una risa.

Ok… el encierro ya estaba trayendo consecuencias.

Me senté en uno de los muebles junto a la ventana y observé cómo la noche comenzaba a caer. El cielo se pintaba de un hermoso color naranja y rosa.
La mansión de Demir estaba rodeada por un inmenso bosque con árboles gigantes. Aquel atardecer era digno de pintar.

La puerta de mi habitación se abrió sin ser tocada, sacándome abruptamente de mi ensimismamiento.

Mi corazón dio un salto. Antes incluso de verlo, ya sabía de quién se trataba.

La Presa Del Mafioso Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora