11. Teleportación

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Arianne despertó a la mañana siguiente muy temprano con Dean a su lado. Era el mejor despertar de su vida. Dean todavía seguía durmiendo. Arianne se le quedó mirando en silencio, mientras la luz del sol iba inundando poco a poco la habitación. Se preguntó como era posible que, habiendo conocido a Dean desde los 7 años, nunca se hubiera dado cuenta de lo verdaderamente maravilloso que era. Seguía inmersa en esos pensamientos cuando Dean se desperezó. 

-Buenos días, preciosa - dijo Dean.

-Buenos días, Dean. ¿Qué tal has dormido?

-Como nunca en mi vida.

Arianne se sonrojó mucho, y él al notarlo, le dio un beso de buenos días. 

-Tengo que prepararme para ir a trabajar, y supongo que tendrás algo que hacer, Nigromante.

Arianne rio y asintió. Ambos se levantaron de la cama: él se dirigió al baño y ella se despidió de él y se fue a su cuarto para asearse y vestirse. El sol brillaba alto ya cuando terminó, puesto que hacía las cosas con una lentitud enorme, ensimismada y pensando en la que había sido la mejor noche de su vida. De repente, llamaron a su puerta. Arianne dijo "Adelante", y el Hermano Ignis entró en su habitación.

-Buenos días, Nigromante. Acompáñame, hoy te toca una lección especial.

-Pero Hermano Ignis, pensaba que ya me había enseñado todo acerca de la piromancia.

-Correcto, Nigromante. Tu instrucción no será conmigo. Sígueme, por favor.

El hermano Ignis condujo a Arianne por los pasillos de Násium hasta el cuadro del jardín secreto. "Supongo que Motum querrá enseñarme algo más", supuso Arianne. Por ello, se sorprendió cuando Ignis abrió el cuadro y vio dentro a Dean.

-¿Dean? ¿Qué haces aquí?

Se giró para preguntar a Ignis lo que iban a hacer, pero el hermano de ojos rojos había desaparecido, por lo que se dispuso a atravesar la pared y entrar en el jardín junto a Dean. Pero al ir a buscar con la mirada a su amigo, tampoco lo vio. Movió la cabeza a ambos lados, intentando encontrar a alguna de las dos personas con las que acababa de estar hacía quince segundos, pero no vio a nadie. Confusa, dio un respingo cuando dos dedos tocaron su espalda. Se giró rápidamente y les vio a ambos, Hermano y heptriano, con una sonrisa en la cara. 

-¿Pero qué narices? - saltó Arianne. 

Dean soltó una carcajada y se dirigió al Hermano Ignis.

-Puede irse, Hermano, yo me encargo.

Ignis guiñó un ojo a Dean y salió del jardín, cerrando el cuadro con un movimiento de mano sin necesidad de tocarlo.

-Bien, Ari - comenzó a decir Dean -, quiero que me hagas un favor. Cuando yo te lo pida, quiero que cierres los ojos durante cinco segundos.

-¿Por qué? - quiso saber ella -. Lo de antes ha sido muy extraño, os he perdido de vista un momento, y habíais desaparecido y luego de repente estabais detrás de mí. 

-Hazme caso, cierra los ojos cuando yo te diga.

-Que sí, que vale - dijo ella, condescendiente.

Dean la colocó junto a la imponente estatua de la criatura llamada Vicérigo y de espaldas a ella. Después, se puso frente a ella, mirándola a los ojos fijamente. Hizo unos estiramientos algo teatrales y, acto seguido, se irguió todo lo recto que pudo y cerró los ojos.

-Cierra los ojos tu también - ordenó.

Arianne obedeció y contó en alto hasta cinco. 

-¡Uno! - escuchó un chasquido -, ¡dos! - escuchó otro chasquido a sus espaldas -, ¡tres! - esta vez escuchó entrecortarse el chorro de agua que salía de la boca del Vicérigo -, ¡cuatro! - escuchó unos silbidos detrás de ella - ¡y cinco!

La NigromanteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora