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Emi: NICOLÁS

Se levanta casi de un salto de la cama y corre a buscar un remerón en el placard.
Nicolás se limita a decir algo que no se alcanza a entender, pero ni siquiera se mueve.

Emi: ¡Dale Nicolás, llegás tarde! (se acomoda el pelo por fuera del remeron y vuelve a acercarse para moverlo)

Nicolás se despierta asustado. Emilia levanta la ropa que quedó en el piso la noche anterior y la tira sobre la cama, apurada se ata el pelo.

Emi: ¿Te da tiempo a desayunar?
Nico: (se deja caer sobre la cama y se tapa la cara con las manos) Nooo Emilia, es feriado hoy
Emi: No
Nico: (la mira aún tumbado) Sí
Emi: (deja caer la cabeza hacia atrás) Me mato. Perdón (vuelve a la cama y se deja caer) Estoy totalmente desubicada (lo busca con la mirada)
Nico: (sonríe)
Emi: (se acomoda abrazada a él y cierra los ojos de nuevo)

Vuelven a quedarse dormidos hasta que un rayo de sol se clava en la cara de Nicolás, que abre los ojos costosamente y se estira tratando de moverse lo menos posible. Durante el tiempo en el que Emilia sigue durmiendo aprovecha para pensar, para sentirla respirar a su lado, sentir el peso de su brazo sobre su pecho, el olor de su perfume que todavía flota en el ambiente desde el día anterior. Pasea la mirada por la habitación y sin poder evitarlo se ríe suavemente al recordar la primera vez que se despertó en la habitación de Emilia hace 20 años atrás en un contexto totalmente diferente. Ahora la casa es suya, no hay un escritorio con su silla giratoria para estudiar, tampoco posters de cantantes y bandas famosas, ni un mueble lleno de DVDs.

Las paredes son de un color beige sofisticado en contraposición al violeta pastel que Emilia tanto amaba en su adolescencia.

El momento invita a hacer un recorrido por sus mejores recuerdos con ella. Cuando la vuelve a mirar siente como una electricidad familiar le recorre el cuerpo. Cuidadosamente pasa sus dedos por su brazo para intentar no despertarla, pero es inútil, sus párpados se despegan costosamente y con un bostezo se estira.

Emi: Buen día
Nico: Buen día
Emi: (vuelve a abrazarse a él. Ahora se aferra con más fuerza al torso todavía desnudo de Nicolás)

Él se acomoda de manera que sus brazos rodean y estrechan el cuerpo de ella contra el suyo.
Emilia emite un ruido de complacencia que lo hace sonreír. Le da un beso en la cabeza.

Nico: Estaba pensando en cuando éramos chicos
Emi: Hm
Nico: Es increíble lo rápido que pasó el tiempo
Emi: (asiente)
Nico: Pero más increíble es que aún asi hayamos vuelto a esto. ¿Vos te acordás la vez que dormimos juntos la primera vez?
Emi: (se ríe suavemente) ¿Te trae recuerdos, abuelito?
Nico: ¿Abuelito me dijiste? (La mira)
Emi: (abre los ojos con media sonrisa de dormida) Sí
Nico: Y vos sos casi una colegiala ¿no?
Emi: (se ríe) ¡Que malo!
Nico: Vos sos mala (sonríe y le acaricia la cara) No me puedo enojar si me mirás así
Emi: (vuelve a cerrar los ojos) Igual sí me acuerdo de la primera vez que dormiste en casa
Nico: (aprieta más sus brazos alrededor de ella) Es muy loco pensar que estamos en la misma pero ahora es tu casa, las paredes ya no son violetas
Emi: Mis papás no van a abrir la puerta
Nico: (se ríe) Sí. Es un gran detalle ese. ¿Todavía tenés sueño?
Emi: (asiente)
Nico: ¿Te parece si te dejo dormir tranquila y mientras yo me baño?
Emi: (cruza su pierna entre las de Nico)
Nico: Okey, entendí
Emi: (se ríe sin mucha fuerza y se separa de él dandole la espalda) Andá a bañarte
Nico: (le da un beso en el hombro, se levanta y junta su ropa. Tratando de hacer el menor ruido posible sale de la habitación)

Mientras tanto, en su casa, Laura es la primera en despertarse. Bosteza y se estira molesta por la mala posición al dormir en el sillón. Cuando se sienta, varios pochoclos crujen a su alrededor. Se frota los ojos.
En el piso duermen Diego y Caterina con la cabeza apoyada sobre unas almohadas y tapados con una frazada, abrazados, tal y como se habían acomodado a la noche para ver la película.

La ciudad de las lucesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora