Brie:
—¿Cómo nos encontraste?—Se anima a preguntar, aunque ya lo habia echo antes y no respondi.
El plato ya esta casi vacio.
—Es una historia larga.—Suspiro.
El sigue comiendo y luego de unos minutos deja el plato vacio.
—Tengo tiempo para escucharte.
Recojo el plato.—Tal vez luego, debes descansar.
Me toma de la muñeca y se pone de pie hasta estar a mi altura.
—Al menos puedo saber porque volviste.—Sus ojos me miran confundidos y niega con la cabeza.—No pense que te vería más, crei que ya habias subido al bus apenas nos fuimos.
—El bus demoro.
—¿Por eso volviste?
No respondo y el baja la mirada a su agarre, enseguida me suelta y retrocede.
—Disculpame.
—¿Deseas un poco más?
Arthur me observa con sorpresa.—No necesitas...
—Me ayudaste y yo a ti.
—¿Entonces por eso volviste?
Respiro profundo.—Digo que no tengo problema con traerte un poco más de sopa, Arthur.
—Claro.—Se aparta dejándome pasar.
Cruzo la puerta y me vuelvo hacia el, notando el sudor en su frente y sus músculos.
—¿Estas bien?—Pregunto y el asiente seguro de si mismo.
—Lo estoy.
(***)
Arthur toma la cuchara y esta vez soy yo quien detiene su muñeca. Levanta la vista al sentir mi tacto y coloco mi mano en su frente, pero acabo bajándola a su cuello.
Caliente y me refiero a la temperatura.
—¿Estas bien, no?—Hablo con sarcasmo.
El me mira de frente.
¿Por qué lo sigues tocando?
Retiro la mano.
—A la cama, ahora.
—¿Qué?
Ignoro el calor de mis mejillas producto de mis pensamientos por esa orden.—Llamare a Madeleyne, ella te ayudara a bajar la fiebre.
—Brie, estoy bien.—Asegura, pero yo ya estoy saliendo de la habitación.
(***)
Dejo que Madeleyne se encargue y espero en el pasillo, minutos más tarde ella sale y le doy el encuentro.
—No es muy alta su temperatura, aun asi, debio avisarnos.
Suspiro.
—¿Estas bien, querida?
—Si, lo estoy.—Aseguro.—Si esta todo bien, tal vez deberia irme a descansar de una vez.
Me doy la vuelta luego de decirle "Buenas noches"
—Espera, cariño.—Su voz detiene mis pasos, pero no me giro.—Arthur me dijo que desea hablar contigo antes.
Mierda.
Madeleyne sonríe cuando me vuelvo hacia ella y se marcha deseándome Buenas noches. Me quedo sola en el pasillo.
Me tomo unos segundos antes de ingresar a la habitación.
—¿Ya te sientes mejor?—Es lo primero que pregunto y rapido.
—Si, gracias, de nuevo.—Baja la voz.—¿Quieres que te deje descansar?
—No.
—De acuerdo.—Suspiro.—¿Qué es lo que deseas?
—¿Puedes acercarte? Estando lejos no puedo. Acércate, porfavor.
Terminemos rapido, Brie.
Hago lo que me dice y termino frente a la cama. El se sienta sobre ella y levanta la mirada hacia mi rostro.
—Exactamente no se como empezar.—Dice de pronto.—Tu nos salvaste, salvaste a mi hijo y yo todo el tiempo te he tratado como no te lo mereces.
—Bueno, eso es cierto. No me merecia ese trato al inicio.—Le interrumpo.—Pero entiendo porque lo hiciste y creo que August tambien lo entiende.
—¿Mi hijo?
—No quieres que resulte lastimado, de nuevo... despues de su madre.
Casi de inmediato me arrepiento, pero a diferencia de otras ocasiones, el permanece tranquilo.
—Se encariña muy rapido y se pone triste cuando los inquilinos se van, crei que mantener distancia seria lo correcto.
—¿Y cambiaste de parecer porque les salve la vida?
—¡Jesus, no!—Se exalta.—Tal vez influyo, pero... pude ver como se recupero cuando te vio. Le agradas.
—Tambien me agrada y se que debo marcharme en algún momento.... Lo estas protegiendo, temes que el..
—Esta bien.—Me interrumpe esta vez el.—Ya no voy a interrumpir más tu amistad con August.
—¿No lo haras?—Suelto con sorpresa.
—No.
Asiento.—Espera, no te obligues si no te agrado.—Menciono.—No tengo porque agradarte. No pido que me quieras, pero...
—Entiendo.
Ni yo me entiendo.
Intento ir hacia la puerta y el se para.
—No es necesario, yo puedo.
Coloco la mano en la manija y el coloca la suya sobre la mía. Lo tengo a mis espaldas.
—Lo que hiciste hoy quiero que sepas que me tendrás eternamente agradecido.
—Ya me agradeciste.
—Y jamás me alcanzaran las palabras para agradecerte... y si hay... si necesitas algo o...—Lo escucho tragar.—Debe haber una forma más en la que te pueda agradecer.
Mi boca habla por si sola y no analizo lo que digo.
—Siento que eres tú el que desea agradecerme de otra forma.
Lo siento tensarse al igual que al ambiente, y me giro para tenerlo en frente, pronto quedo atrapada en medio de sus brazos y la puerta que choca mi espalda.
Arthur me mira a los ojos y su cercanía se hace peligrosa.
El aliento me roza la cara y pese a que mantengo su mirada, siento la necesidad de bajar la mía en esta lucha de miradas, pero el es quien primero la baja.
A mi boca.
Abro la puerta con rapidez y me doy cuenta que no he soltado el pomo.
Retrocedo y el se me queda viendo, entonces lo veo tragar y se pone serio como ya lo conocía.
—Buenas noches, Brie.
—Buenas noches, Arthur.—Finalizo y me dirijo a la que sigue siendo mi habitación, cerrando la puerta con llave detrás de mi.
Pero.. ¿Qué demonios, Brie?
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Tormenta en Noruega
RomansaCansada de su vida de estrellato, la golfista Brie Leopold decide tomar un vuelo de vacaciones a Noruega antes de su competencia final en Alemania. Sus planes son simples o parecen simples ... y lo son hasta que por una equivocación termina tomando...
