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Al volver del evento, el Cabify frena suavemente junto al cordón y deja a Carolina en la puerta de su casa. Se baja con una sonrisa que todavía le ilumina la cara, cargando las bolsas de ropa que le regalaron. Sabe que su padre la está esperando, y se muere de ganas de contarle lo increíble que la pasó con Emi y Lali, y cómo un varias personas que no conocía de nada la habían felicitado por su actuación en el programa.

Pero en cuanto cruza el umbral de la puerta y saluda, la burbuja se pincha en el acto. No se encuentra con lo que espera: Nicolás está sentado en el sillón, con los brazos cruzados y una expresión visiblemente enojada.

Caro lo saluda con un simple "hola" notando la hostilidad en el aire. Sube las escaleras hacia su habitación.
Deja las bolsas sobre la cama, se saca los tacos que ya le destruían los pies, se desviste y se saca el maquillaje frente al espejo del baño. Se pone un jogging y una remera cómoda, y vuelve a bajar, intentando descifrar el clima de la casa.

Al verla volver a entrar en el living su padre la mira de arriba abajo con ironía.

Nico: ¿Ya te convertiste en calabaza de nuevo?

Caro se sienta en el sillón junto a él, cruzándose de brazos.

Caro: ¿Qué te pasa, papá?
Nico: ¿Qué me pasa? ¿Tenés que preguntarlo, Carolina? (se para) Emilia no contenta con llevarte a una nota, te lleva a un evento en el para ver si puede exponerte más.

Caro arruga la frente, sin entender la lógica de su enojo.

Caro: Yo creía que vos habías autorizado la nota en el programa, si no ella no podría haberme llevado.
Nico: Sí, la nota sí la autoricé, ¡pero solo la nota! No el evento de después, ni que te paseara por todos lados.
Caro: ¡La pasé increíble! (interrumpe) Y Emilia me cuidó todo el tiempo, no me dejó sola ni un segundo.
Nico: Ya veo que la pasaste bárbaro... pero no era lo que yo había acordado con ella.
Caro: Pero ¿cuál es el problema entonces?

Nicolás suelta un suspiro largo, desvía la mirada y hace un gesto con la mano, queriendo cortar la discusión.

Nico: No lo vas a entender, hija. Olvidalo, no importa.

Esa respuesta es el detonante para que Carolina se enoje fuerte. Se para también y da un paso al frente, sintiendo que la indignación le quema el pecho.

Caro: ¡Claro que lo entiendo, papá! A vos lo que te molesta es que ella se tome confianzas conmigo como si fuera mi madre. Y la verdad es que, en cierta manera, lo es. O al menos lo es más que mamá, que jamás me enseñó a delinearme el ojo, ni me ayudó a prepararme para una fiesta, ni jamás me prestó un labial. ¿Qué es lo que te molesta? Deberías estar feliz de que Emilia sea así de buena conmigo, de que trate de armar una buena relación.
Nico: ¡Te llevó a una fiesta llena de prensa, Carolina!
Caro: ¿Y qué se supone que tenía que hacer? ¿Dejarme sola en su casa mientras ella se iba? ¿Eso querías?

Nicolás traga saliva en seco. Se queda callado, mirando a su hija, y en el fondo sabe perfectamente que tiene las de perder. No tiene cómo rebatirle eso sin sonar como un egoísta.

Caro: Papá, es tu novia, no entiendo qué esperás que pase, ¿que nos matemos entre nosotras? Además, sabés perfectamente que nos llevamos bien desde el segundo uno. No entiendo por qué te ponés así.

Nicolás baja la cabeza y se pasa una mano por la nuca, completamente desarmado. Lo que no quiere admitir, lo que le cuesta horrores poner en palabras porque le da hasta vergüenza, es que tiene un miedo tremendo. Tiene celos de padre. Durante años, desde que se quedó solo, siempre habían sido ellos dos contra el mundo; un equipo indestructible de padre e hija. Al añadirse Emilia a la ecuación, todo tomó otra dimensión. Tiene pánico de que Caro termine prefiriendo a Emilia, de que le tome tanto cariño que él quede en un segundo plano, o peor: tiene terror de que algún día las cosas con Emilia salgan mal, se separen, y Caro sufra por perder a otra figura materna en su vida.

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⏰ Última actualización: Jun 11 ⏰

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