17. Tras la puerta prohibida

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Arianne llevaba toda la tarde inquieta. Desde la conversación con Ignis y el entrenamiento con Radix, una sensación constante de que algo no iba bien se había instalado en su pecho. Y, como si su mente necesitara un objetivo al que aferrarse para no pensar en Stafford Lung, esa inquietud acababa siempre llevándola al mismo nombre. Sky. Recordaba cada una de sus palabras, cada sonrisa, cada mirada prolongada. Y sobre todo recordaba las sustancias. Crásmiro. Simbalina. Lermakium. No podía creer que todo aquello fuera simple curiosidad.

Esa noche, mientras Dean estaba ocupado ayudando a otros heptrianos con unos brebajes, Arianne tomó una decisión. Iba a colarse en los aposentos de Sky. No sabía muy bien qué esperaba encontrar, pero estaba segura de que algo había.

Esperó a que los pasillos se quedaran casi vacíos. Muchos heptrianos se retiraban temprano y los Hermanos rara vez salían a esas horas. La penumbra reinaba en Násium, iluminada solo por algunas antorchas y luces mágicas incrustadas en las paredes. Avanzó con pasos suaves, conteniendo la respiración cada vez que escuchaba algún ruido lejano. Había averiguado la ubicación de las habitaciones de Sky preguntando con naturalidad a un heptriano, fingiendo que debía entregarle un mensaje. El corredor donde se encontraban era estrecho y silencioso.

La puerta de Sky estaba cerrada. Arianne se detuvo frente a ella. Su corazón latía con fuerza.

"Solo miraré un poco", se dijo. "Nada más."

Extendió la mano lentamente. La giró y, para su sorpresa, la puerta se abrió sin resistencia. Entró con cuidado y la cerró tras de sí, dejando apenas una pequeña rendija para que entrara algo de luz del pasillo. La habitación era bastante sencilla: una cama estrecha, un escritorio lleno de papeles, una estantería con libros viejos y una pequeña cómoda. Pero no parecía la habitación de alguien normal. Había frascos, muchos frascos. Algunos vacíos, otros con restos de líquidos secos pegados en el fondo.

Arianne avanzó lentamente hacia el escritorio. Sobre él había varios pergaminos con anotaciones. Se inclinó para leer. La mayoría eran fórmulas incompletas, dibujos de símbolos extraños y listas de ingredientes. Reconoció uno de los nombres al instante.

Crásmiro.

Más abajo, en otra línea:

Simbalina - aumentar efecto de permeabilidad.

Y más abajo aún, escrito con una letra más apretada:

Lermakium - apertura forzada.

Arianne sintió un escalofrío.

"Apertura forzada... ¿de qué?", pensó.

Se giró hacia la cómoda y abrió con cuidado el primer cajón. Dentro había pequeños saquitos de tela con polvos de colores azulados y anaranjados. Exactamente como los líquidos que había visto en el almacén. En el segundo cajón encontró algo que la dejó helada. Un frasco grueso de cristal oscuro con un símbolo grabado. Dentro, apenas visible, había una sustancia transparente.

Lermakium. No había duda. Sky no solo había robado esas sustancias. Las estaba usando. Arianne cerró el cajón lentamente mientras notaba que su respiración se aceleraba. ¿Qué estaba preparando Sky? Miró alrededor de la habitación, buscando algo más.

En una esquina, medio oculto bajo la cama, vio un pequeño saco de cuero. Lo sacó con cuidado. Dentro había varios frascos pequeños ya preparados, con líquidos mezclados. Algunos burbujeaban suavemente y otros parecían completamente quietos. En uno de ellos, un líquido oscuro desprendía un olor fuerte, incluso a través del cristal. Arianne recordó lo que Dean había dicho. Los brebajes podían dar poderes, pero también podían ser peligrosos. Demasiado peligrosos.

De pronto, Arianne escuchó pasos en el pasillo. Se quedó congelada. Los pasos se acercaban. Su corazón empezó a latir con tanta fuerza que temió que se oyera. Una sombra apareció bajo la rendija de la puerta y alguien se detuvo justo delante. Arianne apenas respiraba por temor a ser escuchada. El picaporte se movió y la puerta comenzó a abrirse lentamente.

"Sky", pensó aterrada.

Miró desesperada a su alrededor. No había tiempo para salir. No había dónde esconderse... salvo detrás de la estantería. Corrió en silencio y se pegó contra la pared justo cuando la puerta se abría por completo. Sky entró a la habitación. Arianne podía verlo entre los huecos de los libros. Tenía el ceño fruncido y caminaba con paso rápido. Cerró la puerta tras de sí.

-Qué raro -murmuró-. Juraría que la había cerrado.

Arianne contuvo la respiración. Sky dejó algo sobre el escritorio, probablemente un libro por el ruido que hizo al apoyarse sobre la mesa, y comenzó a revisar la habitación.

Abrió la cómoda y revisó los cajones. Arianne sintió un vuelco cuando le vio tocar el frasco de lermakium.

-¿Qué demonios...? -susurró para sí.

Sky se acercó a la estantería y Arianne notó cómo el sudor le recorría la espalda. Él puso una mano sobre uno de los libros. Si lo movía un poco, la vería. En ese instante, un ruido lejano resonó en el pasillo, como una puerta cerrándose con fuerza. Sky se giró bruscamente.

-Malditos heptrianos ruidosos... -gruñó.

Se alejó de la estantería y fue hacia la cama, donde se sentó y comenzó a revisar el saco de cuero. Arianne aprovechó el momento. Con movimientos lentísimos, se deslizó hacia la rendija de la puerta. Cada paso parecía eterno. Cuando llegó, la abrió apenas lo suficiente para pasar. Justo cuando cruzó el umbral de la puerta, Sky se giró. Por un segundo, sus miradas casi se cruzaron. Arianne sintió que el corazón se le paraba, pero la oscuridad del pasillo la cubrió y Sky no la vio. Cerró la puerta con sumo cuidado y se alejó rápidamente, sin correr, aunque cada fibra de su cuerpo se lo pedía. No se detuvo hasta girar varias esquinas. Solo entonces apoyó la espalda en la pared y respiró con fuerza. Lo había conseguido. Por los pelos.

Mientras caminaba de vuelta a sus aposentos, su mente iba a mil por hora. Sky estaba preparando brebajes. No cualquiera, estaba mezclando sustancias peligrosas. Y hablaba de "apertura forzada". ¿Quería abrir algo? ¿Una puerta? ¿Una barrera? ¿Una grieta? Recordó lo que había leído sobre el Tártarum.

"Para abrir una brecha entre mundos se necesitaría una enorme capacidad..."

¿Y si Sky estaba intentando crear algo capaz de hacerlo? La idea le heló la sangre. Quizá Sky no era tan poderoso como los Hermanos. Pero con los brebajes adecuados... Con lermakium podía corroer barreras, con simbalina podía potenciar efectos y con crásmiro para dormir o incapacitar a quien se interpusiera. Podía estar planeando algo muy grande, algo muy peligroso. Arianne apretó los puños. No tenía pruebas claras aún, pero ya no había duda: Sky ocultaba algo serio. Algo oscuro. Y fuera lo que fuera, tenía que descubrirlo antes de que fuera demasiado tarde. Cuando llegó a su habitación, cerró la puerta con cuidado y se apoyó en ella. Su respiración todavía temblaba. Había estado a segundos de ser descubierta y sabía que, si Sky la hubiera visto allí dentro, nada bueno habría pasado.

Miró por la ventana hacia la oscuridad de la noche. Násium parecía tranquilo, demasiado tranquilo. Pero bajo esa calma, algo se estaba moviendo. Y Arianne Wilkinson, la Nigromante, estaba segura de una cosa: Sky no era solo un heptriano curioso. Era una amenaza que crecía en silencio.

La NigromanteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora