Arianne despertó con una extraña sensación de emoción y respeto. Ese día comenzaría su instrucción con el Hermano Orbis, el creador del universo y señor de los fenómenos atmosféricos. Tras asearse y vestirse, salió de sus aposentos con paso ligero, pero con su mente a mil por hora. No todos los días una persona aprendía a controlar tormentas.
Llegó al despacho de Orbis y llamó suavemente a la puerta.
-Adelante, Nigromante.
Arianne entró y vio al Hermano de ojos morados observando el Cuasarcopio, aunque esta vez estaba apagado.
-Buenos días, Hermano Orbis.
-Buenos días, Arianne. Hoy comenzarás a aprender uno de los poderes más impredecibles que existen: el clima. A diferencia del fuego o de las plantas, el cielo no obedece fácilmente. Es volátil, cambiante y poderoso.
Arianne asintió, nerviosa.
-Sígueme.
Orbis caminó hacia una pared del despacho y tocó una serie de símbolos grabados en ella. La pared se abrió, revelando otro pasadizo similar al que llevaba a su despacho, pero esta vez descendente. Bajaron durante varios minutos hasta llegar a una enorme explanada al aire libre. No parecía formar parte de Londres. Era como una pradera infinita rodeada de montañas, con un cielo completamente despejado.
-¿Dónde estamos? -preguntó Arianne.
-En una cámara climática creada por mí hace siglos -respondió Orbis-. Aquí puedo manipular el cielo sin afectar al mundo real.
Orbis extendió una mano hacia arriba. El cielo azul comenzó a oscurecerse lentamente. Nubes grises aparecieron de la nada, acumulándose unas sobre otras. Un viento frío recorrió la pradera infinita.
-Observa.
Un trueno retumbó con fuerza y un relámpago cruzó el cielo. Arianne abrió los ojos como platos.
-Esto es... increíble.
-El clima responde a emociones y energía -explicó Orbis-. No se trata solo de imaginar una tormenta, sino de sentirla.
El Hermano cerró los ojos y apretó ligeramente los puños. De inmediato, comenzó a llover con fuerza.
-Ahora tú, Nigromante. Empieza por algo sencillo. Disipa las nubes.
Arianne miró al cielo gris y respiró hondo. Recordó cómo Ignis le había enseñado a sentir el fuego, y cómo Motum le había pedido que cediera su vitalidad a la tierra.
"Si el cielo responde a emociones... entonces debo sentir calma", pensó.
Cerró los ojos e imaginó el sol calentando su rostro, el cielo azul, las nubes alejándose. Levantó las manos lentamente. Al principio no ocurrió nada. Luego, una pequeña abertura apareció entre las nubes.
-Concéntrate más -dijo Orbis-. El cielo no obedece dudas.
Arianne apretó los dientes y visualizó con más fuerza la claridad. Las nubes comenzaron a separarse como si una mano invisible las empujara. En cuestión de segundos, el cielo volvió a ser azul.
-Excelente -asintió Orbis-. Has comprendido el principio básico.
Arianne sonrió emocionada.
-Sigamos.
Durante horas, Orbis le enseñó a provocar brisas suaves, lluvias ligeras y pequeños nubarrones. Cada cambio requería una emoción distinta: serenidad para despejar, firmeza para atraer nubes, intensidad para llamar a la lluvia. Arianne acabó empapada varias veces y riendo cuando un viento demasiado fuerte la hizo caer al suelo.
-Lo siento -dijo entre risas.
-No te disculpes -respondió Orbis-. El error es parte del aprendizaje.
Cuando el sol comenzó a descender en el horizonte artificial, Orbis levantó una mano para que se detuviera.
-Has progresado muy rápido, como era de esperar. Pero ahora es momento de mostrarte mi Dran.
Arianne tragó saliva. Orbis se colocó en el centro de la pradera y alzó ambos brazos. El cielo cambió de color bruscamente. Nubes negras giraron formando un enorme remolino. El viento rugía como una bestia salvaje. Rayos caían por todas partes y una lluvia torrencial golpeaba el suelo. La temperatura descendió en segundos. Arianne tuvo que cubrirse el rostro por la fuerza del viento.
-Este es el Dran de los cielos -gritó Orbis por encima del estruendo-. La manifestación absoluta del clima.
De repente, Orbis cerró los puños. Todo cesó. El cielo volvió a la calma en un parpadeo. Arianne estaba sin palabras.
-¿Quieres intentarlo? -preguntó Orbis con tranquilidad.
Arianne dudó.
-¿No me desmayaré durante días?
-Probablemente -respondió él-. Pero confío en tu fortaleza.
Arianne respiró hondo y asintió. Se colocó donde había estado Orbis y cerró los ojos. Sintió el viento, la humedad, la electricidad en el aire. Intentó atraer todas esas sensaciones hacia su interior. Notó cómo su cuerpo comenzaba a temblar. El cielo empezó a oscurecerse. Nubes giraron lentamente formando un pequeño remolino. Un rayo cayó a lo lejos.
-Concéntralo todo -indicó Orbis-. No disperses tu energía.
Arianne gritó de esfuerzo. El remolino creció. La lluvia comenzó a caer con fuerza. Durante unos segundos, logró crear una tormenta real, aunque mucho más pequeña que la de Orbis. Pero entonces sus piernas flaquearon. El cielo volvió a despejarse bruscamente y Arianne cayó al suelo inconsciente.
Cuando despertó, estaba en su cama, con el cuerpo pesado pero consciente. Orbis estaba sentado a su lado, como Ignis había hecho tiempo atrás.
-Has dormido seis horas -dijo-. Nada mal para tu primer Dran climático.
-¿Seis horas? -murmuró Arianne-. Creí que serían días.
-Eres extraordinaria, Nigromante.
Arianne sonrió débilmente.
-¿He... he conseguido hacer algo bien?
Orbis asintió.
-Creaste una tormenta real. Pequeña, sí, pero auténtica. A mí me llevó años lograrlo.
Arianne cerró los ojos un instante, satisfecha.
-Bien -continuó Orbis-. A partir de ahora practicarás el control básico del clima cada día. No intentes el Dran sin mi supervisión.
-De acuerdo, Hermano Orbis.
Antes de marcharse, Orbis se detuvo en la puerta.
-Nigromante, el clima refleja el caos y la calma del mundo. Cuando Stafford Lung regrese por completo, los cielos serán los primeros en sentirlo.
Eso dejó a Arianne pensativa. Cuando Orbis se fue, la Nigromante miró por la ventana de su habitación. El cielo sobre Násium estaba completamente despejado.
Pero por primera vez, Arianne sintió que pronto no lo estaría.
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La Nigromante
FantasyEn un día normal, Arianne y Dean hacen un descubrimiento en la cabaña del conserje del instituto. Un descubrimiento que cambiará sus vidas para siempre. Siete poderes, muchos misterios y algo cobrando fuerzas en el Tártarum...
