14. El pulso del agua

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Arianne despertó con la sensación de haber soñado algo inquietante, aunque no lograba recordar qué. Se sentó en la cama y respiró hondo. El sol entraba suavemente por las ventanas de sus aposentos, iluminando la habitación con un tono cálido que contrastaba con la inquietud que había sentido al abrir los ojos.

Sacudió la cabeza para despejarse. Ese día comenzaría su instrucción con el Hermano Aqua. Después de asearse y vestirse, salió de su habitación con paso decidido. Mientras caminaba por los pasillos de Násium, notó cómo el aire se volvía progresivamente más fresco y húmedo, como si se acercara a una gran masa de agua. Finalmente llegó ante una enorme puerta de piedra azulada, cubierta de símbolos que parecían olas en movimiento. El Hermano Aqua aguardaba frente a ella. Sus ojos, de un azul intenso, parecían reflejar océanos enteros.

-Buenos días, Nigromante -saludó con voz serena-. Hoy aprenderás a escuchar al agua.

-Buenos días, Hermano Aqua -respondió Arianne, algo nerviosa-. Estoy preparada.

Aqua asintió y empujó la puerta.

Se abrió revelando una gigantesca caverna iluminada por una luz suave que parecía venir de ninguna parte en concreto. En su interior había un enorme lago de agua cristalina que ocupaba casi toda la sala. Pequeñas cascadas caían desde las paredes rocosas y formaban suaves ondas en la superficie. El sonido del agua llenaba el espacio.

-Es precioso. -murmuró Arianne.

-Este es el Santuario del Flujo -explicó Aqua-. Aquí el agua está viva, sensible a la energía.

Caminó hasta la orilla del lago y Arianne lo siguió.

-El fuego se siente. Las plantas reciben vitalidad. El clima responde a emociones. Pero el agua... el agua fluye. Se adapta. Nunca lucha contra el obstáculo: lo rodea o lo desgasta con el tiempo.

Aqua extendió una mano hacia la superficie del lago. El agua comenzó a elevarse lentamente, formando una esfera perfecta que flotaba en el aire. Luego la esfera se alargó, tomó forma de serpiente y comenzó a moverse suavemente alrededor de ellos. Arianne abrió los ojos como platos.

-El agua puede adoptar cualquier forma -continuó Aqua-. Puede ser suave como una brisa o devastadora como un tsunami.

La serpiente de agua volvió al lago con un suave chapoteo.

-Ahora tú, Nigromante. Empieza por algo sencillo. Haz que el agua se eleve.

Arianne se acercó a la orilla. Colocó las manos frente a ella, como había hecho tantas veces con Ignis y Motum. Cerró los ojos y trató de sentir el agua. Al principio no sintió nada. Solo frescor. Ruido. Movimiento.

-No intentes dominarla -dijo Aqua-. Escúchala.

Arianne respiró despacio. Imaginó el agua fluyendo dentro de su cuerpo, como sangre en las venas. Poco a poco notó un leve cosquilleo en las palmas de las manos. Cuando las abrió, la superficie del lago tembló ligeramente.

-Un poco más -animó Aqua.

Arianne se concentró con más fuerza. Una pequeña columna de agua se elevó unos centímetros. Luego cayó.

-¡Lo has hecho! -sonrió Aqua-. De nuevo.

Arianne repitió el intento. Esta vez la columna subió más alto, casi hasta su cintura. El agua se retorcía ligeramente, como si tuviera vida propia. Durante horas practicó elevar chorros, mover ondas, dividir el agua en pequeñas esferas flotantes. A veces perdía el control y el agua le salpicaba la cara, empapándole la ropa. Arianne reía entre jadeos.

-Nunca pensé que el agua fuera tan difícil de controlar -dijo, agotada.

-El agua refleja tu estado interior -respondió Aqua-. Si dudas, tiembla. Si te enfadas, se agita.

Arianne asintió.

-Intentemos algo nuevo.

Aqua alzó ambas manos. Del lago emergieron dos enormes brazos de agua que se alzaron como gigantes.

-Concentración y fluidez -indicó-. Forma una estructura estable.

Arianne cerró los ojos y trató de imitarlo. De la superficie surgieron dos columnas torcidas que apenas lograban mantenerse en pie. Se derrumbaron con estrépito.

-Lo siento.

-No te disculpes -replicó Aqua-. El agua enseña paciencia.

Arianne respiró hondo y volvió a intentarlo. Esta vez las columnas fueron más firmes, y se curvaron lentamente hasta parecer brazos.

-Bien -asintió Aqua-. Ahora haz que se muevan.

Arianne imaginó los brazos levantándose. Las columnas de agua obedecieron torpemente. Una de ellas se deshizo, pero la otra se mantuvo en pie. Cada intento era mejor que el anterior. Cuando el tiempo pasó sin que se diera cuenta, Aqua levantó una mano para detenerla.

-Has aprendido rápido, como siempre.

Arianne estaba completamente empapada y respiraba con dificultad.

-Ahora es momento de mostrarte mi Dran.

Arianne tragó saliva. Aqua se internó unos pasos en el lago y extendió los brazos. El agua comenzó a agitarse violentamente. Las cascadas se intensificaron y el lago entero empezó a girar formando un enorme remolino. Del centro surgió una gigantesca criatura de agua, con forma de dragón, cuyas fauces se abrieron rugiendo silenciosamente. El agua del cuerpo fluía sin cesar, como si estuviera viva.

-Este es el Dran del océano -dijo Aqua con voz firme-. Manifestación absoluta del poder del agua.

El dragón dio una vuelta completa alrededor de la caverna y luego se disolvió, regresando al lago con una enorme ola. Arianne se quedó sin palabras.

-¿Quieres intentarlo? -preguntó Aqua con calma.

Arianne dudó, recordando los desmayos anteriores.

-Puede que no lo consiga, hermano Aqua.

-No importa. Inténtalo.

Arianne se adentró lentamente en el agua hasta que le llegó a las rodillas. Cerró los ojos y sintió el frío subir por su piel. Escuchó el rugido del lago e intentó atraer toda esa fuerza hacia ella. El agua comenzó a girar suavemente. Un pequeño remolino se formó frente a ella.

Arianne apretó los puños y el remolino creció. Del centro emergió una forma borrosa, inestable. Parecía una criatura, pero apenas se sostenía.

La energía comenzó a fallarle y el agua cayó de golpe. Arianne sintió un mareo intenso.Antes de caer inconsciente, escuchó la voz de Aqua:

-¡Muy bien, Nigromante! ¡Lo hiciste!

Cuando despertó, estaba de nuevo en su cama, con el cabello mojado y el cuerpo pesado.

Aqua estaba sentado a su lado.

-Has dormido cuatro horas -informó-.

-¿Creé... algo? -preguntó Arianne débilmente.

-Sí. Una forma incompleta, pero poderosa. El inicio de un Dran verdadero.

Arianne sonrió cansada.

-Me gusta el agua.

Aqua devolvió la sonrisa.

-Es un poder que te será vital cuando enfrentes lo que está por venir.

-¿A Stafford Lung?

El hermano Aqua no emitió respuesta. Arianne miró al techo, pensativa. Aqua se levantó.

-Practica cada día el flujo básico. El agua te obedecerá cuanto más la escuches.

-Lo haré, Hermano Aqua.

Antes de irse, Aqua se detuvo.

-Nigromante... el agua siempre revela lo que se oculta bajo la superficie.

Cuando se marchó, esas palabras resonaron en la mente de Arianne. Pensó en Sky, en sus sonrisas, en sus preguntas, en las sustancias robadas.

Quizá, como ocurría con el agua, había algo oscuro escondido bajo una calma aparente.

La NigromanteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora