Arianne despertó con una sensación extraña en el pecho, como si algo pesado se hubiera instalado en su interior durante la noche. No era cansancio físico, pues el entrenamiento con Aqua ya no le dejaba tan agotada como al principio. Era otra cosa.
Preocupación. Desde hacía días, el nombre de Stafford Lung no dejaba de rondarle la cabeza. Había oído hablar de él como el ser más malvado que había existido jamás, como una amenaza capaz de destruirlo todo, pero nadie le había contado realmente quién había sido, ni cómo había llegado a convertirse en algo tan terrible.
La Nigromante decidió que ya era hora de saber la verdad. Se aseó, se vistió y salió de sus aposentos con paso decidido. No fue a buscar a Dean esa mañana. Sabía que si hablaba con él acabaría tranquilizándola, pero ahora mismo necesitaba respuestas reales, no palabras de consuelo.
Se dirigió directamente a las estancias del Hermano Ignis.
Cuando llegó a la puerta de madera con la placa de su nombre grabada, respiró hondo y llamó.
-Adelante, Nigromante.
Arianne entró y vio a Ignis de pie frente a una mesa repleta de pergaminos y objetos metálicos que no supo identificar. Una pequeña llama flotaba sobre su palma derecha, moviéndose suavemente como si tuviera vida propia.
-Buenos días, Hermano Ignis.
-Buenos días, Arianne -respondió él, apagando la llama con un leve gesto-. ¿Qué te trae por aquí tan temprano?
Arianne dudó unos segundos.
-Quiero hablar de Stafford Lung.
Los ojos rojos de Ignis brillaron con una intensidad distinta. Durante un instante no dijo nada. Luego señaló una silla.
-Siéntate.
Arianne obedeció. Ignis se apoyó en la mesa, cruzando los brazos.
-No es una historia agradable.
-Lo sé -respondió ella-. Pero necesito conocerla.
Ignis suspiró lentamente.
-Stafford Lung no siempre fue el monstruo que conocemos. Hace casi mil años, fue un hombre. Un humano normal.
Arianne abrió los ojos con sorpresa.
-¿Un hombre?
-Sí. Vivía en una pequeña región del norte de Europa, en una época de guerras constantes y hambre. Desde joven destacó por su inteligencia, pero sobre todo, por su crueldad.
Ignis comenzó a caminar lentamente por la estancia.
-Se decía que disfrutaba viendo sufrir a otros. Quemaba aldeas, torturaba prisioneros y utilizaba el miedo como arma. Pero lo peor no era eso. Lo peor era su ambición.
-¿Ambición por qué?
-Por poder -respondió Ignis sin titubear-. Stafford deseaba controlar el mundo. No por un ideal, sino por placer.
Arianne tragó saliva.
-Con el tiempo descubrió la existencia de los poderes primordiales, los mismos que más tarde encontrarían a los Siete Hermanos. Buscó la forma de apoderarse de ellos.
-¿Y lo consiguió?
-No -respondió Ignis-. Pero estuvo peligrosamente cerca.
Ignis se detuvo frente a una de las paredes y tocó un símbolo grabado en ella. La superficie se iluminó brevemente y apareció una imagen difusa, como una proyección de fuego. Arianne vio una figura humana rodeada de oscuridad.
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La Nigromante
FantasyEn un día normal, Arianne y Dean hacen un descubrimiento en la cabaña del conserje del instituto. Un descubrimiento que cambiará sus vidas para siempre. Siete poderes, muchos misterios y algo cobrando fuerzas en el Tártarum...
