El tiempo ya no parecía tener sentido para Tasha. Hacía mucho que había dejado de contar los días; ni siquiera era consciente de cuánto llevaba alejada del mundo.
Estaba perdida.
Desde el ataque que tuvo en su habitación, tras enterarse de lo que le habían hecho a su mejor amiga, Tasha no había vuelto a llorar. Y no era porque no quisiera, sino porque simplemente... no podía.
El dolor seguía allí, latente, en su pecho. Le dolía lo que estaba pasando. Le dolía haber perdido a su amiga y, sobre todo, sentirse culpable por ello. Porque, de algún modo, sabía que había sido su provocación a Roan lo que lo desencadenó todo. Pero ya no podía llorar. El dolor estaba atrapado y no encontraba salida.
Demir lo notó.
La chica había sido "obligada" a bajar al comedor. Como cada día, no tocaba su comida.
—Iremos a un lugar —le avisó Demir, mientras ella jugaba con su desayuno.
—No me apetece ir a ningún lado.
—No pregunté si te apetecía.
Tasha alzó la mirada hacia él, pero Demir no se dignó a mirarla. Siguió leyendo el periódico, como si nada.
—Tienes media hora para arreglarte —añadió. Ella estaba lista para refutarlo, pero él se adelantó—: Pero si prefieres ir en pijama, no me molesta.
El mensaje fue claro: si no se preparaba, la arrastraría como estuviera. Así que no le quedó otra que arreglarse... por las buenas.
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Tasha no sabía a dónde la llevaban, pero terminaron en una pista de aterrizaje improvisada, un lugar que ya empezaba a resultarle familiar, igual que el jet que los esperaba.
Tras un largo viaje, aterrizaron en un terreno árido y desértico. El calor era sofocante y no había rastro de vida alrededor. Estaban literalmente en medio de la nada. Los hombres de Demir descendieron primero para asegurar la zona.
—El área está despejada, señor. Pueden bajar —dijo uno de ellos.
Demir miró a Tasha, invitándola a salir. Una vez fuera, los rayos del sol golpearon su rostro. Se sentía completamente desubicada: solo había arena a su alrededor.
—Tenemos diez minutos, señor. Debemos estar atentos —dijo otro de los hombres.
El sonido del jet encendiéndose rompió el silencio. La nave comenzó a elevarse, levantando nubes de arena. Demir se colocó delante de Tasha, protegiéndola con su cuerpo.
—¿Nos acaba de abandonar? —preguntó ella, viendo cómo el jet se alejaba.
Demir esbozó una sonrisa de medio lado.
—Falta un minuto, señor. Ya casi están aquí —avisó uno de los hombres, mirando su reloj con impaciencia.
A lo lejos, se veían acercarse varias camionetas todoterreno. El corazón de Tasha latía con fuerza. La situación le parecía cada vez más extraña.
Pero Demir no estaba alerta; al contrario, parecía estar esperándolos.
Le tomó la mano con fuerza. Cuando una de las camionetas se detuvo cerca, la arrastró con él hacia esta.
Dentro, Tasha se sintió aún más inquieta. Tres hombres armados la observaban fijamente, como si fuera una criatura exótica. Varias horas después, el vehículo se detuvo.
Afuera, los hombres de Demir ya los esperaban.
—Arriesgaste mucho hoy —dijo uno de los hombres de la camioneta, con un marcado acento latino—. Toda una organización detrás de ti y vienes justo a su país... Tienes cojones.
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La Presa Del Mafioso
RomanceNo sé en qué momento llegaste a mi vida solo se que ahora no existe nada despues de ti. No me gusta compartir los sentimientos que provocas en mi, ya que mucho suelen llamarlo, Dañina obsesión. ¿Pero que puedo hacer si es lo más cercano que e conoci...
